Se ha dicho: no se divorcien
Mateo 5:31-32 y Lucas 16:18
Se ha dicho: “no se divorcien” ESCUDRIÑAR: ¿Cuáles dijo Jesús que eran los motivos bíblicos para el divorcio? ¿Algunos rabinos permitían el divorcio por casi cualquier razón que el marido quisiera? ¿Qué promovía su actitud despreocupada hacia el divorcio? ¿Cómo estaban haciendo un mal uso de la autorización de Moisés para el divorcio (Deuteronomio 24:1)? En cambio ¿qué cualidad interior busca Yeshua? ¿El Señor ordena el divorcio como resultado del adulterio? ¿Qué otra razón hay para un divorcio legítimo? ¿Es el divorcio un pecado imperdonable? ¿El divorcio hace que una persona pierda su salvación? ¿Cuáles son las consecuencias del divorcio en esta vida y en la próxima?
REFLEXIONAR: Si usted se divorció por razones bíblicas, ¿debería sentirse culpable? Si se divorció por razones no bíblicas, ¿qué puede hacer ahora? ¿Existen garantías de que no se divorciarán, incluso si ambos son creyentes? ¿Por qué? ¿Qué medidas puede tomar para tener la mayor probabilidad posible de no divorciarse nunca?
La desintegración familiar es una epidemia que está causando caos social en todo el mundo. Hay varios factores que contribuyen a ello, entre ellos, las madres de niños pequeños que trabajan fuera del hogar, las frecuentes mudanzas familiares, la invasión de dispositivos electrónicos, la falta de liderazgo moral en la sociedad y la falta de comunicación en el hogar. Pero, por mucho, la caída libre de la familia se debe al divorcio. No hay duda al respecto: la familia está bajo ataque. Los efectos nocivos del divorcio en los hijos, los padres, los abuelos y en la familia, y en la sociedad en su conjunto, serían razón más que suficiente para preocuparse por el problema. Pero, la tragedia máxima del divorcio es que viola la Palabra de Dios.
En el tercer ejemplo de verdadera justicia del Mesías, Él enseña acerca del divorcio y cómo la Torá/Ley se diferenciaba del judaísmo farisaico. Había dos razones para el divorcio en el TaNaJ: incompatibilidad social (Deuteronomio 24:1) e incompatibilidad religiosa (Esdras y Nehemías). El adulterio no era motivo de divorcio porque era motivo de ejecución por lapidación. Por lo tanto, el judaísmo farisaico creía que Moisés permitía al marido divorciarse de su esposa, si él la protegía de ser lapidada hasta la muerte escribiendo una carta de divorcio en presencia de testigos, firmándola y entregándosela a ella (Tratado Gittin 1:1-3, 7:2).
Como el matrimonio siempre ha sido un pacto apreciado en el judaísmo, los rabinos tenían mucho que decir sobre cómo mantener una relación bendecida. Este documento era tan importante, que un tratado completo del Talmud trata de varias interpretaciones y detalles de la emisión de lo que se llama get. Entre algunos de los detalles, el documento debe ser escrito y firmado ante testigos. Asimismo, el get será aprobado por el Beit Din, o un tribunal religioso o civil judío, traducido literalmente como casa de juicio, solo después de una demora de algún tiempo. Esto se debe a la esperanza de que aún pueda haber alguna posibilidad de restaurar el matrimonio (Tratado Gittin 9:3). En Deuteronomio 24:1, el documento se llama sefer kritut (certificado de divorcio), que literalmente significa un pergamino o rollo de corte. El divorcio se compara con cortar una extremidad. Esto es tan trágico, que se ha afirmado que incluso el altar del Templo derramó lágrimas ante la noticia de un divorcio (Tratado Sanedrín 22a).
El propósito principal de ADONAI aquí no fue dar una excusa para el divorcio, sino mostrar el mal potencial que ello implica. Moisés escribió: Cuando alguno tome una mujer, casándose con ella, sucederá que, si ella no haya favor ante sus ojos, por haber él hallado en ella alguna cosa reprochable, le podrá escribir carta de divorcio, y poniendo ésta en su mano, despedirla de su casa. Y salida de su casa, ella podrá ir y ser de otro marido. Pero si el segundo marido la aborrece y le escribe carta de divorcio, la pone en su mano y la despide de su casa, o si muere este último marido que la tomó por mujer, al primer marido que la despidió no le será permitido tomarla de nuevo como mujer, después de ser mancillada, pues esto sería abominación delante de YHVH, y no harás que se corrompa la tierra que YHVH tu Dios te da por heredad (Deuteronomio 24:1-4). La frase cosa reprochable, en hebreo es ervant devar, significa: cosa inmunda o desnudez (Deuteronomio 24:1-3).
