Jesús es el Pan de Vida
Juan 6: 22-71
Jesús es el Pan de vida ESCUDRIÑAR ¿Qué le pide la multitud a Jesús que haga para que puedan creer en Él? ¿Cuál es su verdadero interés? ¿Cómo usa Yeshua el interés de ellos en la comida para ilustrar lo que Él quiere que entiendan? ¿Qué afirmaciones hace el Mesías en los versículos 35-40? ¿Qué enfatizan estas afirmaciones acerca de que Él es el Pan de vida? Y ¿acerca de la voluntad del Padre? ¿Cómo responden las multitudes a Sus afirmaciones? ¿Qué papel desempeñan Dios y la gente en el proceso de llegar a conocer a Cristo en los versículos 44-45? ¿Cómo es el pan que Jesús da, mayor que el de Moisés? ¿Qué significa comer la carne y beber la sangre del Señor? Describa la unión inquebrantable del creyente con Cristo. Cuando Juan dice que el Espíritu da vida (Juan 6:63a), ¿qué quiere decir? ¿Cuáles tres resultados surgieron de esta enseñanza acerca del pan de vida?
REFLEXIONAR: En su cultura, ¿cuál es la principal razón para seguir a Yeshua? ¿Cuál fue su motivación original? ¿Cómo describiría usted su dieta espiritual diaria? ¿Comida chatarra? ¿Comida congelada? ¿Comida para bebés? ¿Comida de microondas? ¿Las sobras? ¿Carne y patatas? ¿Pan y vino puros? ¿Alguna vez su familiaridad con Jesús le ha impedido ver quién es Él realmente? ¿Qué puede hacer para quitarse esa venda?
Al día siguiente, la multitud que se había quedado al otro lado del mar vio que no había allí sino una barca, y que Jesús no había entrado con sus discípulos en la barca, sino que sus discípulos se habían ido solos (Juan 6:22). Al día siguiente de que el Señor había alimentado milagrosamente a la multitud, parte de ella se quedó buscando al Mesías en las verdes laderas de Betsaida Julias. Ellos habían estado muy ansiosos por proclamarlo rey el día anterior, así que no sorprende que, con la luz de la mañana, quienes permanecieron allí lo buscaran de nuevo. Se dieron cuenta de que solo una barca había partido con los apóstoles y Jesús no estaba en ella, así que asumieron que los talmidim habían regresado solos.
Otras barcas habían llegado de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido el pan, después que el Señor hubo dado gracias (Juan 6:23). Las barcas de Tiberíades habían desembarcado durante la noche. Sin duda, se habían refugiado de la tormenta. Tiberíades era una ciudad en la orilla occidental del mar de Galilea, fundada por Herodes Antipas y llamada así en honor al emperador Tiberio, heredero de los títulos y el poder de César Augusto. Al haber sido construida sobre un cementerio judío, los justos del TaNaJ se negaron a vivir allí, lo que la dejó abierta a los judíos helenizados y a los aliados políticos de Herodes.
Cuando la gente vio pues que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Cafarnaum buscando a Jesús (Juan 6:24). Y hallándolo al otro lado del mar, le dijeron: Rabbí, ¿cuándo llegaste acá? (Juan 6:25). Pero después de haber buscado por algún tiempo, la multitud se dio cuenta de que ni Jesús ni Sus discípulos estaban en la misma orilla que ellos, así que cruzaron el lago a buscar a Jesús, y al encontrarlo, le preguntaron: «Rabbí, ¿cuándo llegaste acá?
La gente se sorprendió de encontrar a Jesús tan lejos de donde lo habían visto por última vez en tan poco tiempo, pero su pregunta sugiere algo más que un simple deseo de saber cuándo había llegado o cómo (Juan 6:25). Basándose en la respuesta del Señor, querían saber por qué Él estaba allí (y quizás no donde ellos pensaban que debería estar) y ¿por qué Él los había eludido deliberadamente?814
El Mesías simplemente ignoró su pregunta. No era momento de hablar de trivialidades, no había tiempo para hablar de cómo llegó a Genesaret. Él fue directo al grano. Les respondió Jesús y dijo: De cierto, de cierto os digo: Me buscáis, no porque visteis señales, sino porque comisteis de los panes y os saciasteis (Juan 6:26). Las señales milagrosas deberían haber despertado su conciencia de Dios, pero solo eran conscientes de sus propias necesidades físicas. Es como si Yeshua hubiera dicho: «no pueden pensar en sus almas por pensar en sus estómagos». Ellos habían recibido una comida gratuita y generosa, sin embargo, querían más. Pero había otra hambre que solo Él podía saciar.
