Jesús camina sobre el agua
Mateo 14:24-33; Marcos 6:47-52; Juan 6:16-21
Jesús camina sobre el agua ESCUDRIÑAR: ¿Por qué no fue Jesús con los apóstoles en la barca? Tras un día frustrante, ¿qué nuevo problema encontraron los talmidim en el lago de Tiberíades? ¿Por qué los Doce estaban aterrorizados? ¿Qué tres cosas hizo Cristo para calmar sus temores? ¿Qué no entendieron los apóstoles en el milagro de la alimentación de los cinco mil que podría haberlos ayudado en esta experiencia? ¿Qué intentaba enseñarles el Señor?
REFLEXIONAR: La valentía es el miedo que ha orado. ¿Por qué Dios pone a prueba nuestra fe? ¿De qué maneras ha sido puesta a prueba su fe? ¿Cómo le ha respondido Jesús en su prueba de fe? ¿Por qué Yeshua ignora a quienes se creen autosuficientes? En su momento de mayor temor, el Mesías tranquilizó a los talmidim con palabras de consuelo. En tiempos de prueba ¿cómo ayuda conocer al Señor? Cuando llega la prueba, ¿cómo puedo recordarme que Jesucristo siempre está ahí, aunque no pueda verlo?
Después de alimentar a los cinco mil, nuestro Salvador necesitaba un tiempo a solas. Envió a los apóstoles en la barca a su siguiente destino. En tiempos de Cristo, viajar en barca era la forma más rápida de viajar. La mayoría de los viajes debían ser por tierra, pero, siempre que una ruta pudiera incluir navegación, el viaje solía ser más corto. Es decir, a menos que comenzaran a soplar vientos de tormenta.
Cuando se hizo la tarde, sus discípulos bajaron al mar, y entrando en una barca, iban al otro lado del mar hacia Cafarnaum (Juan 6:16-17a). Cuando se hizo la tarde, quiere decir las seis de la tarde, los talmidim de Jesús bajaron al lago de Tiberíades, a veces llamado Mar de Galilea, o el Lago, y en una barca y cruzaban el lago hacia Genesaret, la fértil llanura al suroeste de Capernaúm. Con las velas blancas desplegándose sobre aguas tranquilas, la navegación hacia Genesaret parecía tranquila.
Y luego de despedir a las multitudes subió al monte a orar en privado, y al anochecer estaba allí solo (Mateo 14:23; Marcos 6:46 y Juan 6:17b). Para entonces ya habría oscurecido y Jesús se había quedado algunas horas en el monte para orar en privado, pues no se había unido a ellos. Que el Mesías se retire solo a orar nos da una pista de la crisis que se avecina. Solo hay seis ocasiones en los Evangelios en las que Yeshua se retira a orar, y cada incidente implica la tentación de no llevar a cabo la misión que Dios le encomendó, una misión que finalmente traería sufrimiento, rechazo y muerte. Estas crisis parecen intensificarse y alcanzar su clímax en la agonía de Getsemaní.799
La primera vez que se alejó a orar solo fue cuando el Maestro fue llevado al desierto y tentado por el diablo. Allí, el Espíritu Santo estuvo presente con Él mientras se enfrentaba a la serpiente antigua (vea el enlace haga clic en Bj – Jesús tentado en el desierto).
En segundo lugar, Jesús fue al monte a orar solo antes de Su segunda gran gira de predicación (vea Cm – Jesús recorrió Galilea proclamando la Buena Nueva). Sabía que el adversario se opondría activamente a Su misión y que sería necesaria la oración.
En tercer lugar, el Señor oró solo después de Su primer milagro mesiánico (Lucas 5:16). Durante la etapa de observación, Él sabía que atraería la atención del Sanedrín, pues era responsabilidad de ellos investigar cualquier afirmación de mesianismo. Y así Él lo hizo, por lo tanto, los miembros del Sanedrín viajaron hasta Capernaúm para escucharlo predicar. Cristo sabía que sería un punto de inflexión en Su ministerio terrenal, pues no solo sanó a un paralítico ese día, sino que, aún más importante, Jesús perdonó sus pecados, afirmando ser deidad (vea Co – Jesús perdona y sana a un paralítico).