La intención de Dios no era proporcionar una salida del matrimonio, sino evitar el divorcio. Estos tres primeros versículos son una serie de cláusulas condicionales, que culminan en la prohibición que un hombre vuelva a casarse con una mujer de la que se ha divorciado, si ella se casa con otra persona y está separada del segundo marido, ya sea por divorcio o por muerte. En tal caso no podrá su primer marido, que la despidió, volverla a tomar para que sea su mujer, después que fue envilecida; pues esto sería abominación delante de YHVH, y no harás que se corrompa la tierra que YHVH tu Dios te da por heredad (Deuteronomio 24:4) (envilecida más literalmente, descalificada por su segundo marido). Porque el primer divorcio de ella no tenía motivos suficientes, su segundo matrimonio sería adúltero. Incluso si su segundo marido muriera, no podría volver con su primer marido, porque estaba contaminada a causa del adulterio provocado por el segundo matrimonio de ella, que es el punto principal del pasaje. Por lo tanto, Moisés dijo que el divorcio por indecencia o promiscuidad creaba una situación adúltera.
Lejos de alentar el divorcio, la mayoría de las referencias en el TaNaJ ponen restricciones al mismo. Por ejemplo, la Torá dice que un marido que acusa falsamente a su novia de no ser virgen, los ancianos de la ciudad deben tomar al hombre y multarlo con 100 siclos de plata, que darán al padre de la joven, porque ha difamado públicamente a una virgen de Israel. Ella seguirá siendo su esposa, y él tendrá prohibido divorciarse de ella mientras viva (Deuteronomio 22:14 y 19). En el mismo capítulo leemos: Si un hombre halla a una joven virgen que no está prometida, y agarrándola yace con ella, y son descubiertos, el hombre que se acostó con ella dará al padre de la joven cincuenta piezas de plata, y ella será su mujer, pues la ha desflorado. No podrá repudiarla en toda su vida (Deuteronomio 22:28-29).
A los ojos de Dios, incluso la concesión de un documento de divorcio no constituye en sí mismo un divorcio legítimo. Lejos de aprobar el divorcio, Deuteronomio 24:1-4 es una fuerte advertencia contra él. El pasaje sugiere, tal vez supone, que un divorcio por motivos adecuados, acompañado de un documento de divorcio, estaba permitido. No ofrece una disposición divina para el divorcio, sino que muestra que el divorcio a menudo conduce al adulterio. Incluso por motivos de adulterio, el divorcio era tolerado en la Torá/Ley solo como una alternativa amable a la pena capital de lapidación que el adulterio merecía justamente (Levítico 20:10-14). Pero el judaísmo farisaico había convertido en un derecho legal, lo que YHVH había proporcionado como permiso renuente.529
Durante el tiempo de Cristo, todos los fariseos estaban de acuerdo en que Deuteronomio 24: 1-4 permitía el divorcio, sólo el marido podía iniciarlo y se asumía que el nuevo matrimonio era posible. La parte esencial de un acta de divorcio judía era cuando el marido le decía a su esposa: “eres libre de casarte con cualquier hombre. Y esto será para ti de mi parte, un libro de divorcio, una carta de liberación y una orden de despido; para que vayas a casarte con el hombre que quieras. Eres una mujer libre” (Mishna, Guitín 9:3). Pero, no estaban de acuerdo sobre los motivos del divorcio.
Había dos escuelas de pensamiento. Algunos rabinos liberales como Hillel sostenían una amplia gama de interpretaciones de Deuteronomio 24:1, ervant devar, o por cualquier otra razón (Tratado Gittin 9:10). Hillel creía que, si una esposa quemaba deliberadamente la comida de su esposo, se le permitiría un get. Otros rabinos como Akiva creían que el divorcio era aceptable si un esposo encontraba a una mujer que él pensaba que era más atractiva. Sin embargo, los rabinos conservadores como Shammai adoptaron la interpretación estricta de que la frase ervant devar estaba estrictamente limitada a la inmoralidad sexual por parte de la esposa, la implicación literal del término.