El Señor respondió a los portavoces de la multitud con una acusación que sonaba como las palabras de Moisés (Deuteronomio 8:2-3). ¡Trabajad!, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a Éste selló Dios el Padre (Juan 6:27). Los judíos vagaron por el desierto porque no confiaron en el Señor. No lograron entrar en la Tierra Prometida porque la gente allí les parecía gigantes. Sin embargo, Dios los sustentó con maná, mientras les enseñaba que el verdadero alimento proviene de la boca de Dios (Mateo 4:4) (haga clic en el enlace vea el comentario sobre Éxodo Cr – Les haré llover maná del cielo). Donde los israelitas fracasaron, Jesús triunfó y anhelaba profundamente que aprendieran de Su victoria.
Yeshua luego contrastó el alimento físico, que es el resultado del trabajo y se echa a perder rápidamente, con el alimento espiritual, que viene por gracia y dura para siempre. Ambos son necesarios para satisfacer dos necesidades humanas legítimas. En realidad, la vida no puede sostenerse sin cualquiera de los dos. Sin embargo, la comida que a vida eterna permanece, es simbólico y constituye el tema central de las palabras de Cristo. Él desafío a la multitud a dejar de trabajar por la comida que perece a dedicarse con la misma pasión a saciar el hambre de sus almas. Era como si el Mesías dijera: “así como ADONAI te sustentó físicamente en el desierto y te llamó a ser saciado por Su Torá/Ley, así ayer satisfice tu necesidad física, ahora te llamo a recibir alimento espiritual”. Presta atención a la ironía de la invitación de Jesús: trabaja por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre te dará. Esta paradoja se asemeja a la oferta de Dios en Isaías 55:1: ¡Todos los sedientos, venid a las aguas! Y los que no tienen dinero: ¡Venid, comprad y comed! ¡Sí, venid, comprad sin dinero vino y leche, sin costo alguno!
Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios? (Juan 6:28). No entendieron en absoluto el punto del Nazareno. Ignoraron el énfasis en dar y, en cambio, optaron por centrarse en la obra. Ellos estaban tan concentrados en alimentarse que no pudieron comprender el lenguaje figurado del Señor debido a su ceguera espiritual. Jesús continuó con Su paradoja anterior. Respondió Jesús, y les dijo: Ésta es la obra de Dios: que creáis en el que Él envió (Juan 6:29), lo cual en realidad no implica ningún trabajo en absoluto.
Entonces le dijeron: ¿Qué señal haces tú pues, para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Esta es una pregunta bastante extraña para quienes acaban de verlo alimentar a unas veinte mil personas con solo cinco panes y dos peces (vea el enlace haga clic en Fn – Jesús alimenta a los 5000). Pero parecen empeñados en restarle importancia presentando una igual o mayor importancia: al maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo (vea Éxodo 16:4-12; Sal 105:40). Querían alimento físico. Es como si dijeran: «Moisés trajo el maná del cielo, ¿qué vas a hacer por nosotros?». La actitud de la multitud da lugar al extenso mensaje de Yeshua.
Pero Jesús les recuerda que fue Dios, no Moisés, quien dio el maná. Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os ha dado Moisés el pan del cielo, sino mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que desciende del cielo y da vida al mundo (Juan 6:32-33). Querían un rey del pan que los alimentara y derrocara a los romanos. Ellos le dijeron: ¡Señor, danos siempre ese pan! (Juan 6:34). Aun así, ellos no lo consiguieron.