En cuarto lugar, Yeshua el Mesías se retiró a un lugar tranquilo a orar antes de elegir a Sus talmidim que continuarían Su ministerio después de Su partida (vea Cy – Estos son los nombres de los Doce Apóstoles). Estas fueron decisiones importantes y necesitaba estar solo y orar al respecto.
En quinto lugar, después de alimentar a los cinco mil, el pueblo quiso proclamarlo rey. Así, el Rabino de Galilea envió a Sus talmidim de vuelta a través del lago, a Genesaret, y despidió a la multitud antes de subir a la ladera del monte a orar solo (vea Fo – Jesús rechaza la idea de un Mesías político). Demoró su visita a Sus apóstoles lo suficiente para salvarlos de otra tormenta. Al caminar sobre el agua, demostró Su deidad.
Y en sexto lugar, en el clímax de la oración del Siervo Sufriente, estuvo solo bajo tanta tensión que Su sudor era como gotas de sangre que caían al suelo, presagiando la cruz en la mañana (vea Lb – El huerto de Getsemaní).
Pero la barca, distando ya muchos estadios de la costa, era zarandeada por las olas, porque el viento le era contrario (Mateo 14:24); vea Marcos 6:47-48a y Juan 6:18). Porque en un viaje normal a través del extremo norte del Mar de Galilea, la barca no se habría alejado más de uno o dos kilómetros de la orilla en ningún momento; la tormenta obviamente la había arrastrado mucho hacia al sur, en medio del mar. Cuando Jesús vio a los talmidim fatigados de remar, ellos ya estaban a una distancia considerable de tierra. La pequeña embarcación era azotada en la noche por un viento en contra y el mar se iba levantando a causa de un gran viento que soplaba (Juan 6:18b) alejándolos cada vez más de su destino y acercándolos cada vez más a la calamidad.
Tengo buenas noticias para ti, amigo. El Señor los vio remando con esfuerzo y te ve remando con esfuerzo en tu vida. Él conoce tus problemas. No tienes que hacer una señal para hacérselo saber. Él ya lo sabe, y más que eso… Se preocupa. Ten fe en Él, pase lo que pase en medio de la noche oscura.
Los apóstoles seguían remando con esfuerzo durante la cuarta vigilia de la noche (Mateo 14:25a), cuando habían remado cosa de veinticinco o treinta estadios (Juan 6:19a). La noche se dividía en cuatro vigilias o turnos. La primera era de seis de la tarde a nueve de la noche, la segunda de nueve de la noche a doce, la tercera de doce a tres de la madrugada, y la cuarta de tres de la mañana a seis de la mañana, o justo antes del amanecer. Así que ellos, ¡solo habían remado unos cinco kilómetros tardando de seis a nueve horas! Básicamente no avanzaban y estaban totalmente exhaustos y desesperanzados. Un tiempo suficiente para que más de un talmid pensara: “¿dónde está Jesús? nosotros estamos agotados, Él sabe que estamos en la barca y en primer lugar ¡fue idea suya!”
Pero, Yeshua conocía su situación mucho antes de que sucediera. Él esperó muchas horas antes de ir a ellos, tal como esperó a que Lázaro hubiera estado muerto durante tres días antes de ir a Betania. En ambos casos, pudo haber llegado mucho antes, y en ambos casos pudo haber evitado la muerte de Lázaro o el estallido de la tormenta. Pero, para cumplir Sus propósitos divinos, permitió que María y Marta en Betania y los talmidim en el lago llegaran al límite de sus fuerzas antes de actuar. Los dejó por un tiempo en medio de su aflicción para prepararlos para la victoria de su fe, después de Su resurrección y para los años de ministerio venideros. 800
Los Doce deberían haberse regocijado como David: Si subo a los cielos, allí estás Tú, Y si en el Seol preparo mi lecho, allí estás Tú. Si tomara las alas del alba, Y habitara al extremo de los mares, Aun allí me alcanzará tu mano, Y me asirá tu diestra (Salmo 139:8-10). Los apóstoles deberían haber recordado que ¡Sea YHVH un alto refugio para el oprimido, Un baluarte en tiempos de angustia! (Salmo 9:9), ¡YHVH, roca mía y castillo mío, y mi libertador! Dios mío y fortaleza mía, en quien me refugio, mi escudo y mi cuerno de salvación, mi alta torre (Salmo 18:2), y que Él los mantendría a salvo mientras caminaban por el valle de sombra de muerte (Salmo 23:4a).
