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La parábola de los terrenos
Mateo 13:3b-23; Marcos 4:3-25; Lucas 8:5-18

La parábola de los terrenos (vea Ntd 1) ESCUDRIÑAR: ¿Qué representa cada tipo de terreno en la parábola de Jesús? ¿Qué representan el agricultor y su semilla? ¿Cómo podría la parábola ayudar a los apóstoles a comprender lo que estaba sucediendo con su ministerio? ¿Cómo explica la cita de Isaías Marcos 4:13 abajo? ¿Qué habían visto los talmidim que los profetas anhelaban ver y oír? Ya que Yeshua es la lámpara, ¿qué está revelando?

REFLEXIONAR: ¿Cómo se asemeja la historia de las semillas a nuestra vida espiritual? ¿Cómo cambiará nuestra vida cuando comencemos a producir una cosecha, multiplicando treinta, sesenta o incluso cien veces más de lo sembrado? ¿Cuáles son algunos ejemplos de lo que un creyente como este podría hacer? En diferentes momentos de nuestra vida, nuestro “tipo de terreno” puede cambiar. ¿Qué tipo de terreno representa actualmente su respuesta a Dios y a su Palabra? ¿Qué tácticas usa el Adversario para impedirnos escuchar y comprender la Palabra de Dios? ¿Qué espinas pueden estar ahogando su capacidad de dar fruto espiritual? ¿Hay piedras que necesitan ser desenterradas? ¿De qué maneras está usted tratando de nutrir la “semilla” espiritual que Dios plantó en su vida? ¿Qué puede hacer para ayudar a que la semilla crezca en otros?

El punto principal de la parábola de los tipos de terrenos, es que habrá diferentes respuestas a la dispersión del evangelio a lo largo de la Era de la Iglesia.

El rabino de Galilea partió del aquí y ahora para llegar al allá y entonces. Partió de algo que sucedía en ese momento en la tierra para guiar los pensamientos de la gente al cielo; partió de algo que todos podían ver para llegar a lo invisible. Partió de algo que todos conocían para llegar a algo que nunca habían comprendido. Esa era la esencia misma de la enseñanza de Yeshua. No confundía a la gente comenzando con cosas extrañas, difíciles o complicadas; partía de las cosas más sencillas, que incluso un niño podía entender.679

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El Señor usó una metáfora familiar. La agricultura era el corazón de la vida judía y todos entendían el esparcimiento de las semillas y el proceso de crecimiento de los cultivos. Incluso es probable que desde donde Cristo enseñaba, la multitud pudiera ver a los hombres sembrando. El agricultor se echaba una bolsa de semillas al hombro y, mientras caminaba arriba y abajo por los surcos, él tomaba puñados de semillas y las esparcía. Las semillas caían en cuatro tipos de terrenos. Jesús dijo: El sembrador salió a sembrar su semilla (Mateo 13:3; Marcos 4:3; Lucas 8:5a).680

El terreno duro: y al sembrarla, una cayó junto al camino y fue pisoteada, y las aves del cielo la comieron (Mateo 13:4; Marcos 4:4; Lucas 8:5b). Galilea estaba cubierta de campos. No había cercas ni muros que los rodearan, así que los únicos límites eran caminos estrechos. Los agricultores usaban los caminos para caminar entre los campos, viajeros de todas partes los usaban. Sin duda, era por un camino así que Yeshua y Sus talmidim viajaban. En aquel tiempo, iba Jesús por los sembrados y sus discípulos tuvieron hambre, y comenzaron a espigar y a comer (Mateo 12:1). La dispersión de la semilla hizo que algunas cayeran en los caminos. El terreno a lo largo del camino, naturalmente, se compactaría y se endurecería por el tránsito. Como resultado, el tráfico y el clima seco harían que el terreno fuera tan duro que las semillas que cayeran no podían penetrarlo ni echar raíces. Lo que las aves no comían era pisoteado. ¡No hay duda de que los pájaros seguían al granjero muy de cerca!