Por lo tanto, el Salvador de los pecadores se expresó con total claridad. En una sola frase, relacionó los conceptos de fe, pan, y vida eterna con Él mismo.815 Entonces Jesús declaró: YO SOY el pan de vida (vea el comentario sobre Éxodo Fo – El Pan de la Presencia en el Santuario: Cristo, el Pan de Vida). Este es el primero de los siete Yo Soy (Juan 8:12, 10:7, 10:11, 11:25, 14:6, 15:1). Cada uno destaca un aspecto importante de la Persona y el ministerio del Mayor Pastor.
Pero el pan de Cristo no solo cubrirá sus necesidades físicas, sino también sus necesidades espirituales. Los seres humanos están impulsados a satisfacer el hambre física, pero motivados por el hambre espiritual. El diagnóstico de esta hambre es una enfermedad del espíritu, una enfermedad que requiere un remedio espiritual. Se desarrolla un problema potencialmente mortal llamado la enfermedad del vacío. Jesús les dijo: ¡Yo Soy el pan de la vida; el que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás! (Juan 6:35). Él mismo es el alimento, el sustento que nutre la vida espiritual. Solo de este pan obtenemos verdaderamente la vida espiritual.
Pero os he dicho que, aunque me habéis visto, no creéis (Juan 6:36). Según Yeshua, la fe responde a Dios cuando Él Se revela a Sí mismo. La presencia de Dios, entonces, se convierte en una especie de prueba de fuego. Quienes son Suyos responden con fe y se sienten atraídos por Él, mientras que quienes no lo son responden con incredulidad y lo rechazan. Jesús, Dios encarnado, vino a la tierra para reunir a los Suyos, a quienes se puede identificar por su fe en Él.816
Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, de ningún modo lo echo fuera (Juan 6:37). Esta es la declaración más concisa posible sobre la paradoja de la predestinación y el libre albedrío. El Padre le ha dado ciertas personas al Hijo. ¿Cómo puedo saber si soy una de ellas? Acercándome a Cristo. Tengo libre albedrío y puedo elegir venir, y tengo la palabra de Jesús de que no me rechazará.817 La palabra quienquiera (al que) es universal y nos recuerda Juan 3:16: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Pues he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y ésta es la voluntad del que me envió: que todo lo que me ha dado, no pierda Yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Porque ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en Él, tenga vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día postrero (Juan 6:38-40). A pesar de toda la incredulidad, nuestro Señor va a cumplir la misión para la cual Él fue enviado. Su ministerio no fracasaría. Este es uno de los pasajes bíblicos más contundentes sobre la seguridad eterna del creyente (vea Ms – La seguridad eterna del creyente).
Aprendemos la voluntad de Dios al pasar tiempo en Su presencia. La clave (o llave) para conocer el corazón de ADONAI es tener una relación con Él. Una relación personal. Dios le hablará de manera diferente a como le hablará a los demás. Solo porque Dios le haya hablado a Moisés a través de una zarza ardiente no significa que nosotros debamos sentarnos cerca de una de estas esperando que nos hable. Para hablar Dios usó un gran pez para condenar a Jonás. ¿Significa eso que deberíamos tener servicios religiosos en la playa? No. El SEÑOR revela Su corazón personalmente a cada persona.
Por eso, su caminar con Dios es esencial. Su corazón no se ve en una charla ocasional o una visita semanal. Aprendemos Su voluntad a medida que nos instalamos en Su presencia todos los días. Camine con Él lo suficiente y llegará a conocer Su corazón.818
Los judíos murmuraban entonces acerca de Él, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo (Juan 6:41). La palabra judíos o ioudaíos significa algo así como incrédulos en estos dos versículos; esa generación estaba siendo comparada con la de Moisés. Dios les había provisto maná en el desierto, pero ellos todavía se quejaban. Ahora Jesús les estaba proporcionando el pan de vida, pero, ellos aún murmuraron. Ellos decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo dice ahora: He descendido del cielo? (Juan 6:42) (vea Ey – Madre y Hermanos de Jesús) Esto demuestra que los Judíos entendieron las palabras del Señor diciendo que Él era divino.
