La madre y los hermanos de Jesús
Mateo 12:46-50; Marcos 3:31-35; Lucas 8:19-21
La madre y los hermanos de Jesús ESCUDRIÑAR: ¿Qué esperaba la multitud? Ante la creciente controversia, ¿por qué la madre y los hermanos de Jesús estarían tan ansiosos por hablar con Él? (vea Marcos 3:20-21) ¿Cuál dijo el Señor que es la base de una relación familiar con Él? ¿Cómo sabemos que estos eran los hermanos y hermanas del Nazareno, nacidos del mismo vientre, y no sus primos? ¿Hacer la voluntad de Dios es una acción o una creencia? (vea Lucas 6:46 y Juan 6:29) ¿En qué siete aspectos la Iglesia Católica Romana eleva a María por encima de Jesús?
REFLEXIONAR: En su vida esta semana, los demás ¿lo verían a usted como un “hermano/hermana” de Yeshua, o como un pariente lejano del que nadie quiere hablar en las reuniones familiares? ¿Por qué? A veces la vida puede volverse un caos. ¿Cómo se acerca a Jesús en medio de su vida ajetreada?

Después de terminar Sus parábolas junto al mar, el Mesías regresó a una casa (posiblemente las casa de Pedro) en Capernaúm con sus discípulos (vea el enlace haga clic Es – Las parábolas públicas del reino junto al mar). En cierto momento, le anunciaron que Su madre y sus medios hermanos estaban afuera de la casa, deseando verlo en privado. La familia ya llevaba tiempo viviendo en un suburbio de Capernaúm. José, esposo de María y padrastro de Jesús, ya había fallecido. Llega a una casa, y de nuevo se agolpa una multitud tal, que ellos no podían ni siquiera comer pan (Marcos 3:20). Pero de nuevo, una multitud más pequeña se reunió en la casa. Estaba tan abarrotada y tan ocupada que Cristo y Sus apóstoles ni siquiera pudieron comer.
Jesús tenía cuatro medios hermanos y varias medias hermanas, cuyos nombres no se mencionan (Mateo 13:55-56) (vea también Fj – ¿No es este el hijo del carpintero? ¿No son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?). Estos hermanos fueron amistosos con Él al principio de Su ministerio (Juan 2:12); pero, después de que el rabino galileo fuera rechazado en Nazaret, ellos parecieron distanciarse de Sus afirmaciones (vea Ch – El Espíritu del Señor es uno solo). Más tarde ellos lo ridiculizaron, llamándolo algo así como “Mesías secreto”, en Juan 7:4 dice: nadie hace algo en secreto y procura al mismo tiempo darse a conocer. Ya que haces estas cosas, manifiéstate al mundo.
En ese momento ellos eran incrédulos e indiferentes, por no decir hostiles, o al menos dispuestos a interferir con la obra de Cristo a cambio de una vida tranquila y respetable por el bien de la familia. Se habían visto obligados a mudarse de Nazaret por Su culpa, y ahora los fariseos y maestros de la Torá/Ley de Jerusalén estaban presentes en Capernaúm, y el poder del Sanedrín estaba en Su contra. Miriam quería estar cerca de su Hijo, y era responsabilidad de ellos cuidar de su madre después de la muerte de José. Ellos probablemente sintieron que era mejor intervenir ahora, o de lo contrario el celo fanático de su hermano podría obligarlos a ellos y a su madre a afrontar los inconvenientes y la dificultad de otra mudanza.
Ellos habían oído las calumnias que los fariseos y los maestros de la Torá que habían venido de Jerusalén proferían contra Él. Decían: éste no echa fuera los demonios sino por Beelzebul, príncipe de los demonios (vea Mateo 12:24; Marcos 3:22; Lucas 11:15; Juan 7:20). Cuando la familia del Señor se enteró de que estaba tan absorto en Su obra que ni siquiera se ocupaba de Sus necesidades físicas, fueron a hablar con Él. Esto probablemente significó que ellos decidieron llevarlo de vuelta a Nazaret. La intención de ellos era llevárselo por la fuerza contra Su voluntad, pues decían: está fuera de si (Marcos 3:21). La propia familia del Mesías se dio cuenta de que algo era muy diferente. Pero malinterpretaron Sus acciones y pensaron que necesitaba protección de Sí mismo. A ellos Su celo les parecía casi demencial. El ministerio sanador de Cristo exigía teorías que lo explicaran. Herodes tenía su teoría (Mateo 14:1-12), los fariseos y maestros de la Torá/Ley la suya, y la familia de Jesús la propia.