El terreno poco profundo: Otras cayeron en los pedregales, donde no tenían mucha tierra, y brotaron pronto por no tener tierra profunda; pero salido el sol, se asolaron, y por no tener raíz, se secaron (Mateo 13:5-6; Marcos 4:5-6; Lucas 8:6). Los pedregales no se referían a la tierra con piedras. Normalmente, los agricultores eliminaban la mayoría de las piedras de sus campos antes de plantar. Pero en Palestina, estratos de piedra caliza atraviesan el terreno. A veces, la piedra caliza brota tan cerca de la superficie, que se encuentra a solo unos centímetros de la capa superficial del terreno. Cuando la semilla se esparce en esas zonas poco profundas en algunos lugares, las raíces se abren camino hasta la piedra solo para bloquearse. Al no tener las raíces adónde ir, las plantas jóvenes producen un follaje impresionante, haciéndolas más visibles que el follaje circundante. Pero, al salir el sol, eran las primeras en marchitarse porque sus raíces no alcanzaban la profundidad suficiente para absorber la humedad. Como resultado, se marchitaban y morían antes de dar fruto.

El terreno lleno de malezas: Otra cayó entre las espinas, y las espinas crecieron y la ahogaron, y no dio fruto (Mateo 13:7; Marcos 4:7; Lucas 8:7). Este terreno se veía bien. Este terreno era profundo, rico, preparado y fértil. Cuando el agricultor comenzó a esparcir su semilla, esta parecía inmaculada y dispuesta. Dondequiera que la semilla caía empezaba a crecer, pero, ocultas bajo la capa superficial del terreno, las malas hierbas también brotaron y finalmente ahogaron la semilla. La maleza nativa siempre tiene una ventaja sobre los cultivos agrícolas. La maleza florece naturalmente, mientras que los cultivos plantados necesitan mucho cuidado y cariño. Sin embargo, si las malas hierbas se arraigan, dominarán el terreno. Estas crecen más rápido y tienen raíces más fuertes que absorben toda la humedad. Al final, las plantas buenas son asfixiadas.

El buen terreno: Pero otras cayeron en buena tierra, y daban fruto que crecía y se desarrollaba; y producían: una a treinta, otra a sesenta y otra a ciento por uno. Y decía: El que tiene oídos para oír, oiga (Mateo 13:8-9; Marcos 4:8-9; Lucas 8:8). Esta tierra es suave, no como la tierra dura del camino. Es profunda, no como la tierra superficial. Y es limpia, no como la tierra infestada de maleza. Aquí la semilla brota y produce una cosecha increíble.

Cuando estuvo solo, los que estaban con los doce alrededor de Él, le preguntaban acerca de las parábolas (Marcos 4:10). En cuanto estuvieron solos, los doce apóstoles no tardaron en hacerle dos preguntas a Jesús.
Primero, ¿qué significaba esta parábola? (vea Lucas 8:9)
Y segundo, ¿Por qué les hablas por parábolas?” (Mateo 13:10; Marcos 4:10).
En respuesta a la primera pregunta Él les dice: ¿No habéis entendido esta parábola? ¿Cómo, pues, conoceréis todas las parábolas? (Marcos 4:13). Una comprensión clara de esta parábola les ayudaría (y a nosotros) a entender cómo deben interpretarse las demás parábolas.

Respondiendo a la segunda pregunta, dijo: A vosotros os ha sido dado el misterio del reino de Dios, pero a los de afuera todo es presentado en parábolas (Marcos 4:11; Lucas 8:10). Un misterio en la Biblia, significa algo que una vez estuvo oculto, pero que ahora se revela. El verbo «ha sido dado» está en tiempo perfecto, y habla de un acto completado con resultados continuos. En consecuencia, a los talmidim se les había dado, como posesión permanente, el misterio del reino de Dios. Ellos fueron los primeros en poseerlo. Esto era para que ellos llegaran gradualmente a una comprensión clara de esa verdad. Y sin que lo supieran en ese momento, a ellos les llevaría hasta después de la resurrección comprender esto plenamente.

…pero a los de afuera todo es presentado en parábolas.Este es el mismo principio que Dios usó para endurecer el corazón del Faraón forzando una decisión que el rey de Egipto no quería tomar; vea el comentario sobre ÉxodoBu Traeré una plaga más sobre Faraón, y también vea Romanos 9:14-18.La luz que se resiste, causa ceguera. En ese momento, los fariseos intentaban demostrar que Yeshua estaba en complicidad con Satanás (vea el enlace, haga clic en El Todo reino dividido contra sí mismo será destruido). Al hacerlo, y al rechazar la Verdad, se cegaron a sí mismos. Las parábolas cegaron a los que impíamente rechazaron al Mesías, e iluminó a los que creyeron en Él.

