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La parábola de la semilla que crece por sí sola
Marcos 4: 26-29

La parábola de la semilla que crece por sí sola ESCUDRIÑAR: ¿Cómo complementa esta parábola, a Et Parábola de los Suelos? ¿A quiénes iba dirigida esta parábola? ¿Por qué intentaba el Señor tranquilizar sus mentes? ¿En qué se parece la siembra de una semilla insignificante, que da como resultado una gloriosa espiga de trigo, a la siembra de la semilla del Evangelio que da como resultado el reino de Dios?

REFLEXIONAR: La cosecha ¿depende de nosotros? ¿Cuál es la parte de Dios en el Reino de Dios? ¿Y cuál es nuestra parte? ¿Por qué nos permite sembrar? ¿Cómo lo hace usted? ¿Cómo se siente al darse cuenta de que es coheredero con Cristo en el Reino de Dios y que un día usted reinará con Él? ¿Qué dice eso sobre lo que ADONAI piensa de usted? ¿Cómo puede eso marcar la diferencia hoy en su vida?

El punto principal de la parábola de la semilla que crece por sí sola es que la semilla del Evangelio tendrá una energía interior para que brote por sí misma.

La primera dupla de versículos se compone de las parábolas de la semilla que crece sola (verdadera) y el trigo y la cizaña (falsa), que demuestran que una siembra verdadera será imitada por una contrasiembra falsa. Esta parábola nos enseña que el misterio de la regeneración no depende del agricultor. Esta parábola es una semejanza porque toma una ilustración de la vida cotidiana y Jesús la usa para ilustrar Su punto. Transmite el conocimiento basado en lo que les es común. Dado que los apóstoles serían comisionados para proclamar el mensaje del Reino hasta los confines de la tierra (Mateo 28:19-20), sería fácil para ellos sentir que la cosecha dependía de sus esfuerzos. El Señor de la Vida quería dejar claro que cualquier cosecha producida, sería el resultado de plantar la semilla y luego, permitir que la vida en la semilla se revele a su debido tiempo mediante el crecimiento y el fruto en el momento de la cosecha.689

Decía, además: El reino de Dios es como cuando un hombre echa la semilla en la tierra: Duerme y se levanta, noche y día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo (Marcos 4:26-27). Una vez más el Reino venidero se compara con la cosecha. La inactividad del agricultor después de la siembra, se describe vívidamente. Su vida es muy ordenada: duerme y trabaja día y noche. Pero, sin que él tenga pensamientos ansiosos ni ningún paso activo, la semilla crece de la siembra al brote, del brote a la floración, y de la floración a la maduración: un proceso de crecimiento incesante. Noche y día, ya sea que duerma o se levante, la semilla brota y crece, sin que él sepa cómo. La semilla que se plantó según la primera parábola, inexplicablemente, se regenerará, brotará a la vida y producirá vida eterna en el creyente. Esta tiene un poder interior, una energía interior, de modo que esta cobra vida por sí sola.

Éste es el misterio de la regeneración.

Las fuerzas de la vida y el crecimiento siguen eludiendo nuestro conocimiento. Incluso hoy desconocemos demasiado sobre cómo una semilla se transforma en planta, y luego produce fruto. ¿Quién puede explicar la vida en una semilla que crece y se multiplica? ¿Cómo pudo la esencia de la vida permanecer latente durante cuatro mil años en las semillas halladas en una tumba egipcia y aun así cobrar vida al ser plantadas? El misterio de la vida es la cuestión de los siglos.690

Al mismo tiempo, ¿cómo es posible que una simple semilla del evangelio —que Jesús murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día— resulte en regeneración? ¿Cómo es posible que algo que ocurrió hace más de dos mil años hiciera que una persona pasara del reino de las tinieblas al reino de la luz?

Ése es el misterio.

