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La Reina del Sur se levantará en el juicio
con esta generación y la condenará
Mateo 12: 42-45

La reina del sur se levantará en el juicio con esta generación y la condenará ESCUDRIÑAR: ¿Cómo condenan los ninivitas y la Reina del Sur a la generación de Jesús? Una persona que es transformada, pero descuida la presencia de Dios, es presa de un mal aún mayor. ¿Cómo los líderes de Israel ejemplifican este principio? ¿En qué sentido es Yeshua mayor que Jonás y mayor que Salomón? ¿Cómo interpretaron esto los fariseos?

REFLEXIONAR: ¿Qué más desea el Mesías además de un corazón limpio y ordenado? ¿Ha usted llenado el vacío espiritual en su vida? ¿Cómo y cuándo? ¿Qué sucede cuando nos quedamos con nuestras mejores pensamientos o ideas? ¿Qué cambios a largo plazo ha visto en su vida desde que fue conectado con el poder del Espíritu Santo?

Tras escuchar las palabras de reproche y juicio de Cristo por blasfemar contra el Espíritu Santo, algunos fariseos y maestros de la Torá/Ley intentaron retomar la ofensiva diciéndole: Maestro, deseamos ver una señal de parte tuya (Mateo 12:38). El hecho de que respondieran a la punzante denuncia del Señor con una pregunta superficialmente respetuosa, indicaba que ellos se mordían la lengua, por así decirlo, decididos a dar la impresión de civilidad mientras esperaban el mejor momento para atacarlo.

Jesús se negó categóricamente a concederles una señal, pero los dirigió a dos incidentes del TaNaJ.
El primer incidente es el relato del profeta Jonás,
quien resucitó tras ser tragado por un gran pez o ballena (
haga clic el enlace y vea el comentario  sobre Jonás At  – La oración de Jonás).
El segundo incidente al que se refiere Jesús aquí es acerca de Salomón. Jesús era más grande que Jonás y más grande que Salomón. La Reina del Sur oyó hablar de Salomón, y viajó desde los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón. Por el contrario, aunque el Mesías había venido del cielo, los fariseos y maestros de la Torá/Ley no lo escucharon.672

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La reina del Sur será levantada en el juicio con esta generación y la condenará, porque ella vino desde los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón. Y he aquí algo más que Salomón en este lugar (Mateo 12:42). La reina de la antigua Saba, el país de los sabeos, era a menudo llamada la Reina del Sur, porque su país se encontraba en la Baja Arabia, a unos 1900 kilómetros al sureste de Israel. Los sabeos eran un pueblo extremadamente próspero, cuya riqueza provenía de una agricultura altamente productiva, y de las lucrativas rutas comerciales del Mediterráneo a la India que pasaban por su territorio. Sin embargo, la rica y reconocida Reina del Sur —que era gentil, mujer, pagana y árabe— vino a visitar a Salomón, el rey de Israel, para aprender acerca de la sabiduría de Dios, por medio de él y rendirle respeto (Primera Reyes 10:1-13).

Para el pueblo de la antigua Palestina, la tierra del Sur parecía estar en los confines de la tierra. Joel habla de ella como una nación lejana (Joel 3:8b), y Jeremías se refirió a ella como de países lejanos (Jeremías 6:20a). Sin embargo, la Reina y una gran comitiva emprendió el largo y arduo viaje a través del desierto árabe, para escuchar la sabiduría de Salomón, un hombre de Dios. Ella trajo tesoro tras tesoro al rey, que ya era rico más allá de lo creíble, como una declaración de honor y gratitud por la sabiduría divina que él poseía.

De nuevo, como con la señal de Jonás, Yeshua hizo una comparación con los judíos rebeldes que lo rechazaron (vea Eo La señal del profeta Jonás). Es como si dijera: «Esa mujer pagana trajo grandes tesoros a Salomón y se sentó a sus pies para aprender de él. Pero ahora, cuando Yo, más grande que Salomón, vengo aquí a ustedes, predicando no sólo sabiduría sino también salvación de pecado y el camino de la vida eterna, se niegan a escuchar. En consecuencia, esta mujer gentil será levantada en el juicio con esta generación y la condenará (Mateo 12:42a) (vea el comentario sobre Apocalipsis Fo – El Juicio del Gran Trono Blanco). Esa reina pagana no tenía la Torá/Ley para guiarla, ni tampoco tenía una invitación, pero, ella vino por su propia voluntad para aprender la verdad de ADONAI de Salomón. Esa generación rechazó al propio Hijo de Dios; así, un día serán condenados por la fe de los gentiles ninivitas y sabeos.673

Para mostrar cuál sería la condición de ellos en la tierra si persistieran en la incredulidad, el Salvador de los pecadores los comparó a una persona que se liberó de un demonio. Ahora bien, cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, pero no lo halla (Mateo 12:43). Después de liberarse, intentó todos los medios naturales imaginables para limpiar su vida y poner las cosas en orden. Pero la mera “religión” nunca es suficiente porque él carecía del poder sobrenatural del Ruaj HaKodesh. El hombre cree que está limpio cuando el demonio lo abandona. ¿Y luego qué pasa?