Por eso les hablo (en parábolas) para que viendo, vean y no perciban, y oyendo, oigan y no entiendan, no sea que se conviertan, y les sea perdonado (Mateo 13:13; Marcos 4:12). A los oyentes de Jesús no se les negó la oportunidad de creer en Él. Pero, después de cerrar persistentemente sus mentes a Su mensaje, fueron excluidos de cualquier comprensión posterior del mismo por Su uso de parábolas. Sin embargo, incluso las parábolas que velaban la verdad, tenían como propósito provocar la reflexión, iluminarla y, potencialmente, revelarla. Las parábolas preservaron de manera única la libertad de creer de las personas, al tiempo que demostraron que, si se toma tal decisión, es don de Dios (vea Efesios 2:8-9).681 Pero, debido a que el pueblo esperaba que el Sanedrín tomara una decisión sobre la validez del mesianismo de Cristo y la Corte Suprema judía lo había rechazado, la mayoría del pueblo comenzó a volverse contra el Hijo de Dios.

Isaías describió perfectamente a los judíos infieles de la época de Yeshua. Las parábolas cumplieron la profecía de Isaías: Y se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oído oiréis, y no entenderéis, Y viendo veréis, y no percibiréis: Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyen pesadamente, Y han cerrado sus ojos. No sea que vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y entiendan con el corazón, Y se conviertan, y Yo los sane (Mateo 13:14-15). Isaías escribió durante una época de juicio devastador contra Judá, el reino del sur. Mientras Isaías predicaba su mensaje de fatalidad, el rey Uzías murió y la nación se sumió en algunos de los días más oscuros que jamás había visto (vea el comentario sobre Isaías BoIn el año en que murió el rey Uzías).

El primer cumplimiento de la advertencia de Isaías se produjo con el juicio del cautiverio babilónico, tal como Isaías había profetizado. El segundo cumplimiento sería la destrucción de Jerusalén y la dispersión de los judíos por todo el mundo durante más de veinte siglos. Las parábolas del Mesías fueron una forma similar de juicio sobre la incredulidad. Quienes no aceptaran Sus enseñanzas claras y sencillas, como las del Sermón del Monte, no podrían comprender Sus enseñanzas más profundas.

El don espiritual de lenguas en la comunidad mesiánica primitiva era otra forma de juicio sobre los incrédulos (vea el comentario sobre Isaías Fm Labios Extranjeros y Lenguas Extrañas: Dios Hablará a este Pueblo). Las lenguas se revelaron de forma sorprendente y dramática en Pentecostés o Shavuot, y los Doce apóstoles las siguieron demostrando de vez en cuando como testimonio contra quienes se negaban a creer. Yeshua primero enseñó a Israel con una enseñanza directa y clara. Luego, cuando Cristo fue rechazado, les habló en parábolas, que, sin explicación, no eran más que acertijos balbuceantes y sin sentido. Finalmente, el Buen Pastor les habló en idiomas ininteligibles que no podían entenderse sin traducción.682

Hablando a Sus talmidim, Jesús dijo: Pero bienaventurados vuestros ojos porque ven, y vuestros oídos porque oyen. Porque de cierto os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron (Mateo 13:16-17; véase también 1 Pedro 1:10-12). Ni siquiera los justos del TaNaJ recibieron la comprensión que los apóstoles y todo creyente desde entonces han tenido el privilegio de poseer. Incluso a los creyentes se les debe dar la iluminación divina, y eso se nos promete si buscamos las Escrituras y confiar en el Ruaj HaKodesh que habita en nosotros (Primera Corintios 2:9-16; Primera Juan 2:20-27). No solo tenemos la revelación completa de Dios en las Escrituras, sino que también tenemos al mismo Autor de esas Escrituras viviendo en nosotros para explicar, interpretar y aplicar sus maravillosas verdades.

Dijo: Oíd, pues, vosotros la parábola del que sembró (Mateo 13:18). La semilla es una metáfora apropiada para La Buena Nueva. No se puede crear, solo reproducir. La parábola no implica que haya algo malo con el agricultor o su método. Tampoco hay nada malo con la semilla. El problema es la condición del terreno que ejemplifica el corazón humano (Mateo 13:19). En otras palabras, el corazón es el equivalente espiritual de la tierra que recibe la semilla del agricultor. Todos los terrenos de la parábola son básicamente iguales, ya sean duras, poco profundas, con maleza o blandas. Y, por lo tanto, cada una podría producir una buena cosecha si se preparara adecuadamente. Lo mismo ocurre con loscorazones humanos. Todos somos básicamente iguales y capaces de recibir el evangelio si nuestros corazones están bien preparados.