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Todo lo que el granjero puede hacer es esparcir la semilla en tierra preparada, que brote no depende de él. Por sí misma da fruto la tierra: primero un tallo, luego una espiga, luego grano lleno en la espiga (Marcos 4:28). Cuando escuchamos a personas compartir su experiencia de conversión, podemos pensar que su fe se produjo de repente. Sin embargo, su salvación a menudo conlleva una larga historia de peregrinación espiritual antes de tomar esa decisión. Ellos necesitaron tiempo para reflexionar sobre la Buena Nueva. Para ellos, llegar al Salvador fue un proceso. Esto es similar al proceso de la agricultura: meses de espera llegan a su fin y los trabajadores acuden a los campos para ayudar con la cosecha. Nuestra fe, como un cultivo, necesita tiempo para crecer.691

El agricultor simplemente estaba plantando la semilla. El surgimiento de la vida fue resultado de la semilla. La tierra, por lo tanto, da fruto automáticamente. Pero el secreto del crecimiento está en la semilla misma. De la misma manera, plantamos la semilla de la Palabra de Dios; la tierra, es decir el alma, la recibe y, Dios el Espíritu Santo trabaja en el corazón del pecador, utiliza la semilla plantada y la hace germinar y crecer. Así son las cosas según la naturaleza, y también según la Dispensación de la Gracia; haga clic en el enlace y vea el comentario sobre Hebreos Bp La Dispensación de la Gracia.

Así como a la siembra le llegará a su debido tiempo la cosecha, así también el misterio presente del Reino será seguido por las glorias del Reino mesiánico. Y cuando el fruto lo permite, enseguida mete la hoz, porque ha llegado la siega (Marcos 4:29). Qué gran contraste entre la aparente insignificancia del principio y el gran final. Así como la espiga de trigo es el resultado de la semilla, el fin está implícito en el principio. Lo infinitamente grande actúa en lo infinitamente pequeño. En el presente, y de hecho en secreto, el resultado ya está en marcha. A aquellos a quienes se les ha dado a entender, el misterio del reino de Dios ya se ve en su inicio oculto y aparentemente insignificante.

Esta seguridad inquebrantable de que la hora de Dios se acerca, es un elemento crucial en la predicación de Yeshua. La hora de Dios se acerca, no, más aún, ya ha comenzado. En el principio del Mesías, el fin ya está implícito. Por eso he puesto mi rostro como un pedernal (vea Isaías 50:7 y Lucas 9:51) y nada pudo detenerlo. Ninguna duda respecto a Su misión, ningún desprecio, ninguna falta de fe, ninguna impaciencia, puede hacer vacilar al Salvador de los pecadores. Podemos tener confianza en que, así como creó algo de la nada (Génesis 1:1), el Rey de reyes está llevando a cabo Sus comienzos hasta su consumación. Solo necesitamos creer en Él a pesar de las apariencias.692 Conociendo primero esto: En los postreros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? ¡Pues desde que durmieron los padres todo permanece igual desde el principio de la creación! (Segunda Pedro 3:3-4). Pero no olviden esto: el día del Señor vendrá como ladrón en la noche (vea Segunda Pedro 3: 8-10).

En cuanto a la venida del Reino mesiánico, Dios tiene Su parte y nosotros tenemos la nuestra. Como deja claro esta parábola, la semilla del evangelio tendrá una energía interior que le permitirá cobrar vida por sí sola. Eso es obra de Dios. Él es todopoderoso y está fuera del tiempo. Puede crear algo de la nada (Génesis 1:1). Pero, Dios eligió que lo ayudáramos en esta gran obra. De lo contrario, Él no habría entrenado a los talmidim para que siguieran esparciendo más semillas después de que Él regresara al Padre (vea Et La Parábola de los terrenos). No porque Él necesita nuestra ayuda o no puede lograr Sus propósitos por Su cuenta, sino porque desea que participemos con Cristo como coherederos en ese Reino (Romanos 8:17) y reinemos con Él (Segunda Timoteo 2:12). Solo necesitamos ser fieles con los dones espirituales que nos ha dado. Cuando llegue la cosecha depende de Dios y no de nosotros. La energía interior está en la semilla del evangelio, no en nosotros. Pero, como niños pequeños en el campo con su Padre, todo lo que Él nos pide que hagamos es ayudarlo a esparcir la semilla de la vida. Esa es nuestra parte.

Vamos a ver nueve parábolas que desarrollan un flujo básico de pensamiento. Hasta ahora vimos:
(1) La parábola de los terrenos (Et) enseña que habrá una siembra del Evangelio a lo largo de la Era de la Iglesia.
(2) La parábola de la semilla que crece por sí sola (Eu) enseña que la semilla del evangelio tendrá una energía interior que le permitirá brotar a la vida p
or sí sola.