Entonces el espíritu malo dice: Volveré a mi casa de donde salí; y al llegar, la halla desocupada, barrida y puesta en orden (Mateo 12:44). Como hay un vacío espiritual allí, Satanás lo llena. Cuando el demonio llega, la halla desocupada, barrida y puesta en orden. El hecho de que la casa estuviera barrida y ordenada sugiere que él realmente intentó encauzar su vida espiritual. Con el poder de sus propios esfuerzos él estaba temporalmente libre de ese demonio, pero él no llenó ese vacío espiritual con Cristo. Amigo, sin el poder del Espíritu Santo en su vida, usted es espiritualmente incapaz de lograr un cambio duradero. Si tiene una lámpara en casa que no está enchufada, no importa lo que le haga: la luz no se encenderá. Y no se encenderá hasta que la conecte. Pues bien, el Espíritu Santo es como nuestra fuente de energía, y sin Él, nos vemos obligados a pensar con prudencia, lo cual siempre resulta insuficiente.

Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él mismo, y entrando, moran allí. Y las condiciones postreras de aquel hombre llegan a ser peores que las primeras. Así también acontecerá a esta generación malvada (Mateo 12:45). La idea central de esta historia es que así será con esa generación malvada. La luz hacia ellos comenzó con la predicación de Juan el Bautista para prepararlos para el Mesías. De esa manera, la nación quedó limpia y ordenada. Pero, ellos terminarán peor que antes. Ellos tuvieron que pagar tributo a Roma, pero al menos Roma les permitió conservar su identidad nacional. Jerusalén seguía en pie, el Templo funcionaba y tenían un gobierno semiautónomo con el Sanedrín. Pero, para el año 70 dC, no tenían nación ni templo, cerca de un millón habían sido crucificados y esparcidos por las naciones del mundo. El resultado final fue que ellos estaban peor que antes.

En 1915, el pastor William Barton comenzó a publicar una serie de artículos. Utilizando el lenguaje arcaico de un narrador antiguo, escribió sus parábolas bajo el seudónimo de Safed el Sabio. Durante los siguientes quince años, compartió la sabiduría de Safed y su fiel esposa, Keturah. Era un género que disfrutaba. A principios de la década de 1920, se decía que Safed contaba con al menos tres millones de seguidores. Convertir un acontecimiento cotidiano en una ilustración de una verdad espiritual fue siempre una característica clave del ministerio de Barton.

Era el primer día de la semana, y me levanté, me lavé, me puse ropa limpia y fui a la casa de Dios. Y sucedió que busqué en el cajón del medio y encontré allí una camisa limpia que habían enviado a casa desde la lavandería. Su pechera brillaba como alabastro pulido; y el almidón que contenía era tan duro que apenas se podían abrir los ojales con un destornillador.

Y antes de poder ponérmela saqué varios alfileres que la lavandería había colocado allí dentro, y habían muchos alfileres en la camisa.

Después de sacar suficientes alfileres para mantenerla en su lugar, me puse la camiseta.

Pero había pasado por alto Un alfiler.

Y fui a la iglesia, y me senté; y encontré que quedaba un alfiler en la prenda de donde había sacado tantos alfileres.

Y cambié de posición para que el alfiler ya no me hiciera daño, y lo olvidé por un rato. Pero cuando nos levantamos para alabar al Señor con cánticos y nos sentamos de nuevo, he aquí que el alfiler me lastimó de nuevo, y en otra parte de mi anatomía.

Y después lo encontré todavía en otro lugar.

Y cuando regresé a mi casa, me quité mi ropa, y busqué el alfiler, y lo encontré, y lo quité; y no me hizo más daño.

Y le dije a mi alma: «No te consueles demasiado con las faltas que has eliminado; ni te creas santurrón. Mira, mientras un alfiler permanece en la camisa, ¿no te hirió en veinte lugares? Así es una falta que no eliminas. Por lo tanto, que nadie albergue orgullo hasta que sea perfecto; y si llega el momento en que se considere perfecto, he aquí que esta creencia es el único alfiler que queda. Sí, y es largo como un alfiler de sombrero de santurrón; y cuida de no olvidarte de quitar los alfileres que quedan».