Moisés dijo a los israelitas en el desierto: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio (Mateo 5:31). La facilidad con la que se podía obtener el divorcio y su frecuencia, se puede ver en la pregunta que los fariseos le hicieron al Mesías durante el entrenamiento de Su apóstoles (vea el enlace haga clic Ij – ¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?). Porque sabemos que incluía toda clase de malas conductas, como andar con el cabello suelto, hilar en la calle, conversar por lo común con hombres, tratar mal a los padres de su marido en su presencia, hablarle a su marido tan fuerte que los vecinos pudieron oír desde la casa de al lado (Chethub. 7.6), tener una mala reputación general, o el descubrimiento de un fraude antes del matrimonio. Por otra parte, una esposa podría insistir en divorcirse si su marido era leproso, o padecía pólipos, o ejercía un oficio desagradable o sucio, como curtidor o calderero. Uno de los casos en los que el divorcio era obligatorio, fue si una de las partes se volvía herética o renegaba de su fe en el judaísmo. Pero, aun así, había al menos frenos al peligro de anarquía general, como la obligación de pagar a la esposa su parte, y la necesidad de un documento de divorcio, sin el cual no era un divorcio legal y tenía que redactarse de cierta manera y entregarse a la mujer misma, en presencia de dos testigos.530

Pero Jesús no dio más aprobación al divorcio que Moisés cuando dijo: cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, hace que ella adultere, y cualquiera que se case con una repudiada, adultera (Mateo 5:32); y Lucas 16:18 dice: Todo el que repudia a su mujer y se casa con otra, adultera, y el que se casa con la repudiada por el marido, adultera. La inmoralidad sexual viene del griego: porneia, de donde deriva la palabra pornografía. Yeshua/Jesús afirma exactamente lo que Moisés enseñó en Deuteronomio 24:1-4, que el divorcio injustificado conduce inevitablemente al adulterio. Era como si el Mesías estuviera diciendo a los moralistas fariseos y maestros de la Torá/Ley: “ustedes se consideran grandes maestros y guardianes de la Torá, pero al permitir el divorcio sin causa, ustedes han hecho que la gran mancha del adulterio contamine a Israel. Al rebajar las normas sagradas de ADONAI para satisfacer sus propias lujurias, han llevado a muchas personas al pecado y al juicio”.
El adulterio era otra realidad que Dios nunca quiso y, hasta el tiempo de Cristo, era lo único que podía romper el vínculo del matrimonio porque la parte culpable sería apedreada hasta la muerte (Levítico 20:10). Pero aquí, el Mesías menciona específicamente que el divorcio es lícito por motivos de adulterio (Mateo 5:32, 19:9). ¿Por qué Dios permitió que el divorcio reemplazara la lapidación? La respuesta podría ser que Israel era tan inmoral que no tenía la fuerza de voluntad para ejecutar la pena de muerte. Cuando todo estuvo dicho y hecho, ADONAI mismo eligió no aplicarla (vea Gq – La mujer sorprendida en el acto de adulterio). Aparte de la pena de muerte, el divorcio se convirtió en la alternativa divina tolerada, sólo por la dureza del corazón humano como afirma Jesús en Mateo 19:8 diciéndoles: Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres, pero desde un principio no fue así.
Pero también es importante entender que Dios no ordena el divorcio, ni siquiera en caso de adulterio. De lo contrario, Él habría entregado Su documento de divorcio a Israel mucho antes del momento en que lo hizo (vea el comentario sobre Jeremías At – Israel infiel). Un documento de divorcio legítimo era permitido para el adulterio, pero, nunca fue ordenado ni requerido. Era un último recurso – sólo para ser usado cuando la inmoralidad impenitente había agotado la paciencia del cónyuge inocente, y el culpable se negaba a ser restaurado. Porque el que aborrece y repudia, dice YHVH Dios de Israel, cubre su vestidura con violencia, dice YHVH Sebaot. Guardad pues vuestro espíritu, y no seáis infieles (Malaquías 2:16); aunque Dios odia el divorcio, Él reconoce que hay momentos en que este no resulta en adulterio. La parte inocente que ha hecho todo lo posible para mantener el matrimonio, es libre de volver a casarse si su cónyuge insiste en continuar con el adulterio. Es muy noble esperar y tratar de resolver las cosas, o ir a terapia. Pero, cuando usted sabe que su cónyuge está en la cama de otra persona, esperar es como desangrarse hasta morir, es lento y doloroso.