Jesús explica con más detalle la razón de la incredulidad de ellos. Respondió Jesús, y les dijo: No murmuréis entre vosotros. Nadie puede venir a mí si el Padre que me envió no lo atrae, y Yo lo resucitaré en el día postrero. Está escrito en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Todo el que oyó de parte del Padre, y aprendió, viene a mí (Juan 6:43-45). Esta es otra perspectiva sobre el marco del libre albedrío. Sus palabras no pretendían repeler, sino que fueran humildes. No les cerraba la puerta en la cara, sino que les mostraba cómo podían entrar. No pretendía decir que no había esperanza para ellos, sino señalarles dónde residía su esperanza.
Nuestro Señor confirmó lo que acababa de decir apelando al TaNaJ. Está escrito en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Todo el que oyó de parte del Padre, y aprendió, viene a mí (Juan 6:45); vea (Isaías 54:13). No que alguno haya visto al Padre, excepto el que es de parte de Dios. Éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo: El que cree, tiene vida eterna (Juan 6:46-47). Necesitaban creer que Él era el Mesías. Ellos aún no podían creer en el evangelio porque Yeshua no había muerto ni resucitado. Pero si creían en Él como Mesías, tendrían vida eterna. Es decir, Dios les ha dado oídos para oír y un corazón para percibir. Pablo escribió: nosotros predicamos al Mesías crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles, necedad; mas para los llamados, tanto judíos como griegos, el Mesías es poder de Dios y sabiduría de Dios (Primera Corintios 1:23-24).
Luego Cristo continuó la línea de verdad que comenzó en el versículo 44. De cierto, de cierto os digo: El que cree, tiene vida eterna. Yo Soy el pan de la vida (Juan 6:47-48). Esta no es una invitación a los perdidos, sino una declaración a los salvos. Yo Soy el pan de vida. Era como si Yeshua dijera: «YO SOY». aquello que todos los pecadores necesitan, y sin lo cual, seguramente morirán. YO SOY lo único que puede saciar el alma y llenar el corazón adolorido. “YO SOY eso porque, así como el trigo se muele hasta convertirse en harina y luego se somete al fuego para que sea apto para el consumo humano, así también Yo he descendido del cielo a la tierra, he pasado por los sufrimientos de la muerte y ahora estoy presente en la Palabra de Dios a todos los que anhelan la vida”.819
Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron Éste es el pan que desciende del cielo, para que quien coma de él no muera: Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno come de este pan, vivirá para siempre. Y ciertamente, el pan que Yo daré por la vida del mundo es mi carne (Juan 6:49-51). Comer la carne del Hijo del Hombre es absorber por completo Su forma de ser y vivir. La palabra para carne que se usa aquí (griego: sárx) también puede referirse a la naturaleza humana en general, a los aspectos físicos, emocionales, mentales y volitivos de la existencia humana. Yeshua desea que vivamos, sintamos, pensemos y actuemos como Él; por el poder del Espíritu Santo, Él nos permite hacerlo. De igual manera, beber Su sangre es absorber Su vida abnegada, ya que la vida de la carne está en la sangre (Levítico 17:11).820
Entonces los judíos discutían unos con otros, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? (Juan 6:52). El argumento implica que algunos apoyaban firmemente al Mesías, aunque la siguiente narración deja claro que debieron ser ampliamente superados en número. Jesús habló en parábolas para que los incrédulos no pudieran entenderlo (vea Er – Ese mismo día comenzó a hablarles en parábolas).
Debido a lo que Yeshua dijo aquí, las murmuraciones (versículo 41) rápidamente se convirtieron en discusiones (versículo 52), luego en una enseñanza dura que ellos no podían aceptar (versículo 60), y finalmente en una barrera insuperable para muchos de Sus discípulos (no los doce apóstoles) que se volvieron a lo anterior y ya no andaban con Él (versículo 66).