El corazón que no responde: La semilla es la Palabra de Dios. Algunas personas son como semillas en el camino. El sembrador siembra la palabra, y los de junto al camino son éstos: donde se siembra la palabra pero, cuando la han oído, enseguida viene Satanás y quita la palabra sembrada (Marcos 4:14-15; Lucas 8:11-12a). Pero luego viene el diablo y quita la palabra de sus corazones, para que no crean y sean salvos (Mateo 13:19b; Lucas 8:12b). En primer lugar, las que cayeron en el camino son aquellas que nunca creyeron en el evangelio. El verbo fue esparcido es un participio perfecto. El tiempo verbal habla de una obra completada con resultados continuos. El acto de esparcir la semilla de la Palabra se había completado, teniendo un resultado cierto. Dicho esto, la Palabra de Dios fue plantada en sus corazones y comenzaba, como una semilla, a germinar. Pero el Destructor de almas la toma con engaño antes de que tenga tiempo de crecer hasta convertirse en una planta. La mayor alegría del tentador es mantener alejados de Dios a los incrédulos, personas a quienes amamos y por quienes oramos.

El corazón superficial: El segundo tramo de terreno es un terreno rocoso invisible y no tiene profundidad. Y el que fue sembrado en los pedregales, éste es el que oye la palabra y al momento la recibe con gozo (Mateo 13:20; Marcos 4:16; Lucas 8:13a). Los conversos superficiales parecen aceptar el evangelio con los brazos abiertos y se llenan de entusiasmo. Ellos ansían compartir con todos su nueva felicidad, son celosos en su estudio bíblico y oración. Pero no tienen raíz en sí mismos, son temporales, y luego, cuando llega una tribulación o persecución por causa de la palabra, enseguida se les hace tropezar (Marcos 4:17; Mateo 13:21; Lucas 8:13b). Pero el terreno de ellos es superficial, no tiene raíz, parecen creer por un tiempo, pero duran poco tiempo porque sus sentimientos cambian, pero no su alma. La Palabra vivificante del Salvador no puede echar raíces porque justo debajo de la superficie de su corazón, hay lecho de roca que es aún más difícil de penetrar que la tierra dura del camino. No hay arrepentimiento, ni dolor por el pecado, ni reconocimiento de su verdadera condición espiritual, sin quebrantamiento ni humildad, que es la primera señal de la verdadera fe en Cristo. Cuando ellos escuchan la Buena Nueva, esta les trae una experiencia religiosa, pero no la salvación. En consecuencia, cuando la aflicción o la persecución llegan a causa de la Palabra, rápidamente se apartan. Ellos vienen como lobos con piel de oveja, y cuando se les amenaza con el precio de cargar su cruz, no están dispuestos a pagarlo. Construyen sus casas religiosas sobre la arena de la experiencia emocional, y cuando llegan las tormentas de la aflicción o la persecución, se derrumban y son arrastradas.683

El corazón mundano: El tercer tipo de terreno está lleno de espinas y caracteriza a quienes oyeron la Palabra, pero son demasiado mundanos para que eche raíces y crezca a medida que avanzan en su camino. Ellos escuchan la Buena Nueva y hacen una profesión de fe vacía. Pero su primer amor es por las cosas del mundo y las preocupaciones acerca del mundo, las cosas les impiden de ver la necesidad de una relación personal con Jesucristo. Aman las riquezas y se inclinan ante el altar de la riqueza. Quedan cegados por ella y ni siquiera se dan cuenta de que el engaño de las riquezas y las posesiones, el prestigio, la posición y otras cosas, han entrado y han ahogado la Palabra, haciéndola infructuosa (Mateo 13:22; Marcos 4:18-19; Lucas 8:14). Hay muy pocos obstáculos para la salvación mayores que el amor al dinero. El rabino Saulo/apóstol Pablo nos advierte que la raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos se descarriaron de la fe, y se traspasaron a sí mismos con muchos dolores (Primera Timoteo 6:10). Y Juan también advierte: No améis al mundo ni las cosas que hay en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo: la codicia de la carne, la codicia de los ojos, y la soberbia de la vida, no viene del Padre, sino del mundo (Primera Juan 2:15-16).