Más adelante, en Primera de Corintios, el rabino Saulo (apóstol Pablo) agregó una razón más legítima para el divorcio y el posterior nuevo matrimonio. Dijo: a los demás, digo yo, no el Señor: Si algún hermano tiene mujer incrédula y ella está dispuesta a vivir con él, no la abandone; y si alguna mujer tiene marido incrédulo, y él está dispuesto a vivir con ella, no abandone al marido (Primera Corintios 7:12-13). Después de dar la razón de esa instrucción, agrega: Pero si el incrédulo insiste en separarse, que se separe, pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre en semejante caso, sino que a paz os ha llamado Dios (Primera Corintios 7:15). La palabra griega traducida como separarse (jorizo o corizo) se usaba a menudo para referirse al divorcio. Por consiguiente, si un cónyuge incrédulo abandona o se divorcia de un creyente, el creyente ya no está obligado y es libre de casarse de nuevo.531
Me gustaría concluir con una palabra para aquellos que ya están divorciados. Dios se ha revelado a Sí mismo y Su voluntad a través de Su Hijo y de Su Palabra. Cuando seguimos Sus principios bíblicos sobre el divorcio (ya sea que estemos conscientes de ellos o no), nuestras vidas transcurrirán mejor que si no los siguiéramos; y cuando violamos Sus principios bíblicos (ya sea que estemos conscientes de ellos o no), nuestras vidas transcurrirán peor que si los hubiéramos seguido. Así es como está organizado nuestro universo, y no importa si lo cree o no. Es algo ineludible. Tomemos, por ejemplo, a un hombre que no cree en la gravedad. Si lo lleva a 3.000 metros de altura y lo arroja del avión sin paracaídas, no importa si cree en la gravedad o no, de todos modos, se estrella contra el suelo. Lo mismo ocurre con los principios bíblicos y el divorcio.
Sin embargo, permítanme decir que, el divorcio no es un pecado que no es perdonable. El rechazar al Espíritu Santo es un pecado imperdonable, porque una vez que rechaza el llamado del Ruaj HaKodesh, ha rechazado el sacrificio de Cristo en la cruz y sus pecados no pueden ser perdonados, siendo por lo tanto un pecado imperdonable. Pecado es pecado, y necesita pedir perdón: Si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad (1 Juan 1:8-9). Esta no es una gracia barata. El hecho de que haya sido perdonado no significa que haya sido perdonado de las consecuencias de su pecado. ¿Significa eso que los creyentes que conocían el estándar bíblico y se divorciaron de todos modos perderán su salvación? De ninguna manera (vea Ms – La seguridad eterna del creyente). Sin embargo, sí significa que sufrirán pérdida de paz en este mundo y recompensa en el próximo (vea el comentario sobre Apocalipsis Cc – Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo).
Déjeme darle un ejemplo. Después de que David cometió adulterio con Betsabé, mató a su esposo Urías y luego se casó con ella (2 Samuel 11:1-27), su vida se desmoronó. Amnón, el hijo de David, violó a su media hermana Tamar. Varios años después, Absalón, el hijo de David y hermano de Tamar, asesinó a Amnón. No satisfecho con eso, Absalón encabezó una revuelta contra su padre para reemplazarlo como rey. Traicionado por su hijo, el rey David tuvo que huir de Jerusalén. Finalmente, las tropas leales al rey mataron a Absalón y David lloró amargamente. Después de regresar a Jerusalén, Seba se rebeló contra David. Luego hubo una hambruna durante tres años. Después de eso hubo guerra contra los filisteos. Aunque David todavía era rey y un hombre conforme al corazón de Dios, el profeta Natán vino a él y profetizó que la espada nunca se apartaría de [su] casa por el resto de su vida (2 Samuel 12:10). Qué desastre. No hace falta decir que David pagó un precio extremadamente alto por su adulterio.


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