Los hermanos y hermanas de Yeshua habían presenciado la intensidad de Su ministerio, y tal vez pensaron que Su celo rayaba en el fanatismo. La tensión nerviosa se reflejaba en Su rostro y parecía cansado. Probablemente convencieron a María para que los acompañara y trajera a su Hijo mayor a casa, dejando que la emoción se calmara mientras Él descansaba un poco. Así que toda la familia fue junta a casa de Pedro (probablemente). Seguramente Él quedaría persuadido por la muestra de interés y solidaridad de parte de ellos.706
¡Después de todo, ellos eran Su propia carne y sangre!
Mientras Él aún estaba hablando a las multitudes, he aquí su madre y sus hermanos estaban fuera y procuraban hablarle (Mateo 12:46; Lucas 8:19). La multitud que estaba sentada a Su alrededor (los talmidim formaban naturalmente el círculo interior y otros discípulos detrás de ellos, parcialmente mezclados con ellos, llenando la casa), su madre y sus hermanos (adelfos) estaban afuera, queriendo hablar con Él. Y llegan su madre y sus hermanos, y quedándose afuera, lo enviaron a llamar (Marcos 3:31).
Entonces, a petición de la familia, uno se abrió paso e interrumpió al Señor y dijo: Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y procuran hablar contigo (Mateo 12:47; Marcos 3:32; Lucas 8:20). Hermano en griego es adelfos. La llegada de la madre del Mesías y sus hermanos le habría dado la oportunidad perfecta para darle a Miriam la debida adoración que la Iglesia Católica enseña que merece. Pero, no hizo nada parecido, al contrario, ilustró gráficamente la necesidad de una relación personal con Él.
Debió haber habido un revuelo en la sala mientras la multitud guardaba silencio. ¿Qué querían ellos? La situación era tensa. Jesús acababa de salir victorioso sobre los temibles fariseos y maestros de la Torá. Pero ahora Su familia, ya sea por miedo o por afecto, interrumpía Su ministerio. ¿Qué debía hacer al respecto? Y respondiéndoles, dice: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? (Marcos 3:33). El contexto determina el uso de la palabra griega adelfos, aquí, el contexto es madre y hermanos, o familia.
Él respondiéndoles, dice: ¿Quién es mi madre y los hermanos? Y mirando en derredor a los que estaban sentados en torno suyo, dice: ¡He aquí mi madre y mis hermanos! Cualquiera que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano y hermana, y madre (Mateo 12:48-49; Marcos 3:33-35); vea Ez – Las parábolas privadas del Reino en la casa. En griego hermano es adelfos, y hermana (adelfe). Sus palabras les transmitieron un doble significado. Primero, dirigir a Su madre y hermanos a centrarse en lo más importante: escuchar y obedecer la Palabra de Dios; y segundo, guiarlos hacia una verdadera relación con Él que trascendiera cualquier vínculo de sangre.
En este punto, nuestro Salvador enseña claramente la naturaleza espiritual de Su Reino. Será una gran familia espiritual. Harán la voluntad del Padre celestial y constituyen Su verdadera familia espiritual. La propia familia terrenal de Yeshua, e incluso Su propia madre, no lo comprendieron (al menos en esta ocasión). Es bueno entender que Su familia sí lo comprendió con mayor perfección más adelante, pero eso fue solo después de Su resurrección.
Si Miriam hubiera tenido la influencia y autoridad sobre Cristo que la Iglesia de Roma reclama, Él no le habría respondido como lo hizo, sino que habría accedido de inmediato a su petición de verlo. Aquí nuevamente encontramos evidencia bíblica de que María no tiene nada que ver con el ministerio del Hijo de Dios en cuanto a la salvación. De hecho, Él rechaza toda relación terrenal y solo acepta las espirituales. Los fariseos reclamaban el derecho a entrar en el reino de los cielos simplemente por su vínculo físico con Abraham. Pero el punto que Jesús planteó fue, que entrarían solo quienes fueran la descendencia espiritual de Abraham.
Las palabras de Jesús marcaron un punto de inflexión radical para Sí mismo y, más significativamente, para Su madre. Él estaba redefiniendo la familia. Los lazos biológicos, que predominan en toda la Biblia, no son los más fuertes para Yeshua ni para quienes lo siguen. El reino de Dios no es biológico, sino espiritual. La familia del Señor no se basa en linajes, biología ni genética, sino en la sangre del Mesías y en un compromiso compartido con Dios y Su Palabra. Los lazos que unen a la familia de Dios provienen de escuchar y poner en práctica Su palabra.