Los enemigos: Los pájaros, el sol y las malas hierbas de esta parábola son los enemigos. El Adversario hace todo lo posible para robar la semilla de la Buena Nueva, incluso antes de que pueda crecer. Aquí hay una lección importante para cualquier ganador de almas. Usted encontrará resistencia y hostilidad. Habrá conversos superficiales y de corta duración, y se enfrentará a personas de doble ánimo que desean al Rey Mesías, pero no se desprenden del mundo. La dureza del camino, la poca profundidad del terreno y la naturaleza destructiva de la maleza, frustrarán sus esfuerzos por producir una buena cosecha. Pero no se turben (vea Juan 14:1a), el Señor de la mies (vea Mateo 9:38) puede romper hasta la tierra más dura y eliminar la maleza más rebelde. Es posible que el suelo duro, poco profundo o la tierra con maleza no siempre permanezca así. ADONAI puede labrar el terreno del corazón más duro. Un antiguo método palestino de cultivo consistía en esparcir la semilla primero y luego enterrarla. A veces eso ocurre en la evangelización. Esparcimos la semilla, y justo cuando parece que las aves revolotean a punto de arrebatársela, el Espíritu Santo la sepulta, para que pueda producir una gran cosecha.684

El corazón receptivo: El cuarto tipo de terreno, la buena tierra, es bueno no porque tenga una composición básica diferente a la de otros tipos de terreno, sino porque está adecuadamente preparado. El corazón receptivo ha sido preparado por el Espíritu Santo y receptivo a ADONAI (vea Juan 16:8-11). Pero el que fue sembrado en tierra buena, éste es el que oye y entiende la palabra; el que también da fruto, y produce, cual a ciento por uno, cual a sesenta, y cual a treinta por uno (Mateo 13:23; Marcos 4:20; Lucas 8:15; vea también Juan 15:2-5). La semilla que cae en buena tierra, se refiere a aquellos con un corazón noble y bueno, que escuchan la Palabra, la entienden, la aceptan y la retienen porque el Señor honra la fe y abre su mentes y corazones espirituales. Yeshua dijo esto para animar a Sus talmidim y a todos los demás discípulos que testifican en Su nombre. A pesar de la dureza, la superficialidad y la mundanalidad de la mayoría de los corazones, siempre habrá quienes sean tierra fértil, en la que el evangelio pueda arraigar y florecer. Siempre habrá quienes el Espíritu Santo haya preparado para recibir la Palabra con corazones sinceros y entregados. En definitiva, dar fruto es la característica de todo verdadero creyente (Gálatas 5:22-23; Filipenses 1:11; Colosenses 1:6). El salmista se regocijó de que el creyente que se deleita en la Palabra de Dios y medita en ella día y noche: Será como árbol plantado junto a corrientes de agua, Que da su fruto a su tiempo, y su hoja no se marchita, Y todo lo que hace prosperará (vea Salmo 1:2-3). No somos salvos por dar fruto o por cualquier otra buena obra, porque no podemos dar ningún fruto espiritual hasta que seamos salvos. Pero, somos salvos para ser fructíferos. Porque somos hechura suya, creados en Jesús el Mesías para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas (Efesios 2:10).685

El fruto: Así como la producción de fruto es el propósito central de la agricultura, la producción de fruto es una señal de la salvación en el creyente maduro (vea Ntd 2). Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede un árbol bueno dar frutos malos, ni un árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado al fuego. Así que, por sus frutos los reconoceréis (Mateo 7:17-20). Si no hay fruto espiritual, o si el fruto es malo, debe estar podrido. O, viéndolo desde la metáfora del campo, si la tierra no produce cosecha, no vale nada, símbolo de un corazón no redimido. La buena tierra representa al creyente. El terreno lleno de maleza y la tierra superficial son impostores. Y la tierra junto al camino no finge y rechaza la Buena Nueva.

Observe que no toda tierra buena es igualmente productiva. Algunas producen cantidades de treinta, sesenta o incluso cien veces más de lo sembrado. En otras palabras, los creyentes no siempre producirán tanto fruto como deberían o podrían. Pero, cada creyente es fructífero hasta cierto punto. A veces somos desobedientes y, por supuesto, seguimos pecando. Sin embargo, en última instancia, Jesús dice: Por sus frutos los reconoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? (Mateo 7:16). Ya sea por el treinta, sesenta o incluso cien veces más de lo sembrado, su fruto espiritual los distingue del terreno duro y compactado a lo largo del camino, del crecimiento superficial del terreno poco profundo, y la inutilidad del terreno lleno de maleza. El fruto de un creyente maduro es evidente, no algo que se deba buscar. Se distingue claramente del terreno con piedras, infestado de maleza y estéril.686