Jesús no intentó aclarar Sus malentendidos. El problema de ellos no era intelectual. En cambio, Él intensificó la confusión de ellos y continuó hablando en parábolas porque no había peligro de perder a los creyentes genuinos. No se echó atrás ni un ápice: Así que Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: A menos que comáis la carne del Hijo del Hombre y bebáis su sangre, no tenéis vida en vosotros (Juan 6:53). La mayoría de los judíos desconocían que Yeshua hablaba en sentido figurado, y esto les resultaba extremadamente detestable, pues la Torá/Ley decía: no comerás la sangre (Levítico 7:26). Lo que se había expresado negativamente, ahora se afirmaba positivamente El que mastica mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el día postrero (Juan 6:53-54). Porque la Torá/Ley mandaba: no deben comer… ninguna sangre (Levítico 3:17), este lenguaje debe ser figurativo. Es la sangre la que hace expiación por la vida (Levítico 17:11). Los oyentes del Mesías debieron quedar impactados por Sus desconcertantes palabras. Pero el enigma se resuelve al comprender que Jesús hablaba de hacer expiación mediante Su muerte, y dar vida a quienes se apropian personalmente de Él por fe.821
Otras cosas no eran alimento en el sentido estricto de la palabra. El Señor ya había señalado que vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron (Juan 6:49). Sus oponentes no tenían idea de qué constituía el verdadero pan.822 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre verdadera bebida. El que mastica mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y Yo en él (Juan 6:55-56). Habrá una unión inquebrantable con Cristo. Esto significa que, mediante el bautismo del Espíritu Santo, el creyente se une al Mesías de tal manera que lo que es verdad de Cristo se convierte en verdad del creyente, menos Su deidad.
Somos colocados en el Mesías: Segunda Corintios 5:17; Romanos 8:1; Juan 15:4.
Él es colocado en nosotros: Colosenses 1:27; Gálatas 2:20; Juan 14:18-20.
Somos crucificados con Yeshua: Gálatas 2:20 y Romanos 6:6.
Morimos con el Señor: Romanos 6:4.
Resucitamos con Él: Efesios 2:6 y Romanos 6:5.
Y estamos sentados con Jesús: Efesios 1:3, 19-20 y 2:6; Colosenses 3:1-2; Romanos 6:8.
Las características de esta unión son personales e íntimas como lo demuestran las figuras utilizadas para describirla: la vid y los pámpanos (Juan 15:5); los cimientos y el edificio (1 Pedro 2:4-5; Efesios 2:20-22); el esposo y la esposa (Efesios 5:23-32; Apocalipsis 19:7-9); la cabeza y el cuerpo (Efesios 4:15-16); y el Padre y el Hijo (Juan 17:20-21).
Entonces Yeshua retomó Su sentido de misión: Como me envió el Padre viviente, y Yo vivo del Padre, de igual modo el que me mastica, también él vivirá de mí. Éste es el pan que descendió del cielo; no como los padres comieron y murieron. El que mastica este pan, vivirá para siempre. Estas cosas dijo en Cafarnaum, enseñando en una sinagoga (Juan 6:57-59). Ya había hablado allí en otra ocasión (vea Ck – Jesús expulsa un espíritu impuro).
Necesitaban creer en Aquel que Dios el Padre había enviado para tener vida eterna. Él haría lo que el maná no pudo hacer. Había proporcionado sustento físico, pero no podía dar vida eterna. El punto que Jesús intentaba transmitir era que la comida llevada al cuerpo se convierte en parte del cuerpo. Así que los que ponen fe en el Mesías haría que la fe viva en ellos, y a su vez, ellos vivirán en Él.
Claramente, esto tuvo un impacto significativo en muchos de los discípulos de Jesús, quienes tenían diversos grados de devoción. Al menos cientos, eran lo suficientemente serios como para considerarlo Su rabino y habrían apoyado activamente un movimiento para hacerlo Rey. Pero Cristo sabía que la de ellos era una devoción inconstante, con fluctuaciones. Al oírlo, muchos de entre sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién puede soportarla? (Juan 6:60). La palabra dura (griego: sklerós) significa seco, áspero, dura cosa, inflexible o que no se recibe sin incomodidad. Cualquier cosa que ellos no aceptaran la llamarían dura. El Nazareno no era difícil de entender, solo difícil de aceptar.
Pero Jesús, sabiendo en sí mismo que sus discípulos murmuraban sobre esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza? ¿Pues qué, si vierais al Hijo del Hombre ascendiendo adonde estaba primero? (Juan 6:61-62). Fue como si el Buen Pastor dijera: “si no pueden aceptar Mi afirmación de que bajé del cielo y que deben comer Mi carne y beber Mi sangre; ¿qué pensarán cuando yo les diga que ascenderé de vuelta al cielo? Si ustedes creen que esta enseñanza es dura, no tienen ninguna posibilidad con la enseñanza que vendrá después”.