Jesús le estaba dando a María el Evangelio, el único camino a la bienaventuranza. Por impactante que parezca, en última instancia, dar a luz físicamente al Mesías no significaba nada si María no escuchaba, creía y vivía las enseñanzas de su Hijo. Su verdadero llamado en la vida, y el único vínculo con Él que importa, era escuchar Sus palabras, creer en ellas y vivir según ellas. Su mayor llamado fue seguir al Salvador de los Pecadores y cultivar el parecido familiar al asemejarse a su Hijo. Quien toma en serio las palabras de Cristo hacia Su madre biológica, pertenece a la única familia en el mundo que realmente importa como hermano, hermana o madre de Jesús. Este es el árbol genealógico más importante para todos nosotros.
Jesús sabía que terminaría en la cruz, siendo crucificado delante de Su madre. María, por supuesto, no lo supo hasta el final. Así que, a lo largo de Su vida, Yeshua la preparó para esa eventualidad cambiando su percepción de sí misma, de no ser solo Su madre, sino más importante aún, ser Su discípula. Entonces, ¿podrían percibirse como palabras duras o desagradables las siguientes? Les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que esté en las cosas de mi Padre? (Lucas 2:49) O quizás: Jesús le dice: Mujer, ¿y a ti y a mí qué? Aún no ha llegado mi hora (Juan 2:4). En realidad eran palabras de bondad y compasión.707
Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12). Cuando la Iglesia comenzó en la Fiesta de Shavuot, sólo había un solo nombre en que podemos ser salvos, por Jesucristo. María nunca es mencionada dondequiera que se nos dirija al Dador de la Gracia. Sin duda, este silencio es una reprimenda para quienes pretenden construir un sistema de salvación en torno a ella. Dios el Espíritu Santo nos ha dado en las Escrituras toda la información que necesitamos sobre María (Miriam), y no hay registro de que alguien haya invocado a Miriam para salvación. Sin embargo, la Iglesia Católica Romana enseña que María es superior a Cristo en seis aspectos diferentes.
En primer lugar, la Iglesia Católica Romana eleva a María a una posición superior sobre Cristo. Las Glorias de María, escritas por el obispo Alfonso de Ligorio en 1931 y revisadas en 1941, han sido ampliamente aceptadas como doctrina católica. Fueron indirectamente un producto del Concilio de Trento, la versión del siglo XVI del Vaticano II, para contrarrestar la Reforma Protestante. Conocido hoy como el Catecismo de Baltimore, todavía se usa ampliamente y nunca ha sido repudiado. En él, a Miriam se le da el lugar que pertenece a Cristo: “Y ella es verdaderamente una mediadora de paz entre los pecadores y Dios. Los pecadores reciben perdón solo por María ” (Las Glorias de María, páginas 82-83). Pero, la Biblia declara: pues hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesús el hombre, el Mesías (Primera Timoteo 2:5).
En segundo lugar, la Iglesia Católica glorifica a María más que a Cristo. «Muchas cosas se le piden a Dios, y no se conceden; sin embargo, cuando se le piden a María, se obtienen», pues «ella es incluso Reina del Infierno y Soberana Señora de los demonios» (Las Glorias de María, págs. 141 y 143). Pero la Palabra de Dios dice: Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos (Hechos 4:12). Su nombre está sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en esta edad, sino también en la venidera (Efesios 1:21).
En tercer lugar, la Iglesia Romana cree que María es la puerta al cielo en lugar de Cristo. «María es llamada la puerta del cielo porque nadie puede entrar en ese reino bendito sin pasar por ella» (Las Glorias de María, pág. 160). «El camino de la salvación no está abierto a nadie de otro modo que a través de María», y puesto que «nuestra salvación está en manos de María... [el] que esté protegido por María se salvará, y [el] que no lo esté se perderá» (Las Glorias de María, págs. 169 y 170). Sin embargo, Cristo dijo: Yo soy la puerta: el que por mí entra será salvo, y entrará y saldrá, y hallará pastos (Juan 10:9), Jesús le dice: Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida; nadie viene al Padre sino por mí (Juan 14:6).