Nuestro Salvador les dijo: Nadie que enciende una lámpara, la cubre con una vasija o la pone debajo de una cama, sino la pone sobre un candelero, para que los que entran vean la luz. Porque no hay nada oculto que no llegue a ser manifestado, ni secreto que no haya de ser plenamente conocido y salga a luz (Marcos 4:21-22; Lucas 8:16-17). Estos versículos presentan una similitud común en la vida cotidiana: una lámpara de aceite no se enciende para esconderla en una vasija, o debajo de una cama. Más bien, se enciende para colocarla en un soporte a la vista de todos. Los talmidim, a quienes se les había revelado el misterio del reino de Dios, recibieron la responsabilidad de proclamar al mundo la luz, el evangelio, después del regreso del Hijo al Padre. (vea Mr La Ascensión de Jesús). Y cuando lo hicieron, el Reino de Dios, que está oculto para los incrédulos, se dio a conocer.

Si alguno tiene oídos para oír, oiga. Y les decía: Daos cuenta de lo que oís. Con la medida que medís os será medido, y os será añadido (Marcos 4:23-24). La palabra si aquí no es la partícula condicional ean, que introduce una condición hipotética (como si pudiera o no oír), sino ei, la partícula de la condición cumplida. La cuestión es que tenían oídos para oír y debían usarlos. «Mirad pues cómo oís» (Lucas 8:18a).

Ampliando la verdad de que las parábolas de Jesús fueron dadas para revelar la verdad a los creyentes, y ocultarla de los corazones indiferentes, superficiales y mundanos, dijo: Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más que suficiente; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado (Mateo 13:12; Marcos 4:25; Lucas 8:18b). Al que tiene el don de la vida eterna, recibido por la confianza en el Mesías, tendrá más. Los creyentes que vivan conforme a la luz que les fue dada en Cristo recibirán cada vez más luz en abundancia. Pero el destino de los incrédulos es todo lo contrario. El que no tiene la vida eterna está perdido, e incluso la pequeña chispa de luz que creen tener les será quitada. Por lo tanto, no basta con simplemente escuchar la Palabra. No basta escuchar la doctrina o teología correcta, es necesario prestar mucha atención a cómo se escucha el mensaje de Dios. La Palabra debe escucharse con un corazón noble y bondadoso, para que surja una fe que perdure y produzca una cosecha abundante, que rinda treinta, sesenta o incluso cien veces más de lo sembrado. En consecuencia, espiritualmente hablando, los ricos se enriquecen más y los pobres se empobrecen más.687

Vamos a ver nueve parábolas que desarrollan un flujo básico de pensamiento: Hemos visto la primera (1) La parábola de los terrenos (Et) que nos enseña que habrá diferentes respuestas a la dispersión del evangelio. vea Ntd3.

Jesús, eres el Agricultor paciente en mi vida. Gracias. Has usado a otros para sembrar ciertas semillas en mi camino, y a veces sé que no he valorado ese trabajo como debía. Ayúdame a expresar gratitud cuando siento que estás poniendo a otros en mi vida para servirte en mi “granja”. Señor, haz lo necesario para que mis campos sean productivos para Ti. Soy el agricultor de mi “granja”, pero Te pertenezco.688

Ntd1 También conocida como parábola del sembrador

Ntd2 Se espera que el creyente salvo asuma el camino de la madurez espiritual lo antes posible

Ntd3 Las nueve parábolas son las siguientes según mbs-040 (The Parables of the Kingdom) de Dr. Arnold G. Fruchtenbaum.

  1. La parábola del sembrador (o de los terreno Et
  2. La parábola de la semilla que crece por sí sola Eu
  3. La parábola de la cizaña. Ev
  4. La parábola de la semilla de mostaza. Ew
  5. La parábola de la levadura. Ex
  6. La parábola del tesoro escondido. Fb
  7. La parábola de la perla. Fc
  8. La parábola de la red. Fd
  9. La parábola del padre de familia. Fe

Primero: esta época se caracteriza por la siembra de la semilla del Evangelio. Esta edad (la edad de la cristiandad), se extiende desde el tiempo en que Jesús es rechazado en Mateo 12 hasta que es aceptado en los días que termina la Gran Tribulación.

Segundo: esta era se caracterizará por las diferentes preparaciones de la tierra.
Tercero: esta era se caracterizará por la oposición del mundo, la carne y el diablo.
Cuarto: esta era se caracterizará por cuatro diferentes respuestas a la Palabra, que se destacan en la primera parábola.