Abimélec tomó ovejas y vacas, esclavos y esclavas, y se los regaló a Abraham.
Y le devolvió a Sara, su esposa

20: 9-15

ESCUDRIÑAR: ¿Cuáles fueron las excusas de Abraham para no decirle a Abimelec que Sara era realmente su esposa? ¿Por qué Abimelec hace a Abraham responsable? ¿Por qué este episodio fue importante para la promesa profética del hijo y del Mesías? ¿Por qué el rey de Gerar dio regalos a Abraham? Qué contraste hay entre el faraón y Abimelec?

REFLEXIONAR: ¿Alguna vez ha tropezado por el pecado de otro creyente? ¿Alguna vez ha hecho tropezar a sabiendas a alguien? ¿Qué hizo al respecto? ¿Qué puede hacer al respecto?

La Biblia comparte con otras obras del Cercano Oriente el concepto que el adulterio es el gran pecado. El papel de Abraham aquí se invierte al del capítulo 18. Allí, Abraham desafió a Dios; aquí, Dios desafía a Abraham a través de un rey pagano. Antes, Dios le pidió a Abraham que ore por Abimelec; ahora, el rey pagano reprendió tanto a Abraham como a Sara que por tenerla casi lo mató y destruyó su reino. Entonces Abimélec llamó a Abraham y le reclamó: ¡Qué nos has hecho! ¿En qué te he ofendido, que has traído un pecado tan grande sobre mí y sobre mi reino? ¡Lo que me has hecho no tiene nombre! ¿Qué pretendías conseguir con todo esto? Al reclamo de Abimélec, Abraham contestó: Yo pensé que en este lugar no había temor de Dios, y que por causa de mi esposa me matarían (20:9-11). Abimelec llamó a Abraham y exigió una respuesta.

Dios responsabilizó a Abraham de lo que pasó en su matrimonio (ver Bf - Tu deseo será para tu marido y él te dominará). Dios había puesto a Abimelec en el poder, y cuando Abraham mintió y se rebeló contra Abimelec, él también mintió y se rebeló en contra de Dios. Más tarde, el rabino Saulo (Pablo) nos diría: Sométase toda alma a las autoridades gobernantes, porque no hay autoridad sino de Dios; y las que existen, por Dios son instituidas. De manera que el que resiste a la autoridad, resiste al decreto de Dios, y los que resisten acarrean juicio para sí mismos (Romanos 13:1-2).

En vano tratando de justificar su comportamiento, Abraham dijo a Abimelec: Yo pensé que en este lugar no había temor de Dios, y que por causa de mi esposa me matarían (20:11). No sólo él estaba claramente equivocado acerca de eso, lo más importante era que Abraham no estaba confiando en Dios (Salmo 56:3). Luego él trató de explicar su relación con Sara diciendo: Pero en realidad ella es mi hermana, porque es hija de mi padre aunque no de mi madre; y además es mi esposa (20:12). Pero ella era obviamente mucho más su esposa que su hermana. Abraham tuvo algunos momentos brillantes, pero este no fue uno de ellos.

Cuando Dios me mandó dejar la casa de mi padre y andar errante, yo le dije a mi esposa: “Te pido que me hagas este favor: Dondequiera que vayamos, di siempre que soy tu hermano” (20:13). Cuando Abraham usó la frase: me mandó dejar la casa de mi padre y andar errante, el indicó que se trataba de su práctica, al menos, en Harán, y posiblemente incluso en Ur de los caldeos. Esto era algo que Abraham había traído consigo desde el lugar de su nacimiento. Era una parte de su vieja naturaleza que no había sido tratada. Tenía miedo de que lo mataran por causa de Sara si alguien pensaba que era su marido. Así que en su temor y debilidad Abraham le dice: “Te pido que me hagas este favor: Dondequiera que vayamos, di siempre que soy tu hermano”. ¡Ellos dos mantuvieron este acuerdo durante veinticinco años! Dondequiera que viajaban, Sara se hizo pasar por la hermana de Abraham. Debido a su miedo, Abraham se convirtió en un esclavo de ese pecado. Este pecado tenía que ser tratado antes de que Dios escuchara y contestara la oración de Abraham por un hijo. Isaac no nacería hasta que Abraham confesara su pecado de no confiar en Dios.

¿Cómo Abraham se presentaría limpio delante de Dios? ¿Cómo cualquiera de nosotros nos presentamos limpios delante de Él? Para empezar tenemos que examinarnos de manera abierta y confesar nuestras faltas a nosotros mismos, a Dios y a alguien en quien confiamos para hacernos responsables. Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados. Dichoso aquel a quien el SEÑOR no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño (Salmo 32:1-2). Este paso es necesario porque la culpa destruye nuestra confianza, daña nuestras relaciones y nos mantiene atascados en el pasado. Estas eran todas verdades en Abraham.

¿Cómo llegamos limpios ante Dios? El primer paso que debemos dar es un inventario moral. Esto no funcionará a menos que seamos brutalmente honestos con nosotros mismos. Hagamos un examen de conciencia y volvamos al camino del SEÑOR (Lamentaciones 3:40). En segundo lugar, tenemos que aceptar la responsabilidad de nuestras faltas. Si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros (I Juan 1:8 BTX). En tercer lugar, tenemos que confesar nuestros pecados y pedir perdón a Dios. No excusarse, no negociar, y no persuadirse de lo herrado; simplemente ser honesto. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad (I Juan 1:9 BTX). En cuarto lugar, tenemos que admitir nuestras faltas a otra persona en que podemos confiar. Creo que Abraham reconoció su pecado a Sara su mujer. Luego, por último, aceptar el perdón de Dios y ser puesto en libertad. Por cuanto todos pecaron, y están privados de la gloria de Dios, siendo justificados por su gracia, sin merecimiento alguno, mediante la redención que tienen en Jesús el Mesías (Romanos 3:23-24 BTX). Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Jesús el Mesías (Romanos 8:1 BTX). Creo que Abraham siguió estos pasos y fue puesto en libertad. Yo creo porque veinticinco años de un hábito destructivo estaba superado, nunca se supo más de él. El hijo de la promesa ahora podría nacer de Abraham.

Abimélec tomó entonces ovejas y vacas, esclavos y esclavas, y se los regaló a Abraham. Al mismo tiempo, le devolvió a Sara, su esposa (20:14). Abimelec, tenía el derecho de estar molesto. Es obvio que Abimelec dio estos regalos para permanecer libre de culpa. Abraham se negó a tomar el botín de la batalla cuando él había derrotado a los cuatro reyes del oriente. Él también había sido más generoso en dar a Lot la elección de las mejores tierras. Al principio parece extraño que ahora aceptara estos regalos de Abimelec. Probablemente no fue la avaricia de su parte, sino más bien su reconocimiento de que negarse ofendería aún más a Abimelec. 336 Y Abimelec le dijo: Mira, ahí está todo mi territorio; quédate a vivir donde mejor te parezca (20:15). En contraste con el faraón que le ordenó a Abraham que la dejara, Abimelec le ofrece a Abraham quedarse. Aquí el incrédulo le da al creyente.

 

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