En cuarto lugar, la Iglesia Católica otorga a María el poder de Cristo. “Todo poder te es dado en el cielo y en la tierra”, para que “al mandato de María todos obedezcan, incluso Dios... así… Dios ha puesto a toda la Iglesia… bajo el dominio de María” (Las glorias de María, págs. 180-181). María “es también la Abogada de todo el género humano… porque ella puede hacer lo que quiere con Dios” (Las glorias de María, pág. 193). Sin embargo, la Palabra de Dios afirma: Entonces Jesús se acercó y les habló, diciendo: Toda potestad me ha sido dada en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18). Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio el nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesús el Mesías es el Señor para gloria de Dios Padre (Filipenses 2:9-11). Él es la cabeza del cuerpo, de la iglesia. Él es el principio, el primogénito de los muertos, para que en todo tenga Él la preeminencia (Colosenses 1:18). Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno peca, Paracleto tenemos ante el Padre: a Jesús el Mesías, el justo, el cual es también la propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los de todo el mundo (1 Juan 2:1-2).
En quinto lugar, la Iglesia Católica enseña que María es la pacificadora en lugar de Cristo. “María es la pacificadora entre los pecadores y Dios” (Las glorias de María, pág. 197). “A menudo obtenemos más rápidamente lo que pedimos invocando el nombre de María que el nombre de Jesús”. “Ella… es nuestra salvación, nuestra vida, nuestra esperanza, nuestro consejo, nuestro refugio, nuestra ayuda” (Las glorias de María, págs. 254 y 257). Sin embargo, la Biblia enseña: Pero ahora en Jesús el Mesías, vosotros, que en un tiempo estabais lejos, fuisteis hechos cercanos por la sangre del Mesías. Porque Él es nuestra paz (Efesios 2:13-14a). Y en aquel día no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora no pedisteis nada en mi nombre; pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea completo (Juan 16:23-24).
Sexto, la Iglesia Católica Romana otorga a María la gloria que corresponde a Cristo. «Toda la trinidad, oh María, te dio un nombre… sobre todo nombre, para que en tu nombre se doble toda rodilla de los que están en los cielos, en la tierra y debajo de la tierra» (Las Glorias de María, pág. 260). Sin embargo, la Biblia responde a esta herejía cuando dice: Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio el nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesús el Mesías es el Señor para gloria de Dios Padre (Filipenses 2:9-11).708
Sería un eufemismo decir que no todos los católicos creen en esta doctrina de María, y que hay muchos creyentes verdaderos que se han salvado a pesar de las enseñanzas de Roma. Mi esposa fue salvada en privado cuando estaba en la Iglesia Católica. Sin embargo, es innegable que esta sigue siendo la doctrina oficial de la Iglesia Católica, y se sigue enseñando en las escuelas y universidades parroquiales católicas de todo el mundo.
La Iglesia Católica Romana utiliza estos versículos para perpetuar el mito de la virginidad perpetua de María. Ella era una virgen cuando sobrenaturalmente el Espíritu Santo la embarazó. Pero después tuvo relaciones sexuales normales con su esposo José, y formaron una familia. Ya sea que los evangelistas inspirados usaran el masculino “adelfos” para “hermano“, o el femenino “adelfe” para hermana, ambas tienen la misma raíz y significan del mismo vientre.
La Iglesia Católica Romana intenta justificarlos como primos y, por lo tanto, no hijos de María y José. Sin embargo, el griego bíblico tiene una palabra diferente para primo, que es anépsios. Os saluda Aristarco, mi compañero de prisión, y Marcos, primo de Bernabé, acerca del cual recibisteis mandamientos, si va a vosotros, acogedlo (Colosenses 4:10). Es cierto que existe otra palabra griega general para pariente que es sungenés. Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido un hijo en su vejez, y éste es el sexto mes para aquella que era llamada estéril (Lucas 1:36). Pero aquí no se usan las palabras primo ni pariente. En el mejor de los casos, es una erudición deficiente; y en el peor, un intento descarado de distorsionar las Escrituras para que se ajusten a su teología preconcebida.709
Él Mesías respondió y les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la practican (Lucas 8:21). ¿Tiene Jesús algo que decir sobre cómo tratar con familiares difíciles? ¿Hay algún ejemplo de Cristo trayendo paz a una familia afligida? Sí, lo hay, El suyo. Quizás le haya sorprendido saber que el Señor tenía familia. Quizás no sabía que el Mesías tenía hermanos y hermanas, o que Su familia no era perfecta. Si a usted su familia no lo aprecia, tenga ánimo, tampoco la de Yeshua.
Sin embargo, Él no intentó controlar el comportamiento de ellos, ni permitió que sus comportamientos controlaran el Suyo. No exigió que todos estuvieran de acuerdo con Él. No se enfadó cuando lo insultaron. Él no hizo que Su misión en la vida fuera complacerlos.710 Eran pecadores (sí, también María), y tenían la libertad de aceptarlo o rechazarlo como todos los demás.


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