El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha nada. Las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida (Juan 6:63). Cuando Juan dice que el Espíritu da vida, quiere decir que toda la justicia de Cristo se transfiere a nuestra cuenta espiritual en el momento de la fe (vea Bw – Lo que Dios hace por nosotros en el momento de la fe). El nombre teológico para esto es imputación. La Biblia nos enseña que todos heredamos la naturaleza pecaminosa de Adán: por cuanto todos pecaron, y están privados de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Por tanto, como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre, y por medio del pecado la muerte, así también la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron (Romanos 5:12). En el TaNaJ, debía haber un sacrificio. Debía derramarse sangre y debía haber una muerte; por lo tanto, gracias a la muerte del Mesías en la cruz, tenemos una justicia perfecta y absoluta que Dios el Padre imputa a nosotros a través de Su Hijo. Gracias a nuestra fe, hemos aprobado el examen final del universo de ADONAI con creces. Cuando Dios nos ve, no ve nuestro pecado, sino la justicia de Su Hijo (Romanos 1:17). Estamos en el Santo, y Él está en nosotros. La única manera de llegar al cielo es mediante la perfecta justicia de Cristo.
El Espíritu es el que da vida; la carne no aprovecha nada. Las palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida (Juan 6:63). Esto no implica una degradación del cuerpo en un sentido dualista griego, sino más bien una afirmación típicamente judía de que sin el Espíritu de Dios, las cosas físicas carecen de valor por sí mismas.823
Por duro que fuera aceptar Sus palabras, estas traerían vida eterna. Sin embargo, El Señor, a pesar de lo que se hubiera esperado dice: Pero hay entre vosotros algunos que no creen -porque desde el principio sabía Jesús quiénes eran los que no creían y quién era el que lo había de entregar (Juan 6:64). Juan describe aquí a Yeshua siguiendo Su camino sereno, consciente de todo lo que le concernía y de la crucifixión que le esperaba. Ahora explica que les había dicho esto para que no se confundieran cuando algunos no creyeran: Y decía: Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí, si no le ha sido dado del Padre (Juan 6:65). Es imposible que vengamos a Cristo sin la acción del Padre dándonos la gracia para hacerlo. Abandonados a nosotros mismos, siempre preferimos nuestro pecado. La conversión es siempre una obra de gracia.824
La enseñanza sobre el pan de vida tuvo tres resultados.
Primero, por esto muchos de sus discípulos se volvieron a lo anterior y ya no andaban con Él (Juan 6:66). Entre ellos no estaban los doce. Los acontecimientos de esta enseñanza dejaron muy claro que seguirlo significaba algo completamente diferente de lo que estos habían anticipado. Yeshua logró prescindir de quienes no eran sinceros o consideraban demasiado caro comer Su carne y beber Su sangre. Ellos rechazaron Sus palabras y se refugiaron en sus vidas pecaminosas y mundanas.
En segundo lugar, hubo una reafirmación por parte de los once de los doce apóstoles (excluyendo a Judas). Jesús dijo entonces a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? (Juan 6:67). Jesús ya sabía la respuesta a Su propia pregunta; desafió a los talmidim para reforzar Su enseñanza sobre la verdadera naturaleza de la salvación. La pregunta fue dirigida a todos ellos. Pero no nos sorprende que Pedro sea el portavoz. A menudo aparece como tal en los Evangelios. Entonces: le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tienes palabras de vida eterna, y nosotros hemos creído y conocido que Tú eres el Santo de Dios (Juan 6:68-69). La respuesta implícita es:“¡no hay nadie más a quien ir!” La naturaleza de la fe salvadora no es un juego intelectual, es una decisión. La multitud quería ver y luego creer; los apóstoles, sin embargo, creyeron y finalmente comenzaron a ver (Juan 14:16-19, 17:24 y 20:29).825
Tercero, Judas iniciaría su camino hacia la apostasía. Jesús les respondió: ¿No os escogí Yo a vosotros, los doce; y uno de vosotros es diablo? En este caso, la «elección» del Mesías no se refería a la salvación, sino a Su invitación a convertirse en apóstoles cuando dijo: ¿no os escogí Yo a vosotros, los doce? El espíritu del Adversario se opondría activamente a lo que Cristo representaba. Juan añade una nota explicativa: y se refería a Judas, hijo de Simón Iscariote, uno de los doce, porque éste habría de entregarlo (Juan 6:71). Por primera vez, Judas fue identificado como el traidor venidero. Juan y los demás evangelistas nunca atacan directamente a Judas. Simplemente registran los hechos y los dejan hablar por sí mismos. Como mucho, como en este caso, mencionan que era uno de los talmidim, pero incluso entonces, simplemente dejan que los lectores deduzcan cómo esto agrava la enormidad de su crimen.
