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Ven, te mostraré la novia,
la esposa del Cordero
21: 9-10

Ven, te mostraré la novia, la esposa del Cordero ESCUDRIÑAR: ¿Qué tiene la ciudad en particular que Juan y sus lectores deben notar? ¿Por qué? ¿Qué es lo que más le impresiona de la ciudad y su figura central?

REFLEXIONAR: ¿Cómo se siente acerca del hecho de que la Ciudad Santa de Jerusalén será su ciudad natal? ¿Qué le parece el hecho de que esto es lo que Jesús ha preparado para usted?

Vi también en el cielo otra señal, grande y espantosa: siete ángeles que tienen las siete postreras plagas; porque en ellas es consumada la ira de Dios (15:1). La naturaleza de Dios tiene más de una característica. El ama y juzga; salva y condena. Ambas características se demuestran aquí. Imagínese, uno de los mismos ángeles que derramó una copa de ira de ADONAI mil años antes, ahora está invitando a Juan a ver el amor del Señor por Sus fieles. Este ángel fue uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete postreras plagas (15:1). Él u otro de esos siete ángeles también habían derramado el juicio de Dios sobre la malvada ciudad de Babilonia (17:1). El libro de Apocalipsis ha sido llamado una historia de dos ciudades: Babilonia y la Nueva Jerusalén; la prostituta y la novia. Una que se vio arrojada con violencia para desaparecer para siempre (18:21); la otra que se ve bajar del cielo en gloria que permanece para siempre. Babilonia era a la vez un sistema monstruoso de maldad espiritual y política, y también una ciudad literal que sirvió como la capital del reino de Satanás. Por otro lado, la Nueva Jerusalén es también una gloriosa ciudad literal, así como el tabernáculo universal de Dios y el eterno Reino de la justicia.484

Querido Padre Celestial, ¡alabado sea Tu santo nombre! ¡Qué maravilloso pensar en ser como una esposa para Ti! Cuán maravilloso será vivir contigo en Tu hogar en el cielo en paz y gozo eternos; pero eso aún es futuro y hay preparativos para hacer ahora para la boda de la Novia. ¡Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria!, porque las bodas del Cordero han llegado, y su Esposa se ha preparado, y se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente, porque el lino fino son las acciones justas de los santos (Apocalipsis 19:7-8). Con alegría preparamos nuestro regalo de amor mediante actos de rectitud; que no pueden salvarnos, pero son una expresión de nuestro profundo amor por todo lo que has hecho por nosotros: rescatarnos del pecado al tomar nuestro castigo y luego darnos Tu justicia para que podamos entrar al cielo (2 Corintios 5:21).

Cueste lo que cueste seguirte, siempre vale la pena. Pues considero que los sufrimientos del tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria venidera que va a ser revelada en nosotros (Romanos 8:18). Las pruebas en la tierra parecerán tan pequeñas en comparación con el gozo eterno en el cielo. Nos regocijamos en servirte, nuestro gran y asombroso Señor y Salvador (Romanos 10:9-10). En el santo nombre de Yeshua y Su poder de resurrección. Amén.

Y vino uno de los siete ángeles que tienen las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y habló conmigo, diciendo: Ven, te mostraré la novia, la esposa del Cordero (21:9). Escolta de Juan en un tour personal por la capital de los cielos, el ángel vino y le dijo al viejo apóstol: “Ven, te mostraré la novia, la esposa del Cordero”. La Ciudad Santa tendrá árboles, calles y mansiones, pero su verdadera identidad será el Cordero y Su Novia. La Nueva Jerusalén se describe como una novia porque tiene el carácter de su gente. Esas personas forman la Novia del Cordero, un título originalmente dado a la Iglesia (19:7). Sin embargo, como David Stein escribe en su Comentario judío del Nuevo Testamento, no hay una Iglesia separada del pueblo judío ni Israel separado del Nuevo Pacto. Todos los de fe, tanto judíos como gentiles, conformarán la Novia. A medida que nos acercamos al final del libro de Apocalipsis, la figura del Cordero se vuelve cada vez más prominente. En los próximos veintidós versículos Él se menciona siete veces.485

Y me llevó en espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la ciudad santa, Jerusalem, descendiendo del cielo, de Dios (21:10). La asombrosa visión de Juan comenzó cuando el ángel lo levantó y lo llevó en Espíritu, similar a lo que Ezequiel experimentó (Ezequiel 3:12-14, 8:3, 11:1, 11:24, 40:2,43:5). Cuando recibió las visiones del libro de Apocalipsis, Juan era prisionero de los romanos en la isla de Patmos (1:9). Pero fue transportado desde allí en un increíble viaje espiritual para ver lo que los ojos humanos nunca podrían ver sin la ayuda de Dios. Las visiones de Juan no eran sueños, sino realidades espirituales, como las que vio el apóstol Pablo (rabino Saulo) cuando también fue arrebatado hasta el tercer cielo (Segunda a Corintios 12:2-4).486

La primera parada de Juan fue un monte grande y alto fuera de la ciudad, para tener una visión clara desde ese punto. Y vio la Ciudad Santa, la Nueva Jerusalén, descendiendo del cielo, de DIOS (21:10b). Eso enfatiza su origen divino. Es la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios (Hebreos 11:10). Bajará a la nueva tierra recién creada desde los cielos donde ha estado durante toda la eternidad. Anteriormente en el capítulo (21:2), Juan nos había dado una simple declaración resumida de que la Ciudad Santa estaba viniendo a la nueva tierra. Pero su punto de vista parecía ser de una distancia en la que se había observado la creación real de toda la nueva tierra y su atmósfera. Aquí, el ángel parece llevarlo a una ubicación más cercana, donde se puede ver la gran maravilla: como la gloriosa Ciudad desciende ante sus propios ojos.487

Hasta dónde descenderá no lo sabemos. Nada se dice acerca de que descanse sobre la nueva tierra. Puede hacer eso, pero también puede permanecer suspendida arriba. Sin embargo, una cosa es segura, lo que sucede en la Ciudad Santa será más importante que lo que ocurre en la tierra porque la Nueva Jerusalén será la capital de la nueva creación de Dios.488