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La fe de una mujer cananea
Mateo 15:21-28 y Marcos 7:24-30

La fe de una mujer cananea ESCUDRIÑAR: ¿Cómo verían los fariseos y los maestros de la Torá la llegada del Señor a territorio gentil? ¿Qué propósito tenía Jesús al ir a Tiro e interactuar con una mujer cananea después de Su enfrentamiento con los líderes religiosos de Jerusalén sobre la Ley Oral? ¿Qué aprendemos de esta mujer? Su respuesta ¿cómo demostró su fe? ¿Cuál es la intención de Su juego de palabras?

REFLEXIONAR: Cuando usted trata con personas necesitadas o “de afuera”, ¿se parece más a los apóstoles o a Yeshua? Si Cristo viniera a su comunidad, ¿quiénes serían los “impuros” que Él cuidaría? ¿Cómo podría usted ser Sus manos y pies para ellos? Cristo caminó unos 160 kilómetros para sanar a la hija de esta mujer. ¿Cómo ha hecho Dios eso en su vida?

Esta historia sobre la fe de una mujer cananea, parece ser una secuela natural del incidente anterior, que muestra a Jesús eliminando la distinción entre alimentos limpios e inmundos, mientras que aquí vemos a Cristo eliminando la diferencia entre personas limpias e inmundas. Yeshua, normalmente no tenía relación con los gentiles, ya que cualquier asociación con ellos convertía a los judíos en ceremonialmente impuros. Pero ahora, el Mesías demuestra con Su ejemplo que esta y otras leyes orales son inválidas al interactuar deliberadamente con una mujer gentil. Otro propósito era enfatizar la misión final a las naciones gentiles (los goyim). El reino de Dios no se limitaría a Israel, aunque llegó primero a ellos.

Esta es la tercera vez que vemos a Jesús ministrando a los gentiles en los evangelios. Puso rumbo al territorio al noroeste de Israel conocido como la región de Tiro y Sidón. Este es el mismo territorio al que fue enviado Elías, que es el actual Líbano. Su intención era tener un momento a solas con los talmidim. Pero es interesante notar que Jesús de Nazaret rara vez viajó a zonas gentiles durante Su vida. De hecho, rara vez mantuvo una conversación personal con alguien fuera de Su comunidad judía.

Esto no era racismo ni superioridad espiritual, sino que, en realidad, es bastante justo y lógico. Después de todo, la promesa de ADONAI fue dada a Israel comenzando con Abraham, luego con Isaac y finalmente con Jacob, por lo que es justo que ellos, el pueblo de la promesa, sean los primeros en enterarse de su cumplimiento. Por supuesto, llegará el día en que este mensaje se difundirá a todas las naciones gentiles (Mateo 28:19). Aquí Yeshua entra en una zona gentil y atiende a una mujer cananea pagana. Este era un término general, que significaba que era gentil.839 ¡Nada podría estar más bajo en la escala social judía que una mujer gentil!

Y levantándose de allí, fue a la región de Tiro. Y entró en una casa y no quería que nadie lo supiera, pero no pudo pasar inadvertido (Mateo 15:21; Marcos 7:24). La pequeña preposición eis, traducida “a, es notable. Nuestro Señor no solo cruzó la frontera hacia territorio fenicio, sino que se adentró en el corazón del país. Según Josefo (Guerras Judías, 3.1), en la época del Mesías, estas dos zonas se extendían desde el Mediterráneo hacia Jordania. Fue en estos confines de la Tierra donde Cristo se alejó del judaísmo farisaico y su obediencia ciega a la Ley Oral (vea el enlace haga clic en Ei La Ley Oral). Allí, nuestro Salvador pronunció palabras de sanación, y una mujer cananea no dejó que el Rabino hacedor de milagros de Israel se quedara sin respuesta.

Esta escena es un gran contraste con la anterior, donde Yeshua estaba en territorio judío, en Galilea. Pero ahora entraba en una tierra puramente gentil, la tierra de Fenicia. Él había experimentado el antagonismo del liderazgo judío y no había conseguido la tranquilidad y el descanso que necesitaba para ministrar y enseñar a Sus apóstoles. Por consiguiente, entró en una casa y no quería que nadie lo supiera. Al momento, una mujer cuya hijita tenía un espíritu inmundo, luego que oyó acerca de Él, fue y se postró a sus pies.Y la mujer era griega, de nacionalidad sirofenicia (Marcos 7:25; 7:26a). La noticia sobre el gran Maestro y Sanador se había extendido mucho más allá de los confines de Israel, a territorio pagano.