En 1915, el pastor William Barton comenzó a publicar una serie de artículos. Utilizando el lenguaje arcaico de un narrador antiguo, escribió sus parábolas bajo el seudónimo de Safed el Sabio. Durante los siguientes quince años, compartió la sabiduría de Safed y su fiel esposa, Keturah. Era un género que disfrutaba. A principios de la década de 1920, se decía que Safed contaba con al menos tres millones de seguidores. Convertir un acontecimiento cotidiano en una ilustración de una verdad espiritual, fue siempre una característica clave del ministerio de Barton.
No siempre fui viejo, pero una vez fui joven y viajé en la Escuela de los Profetas. Y la víspera del Domingo, cabalgaba cada semana 30 kilómetros, para poder predicar la Palabra de Dios a la gente en una pequeña iglesia pintada de blanco con un campanario alto. Y el lunes, volvía a casa. Y hubo momentos en que los caminos estaban en mal estado, así que por cada metro que avanzaba mi caballo, se hundía en el barro hasta medio metro; así que recorrí más de 30 kilómetros, más un extra por el barro antes de llegar. Pero cuando llegaba, la buena gente me recibía en hogares cálidos y camas limpias, y me servía cena caliente.
Porque me alojé entre ellos. Y en el primer lugar donde me alojé el Día de la Preparación, antes del domingo, la buena mujer me ofreció pastel de coco. Y comí bastante.
Las mujeres de los otros hogares le preguntaron: «¿Qué te pareció el joven ministro? ¿Es difícil de atender? ¿Te causó muchos problemas? ¿Es quisquilloso? ¿Qué le gusta comer?»
Y ella dijo: Él no es quisquilloso, y me dijo que el pastel de coco es su pastel favorito.
Entonces todas las mujeres se lo contaron a las demás, diciendo: «Al joven ministro le encanta el pastel de coco». Y todas sabían cómo prepararlo, y todas lo hicieron. Y dondequiera que iba, me ofrecían pastel de coco.
Probablemente pienses en tu corazón que comí tanto pastel de coco que lo odié y que nunca me ha gustado. Pero piensa de nuevo. Porque no sabes qué clase de pastel de coco hacían las mujeres de esa iglesia. Sí, lo comí durante tres años sin apenas una pausa, salvo que también hacían pastel con glaseado de miel de arce. Y quien haya comido ese tipo de pastel sabe que es uno de los mejores que se han hecho.
Porque hay cosas que nunca sobran. Y cuando mi corazón retrocede a través de los años, recuerdo los largos paseos, y las veces que llegué en coche en la oscuridad y el frío, y cómo metieron a mi caballo en el establo hasta las rodillas en paja limpia, y pusieron un saco de avena debajo del asiento del cochecito cuando me fui, y tal vez también un celemín de patatas, un saco de manzanas o una lata de sirope de arce. Y sé que nunca tendré demasiado de ninguno de los bienes que me dieron, especialmente del Pan de vida.
Y de vez en cuando, con el paso de los años, alguno de mis seres queridos vuelve a casa, y me llama para que vaya y les diga una palabra de amor antes de que el polvo se convierta en polvo. Y siempre hay alguna buena mujer que me tiene preparada la mesa en su casa; y allí siempre encuentro pastel de coco.
Y siempre que, como un pastel de coco excepcionalmente bueno, entonces recuerdo a los amigos de mi temprano ministerio como Mensajero de Dios, y todavía los amo.826


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