Marcos dice que la mujer era griega, nacida en la fenicia siria. Dado que obviamente no era griega por nacionalidad, griega probablemente equivale aquí a gentil (a diferencia de ser judía) o de habla griego. Por nacionalidad, la mujer era sirofenicia. En aquellos días Fenicia pertenecía administrativamente a Siria. Así que Marcos probablemente usó sirio-fenicia para distinguir a esta mujer de la fenicia libia del norte de África. Por lo tanto, la conversación de Jesús con esta mujer debió ser en griego, no en arameo. No hay razón para que el Nazareno, criado en Galilea, no supiera griego. En los pueblos y aldeas de Palestina, normalmente habría usado arameo. Pero, en las ciudades costeras de los griegos, les habría hablado en griego.840

Al momento, una mujer cuya hijita tenía un espíritu inmundo, luego que oyó acerca de Él, fue y se postró a sus pies (Marcos 7:25), ella le decía ¡ten compasión de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está horriblemente endemoniada (Mateo 11:22b). Al llamar a Jesús «Hijo de David», parecía que conocía y creía en la afirmación de que Él era el Mesías de Israel. Debió de conocer también la promesa de las Escrituras Hebreas de que las bendiciones del Señor no solo eran para el pueblo judío, sino que también bendecirían a muchos gentiles. ADONAI le había dicho a Abram: Vete de tu tierra, de tu parentela y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré al que te maldiga, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra (Génesis 12:1-3). De alguna manera, esta mujer cananea parecía creer que ese momento histórico había llegado cuando conoció al Rabino hacedor de milagros de Galilea.

Su petición tenía un sentido de urgencia cuando gritó. Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquellos confines, clamaba diciendo: ¡ten compasión de mí, Señor, hijo de David! (Mateo 15:22; Marcos 7:25b). La opresión espiritual y la actividad demoníaca eran ciertamente más fuertes y comunes en la tierra del paganismo y la idolatría. Job 1 y Zacarías 3 dan testimonio de la realidad de la actividad demoníaca y del propio Adversario. De hecho, su nombre en hebreo significa oponerse. Si bien el diablo y sus demonios pueden causar gran daño a este mundo y a su gente, los creyentes en Cristo deben aferrarse a la promesa de hijitos, vosotros procedéis de Dios, y los habéis vencido, pues mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo (Primera Juan 4:4). Fue con esta comprensión que esta madre gentil acudió a Yeshua el Mesías pidiendo la liberación espiritual para su hija.

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La mujer le rogaba que echara fuera el demonio de su hijita (Marcos 7:26b). El verbo erotáo está en pretérito imperfecto, lo que indica una acción continua. Ella seguía rogando, lo que realmente pedía era un milagro. Él era el Mesías y, por lo tanto, pedía algo prometido a Israel, no a los gentiles. Por eso, la primera respuesta de Yeshua fue bastante impactante. Pero Él no le respondió palabra. Entonces, acercándose sus discípulos, le rogaban, diciendo: Despídela, que grita detrás de nosotros (Mateo 15:23). Él no le respondió ni le dijo nada. Así que Sus talmidim, tras observar el intercambio, probablemente asumieron que Su rabino no tenía tiempo ni ganas de atender sus necesidades. Los discípulos le pedían: despídela, que grita detrás de nosotros.

Cuando ella insistió, Jesús le explicó cuál era el verdadero problema. Él respondiendo, dijo: No fui enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel (Mateo 15:24). Les recordó a los Doce (y sin duda a la mujer cananea) que fue enviado a las ovejas perdidas de la casa de Israel. La misión personal de Yeshua antes de Su muerte y resurrección era solo para los judíos, el pueblo de Dios. Después que el Espíritu Santo fue dado, el evangelio alcanzaría a los gentiles hasta los confines de la tierra (Hechos 1:8), quienes serían bendecidos por medio de Israel a través del Mesías, vea Romanos 11:16-24.841 La situación debió parecer sombría, no había nada que Él pudiera hacer por ella. Entonces, desesperada por salvar a su hija, cambió la base de su petición.

Pero ella, acercándose, se postraba ante Él, diciendo: ¡Señor, ayúdame! (Mateo 15:25). Postrarse, del griego: proskuneo, significa besar el rostro. Ella acudió a Él teniendo como base su propia necesidad personal (vea En Cuatro cambios drásticos en el ministerio de Cristo). Pero la respuesta del Mesías seguía sin darle mucha esperanza a la madre. De hecho, debió ser muy desalentador. Jesús respondió con una analogía, le dijo: Deja que primero se sacien los hijos, porque no está bien quitar el pan de los hijos y echarlo a los perros (Mateo 15:26; Marcos 7:27). En otras palabras, no era apropiado tomar lo prometido a los judíos y dárselo a los gentiles. La palabra que Jesús usó fue kunárion, literalmente, a los cachorros o perritos. Dado que eran el pueblo del Pacto, con el tiempo el orgullo espiritual de los judíos creció y creció. Eventualmente ellosllegaron a considerar a los no judíos como perros, usando la palabra para perro, que se habría traducido como bestias salvajes que vagan en manadas (Mateo 7:6; Lucas 16:21; 2 Pedro 2:22; Apocalipsis 22:15). Incluso, entrar en la casa de un gentil era impensable, ya que cualquier judío sería considerado impuro. Sin embargo, en un giro interesante, Yeshua usó el término más amigable para perro que se usaría para referirse a mascotas domésticas o cachorros. Su respuesta fue bastante impactante, pero enfatizó la comprensión común de la época de que los grandes tesoros dados a Israel, no estaban destinados a ser profanados por los gentiles paganos.

Y como ella era creyente y podía discernir la verdad espiritual, comprendió la lección que Él quería enseñar. Su respuesta fue notable. Humildemente, estuvo de acuerdo con la afirmación de Jesús y respondió: Señor, también los “cachorros” debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos (Mateo 15:27; Marcos 7:28). Y Jesús la amó. Aquí estaba una fe radiante que no aceptaba un no por respuesta; aquí estaba una mujer con la tragedia de tener una hija poseída por un demonio en casa, pero aún tenía suficiente luz en su corazón para responder con una leve sonrisa.842 Los cachorros de la casa eran parte de la familia y los niños los amaban. En definitiva, ella no pedía lo prometido a los judíos, sino lo que se extendía a los gentiles.

La mujer había tomado el lugar de un gentil y, por así decirlo, había aceptado el segundo lugar en el proceso. Jesús se alegró de su respuesta, y por ello, quedó libre para atenderla y accedió a su petición. Entonces respondiendo Jesús, le dijo: ¡Oh mujer, grande es tu fe! Hágase contigo como quieres. Y su hija quedó sana desde aquella hora (Mateo 15:28). Se usa el pretérito perfecto, lo que indica que fue una cura definitiva. Marcos lo explica así: Y le dijo: Por esta respuesta, anda, el demonio ha salido de tu hija. Y al llegar a su casa, halló a la niña acostada en la cama y salido ya el demonio (Marcos 7:29-30).

Toda la situación nos da una gran imagen de la cultura judía del primer siglo. A la luz del hecho de que los judíos son el pueblo del Pacto, esto era comprensible. No era el momento de anunciar el Evangelio a las naciones gentiles. Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo el que cree: al judío primeramente, y también al griego (Romanos 1:16). Esta situación era muy coherente con la perspectiva rabínica tradicional sobre los gentiles que buscaban a Dios. Si bien la puerta siempre ha estado abierta para que cualquier gentil se conecte con Israel y su Dios, los rabinos, se lo ponían difícil.

Por temor a conversos insinceros o influencias culturales paganas, se especificó que los gentiles debían demostrar claramente su compromiso. La visión más pesimista afirmaba que los prosélitos son tan difíciles de soportar para Israel como una llaga (Tratado Yevamot 47b). Los rabinos enseñan que incluso el pecado del becerro de oro en el desierto debe atribuirse a los conversos del paganismo egipcio (Éxodo Rabá 42:6).

Debido a estas sospechas, se entendía que, si un buscador gentil se acercaba a un rabino, este estaba obligado a rechazarlo inicialmente. En un paralelo muy interesante con este relato, el Talmud señala que se deben plantear algunas preguntas clave a un posible converso, como “¿cuál es su objetivo?” y “¿sabe usted que hoy el pueblo de Israel sufre constantemente?”. Si el buscador dice: “sé de esto y no tengo el mérito”, entonces debe ser aceptado de inmediato y se le deben enseñar algunos de los preceptos de la Torá (Tratado Ievamot 47a).

En este contexto, el encuentro de Cristo con esta mujer gentil, reflejó la respuesta natural de un rabino del primer siglo a un buscador del Dios de Israel. Sin duda, el Señor rechazó con dureza a la mujer cananea en tres ocasiones: sin responderle, luego afirmando que Su llamado era solo para los judíos, y finalmente afirmando que no podía compartir el pan con una gentil. La tradición común, junto con la gracia de Yeshua, fue lo que resultó en la aceptación de esa mujer como nueva discípula y la sanación de su hija. Esto debería servir como un hermoso recordatorio para todos los creyentes gentiles de que están en el Mesías por la fe.

Esta fue una lección importante que los Doce debían aprender en vista del ministerio que les sería confiado en los días posteriores a la muerte y resurrección de Cristo.

El Rabino Saulo/apóstol Pablo nos dice incluso hoy: Porque a vosotros hablo, gentiles; por cuanto soy apóstol de los gentiles, honro mi ministerio; por si de alguna manera puedo provocar a celos a los de mi carne, y salvar a algunos de ellos. Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿qué será su readmisión, sino vida entre los muertos? Y si la primera porción es santa, también la masa; y si la raíz es santa, también las ramas. Pero si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo olivo silvestre, fuiste injertado entre ellas, y llegaste a ser copartícipe de la raíz, de la rica savia del olivo (Romanos 11:13-17).