Los talmidim habían olvidado las propias palabras del Mesías o la seguridad de que Su Padre celestial conocía todas sus necesidades antes de que se las pidieran (Mateo 6:32), que ni un solo gorrión caería a tierra sin que su Padre lo supiera, y que hasta los cabellos de su cabeza están contados (Mateo 10:29-30). Solo podían pensar en su propio peligro y solo podían sentir su propio miedo.

Cuando habían remado cosa de veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús andando sobre el mar y acercándose a la barca; y tuvieron temor (Mateo 14:25; Juan 6:19). Pero, Yeshua no se había olvidado de los apóstoles. Entonces vieron a Jesús andando sobre el mar y acercándose a la barca; y tuvieron temor. La palabra “sobre” es epi, que, usada en genitivo (como en este caso), significa contacto. Las sandalias de nuestro Señor tuvieron contacto real con el agua. Caminó sobre la superficie del agua como nosotros caminaríamos sobre pavimento duro. Este es el quinto de los siete milagros del Señor en el libro de Juan (Juan 2:1-11; 4:43-54; 5:1-15; 6:1-15; 9:1-34; 11:1-44).
Necesitaban pedirle ayuda y ellos ven a Jesús andando sobre el mar y acercándose a la barca; y tuvieron temor (Juan 6:19c), y vea Marcos 6:48. A diferencia de la tormenta anterior que Jesús calmó, esta simplemente provocó vientos y olas que resistieron el avance de ellos. Los talmidim trabajaron arduamente durante nueve horas. Absortos en sus propios esfuerzos, aparentemente casi se perdieron de ver a Yeshua caminando sobre el agua. Ellos probablemente se preguntaban por qué no los había acompañado en su viaje, pero se sorprendieron, e incluso temieron cuando apareció de repente. Cuando estamos tan absortos en los desafíos de la vida, o incluso obedeciendo la dirección de Cristo, perdemos la sensación de Su presencia, ya que hemos desviado nuestra atención hacia lo equivocado. Las pruebas a menudo vienen a llamar nuestra atención de nuevo a Jesús.801
Sin duda, las condiciones de tormenta y la visibilidad limitada, contribuyeron al temor incluso de los experimentados pescadores galileos a bordo. Y, así como hubo un propósito específico cuando Yeshua demoró dos días más en ir a ver a Su amigo Lázaro enfermo; aquí, el Señor tenía una razón específica para no unirse antes a los Doce (Juan 6:17a), mientras remaban con dificultad al cruzar el lago (vea Ia – La resurrección de Lázaro: la primera señal de Jonás). Él aprovechó estratégicamente ambos retrasos para obrar milagros que despertaran la fe y la confianza de Sus apóstoles. «Es un fantasma», gritaron de miedo. El término «fantasma» proviene del griego, significa aparición, criatura de la imaginación.
…pero enseguida Él habló con ellos. Les dice: ¡Tened ánimo, Yo soy, no sigáis temiendo! (Mateo 14:27; Marcos 6:50b; Juan 6:20). En ese momento, Jesús los consuela, ellos estaban aterrorizados y necesitaban oír: Yo Soy. No tengan miedo. El hebreo moderno (ani hu) quizás no captura totalmente la fuerza de Su declaración. En griego, es la frase YO SOY (ego eimi), y se usa en el Evangelio de Juan como una declaración de la naturaleza divina del Mesías. En hebreo clásico sería una forma de YHVH, el mismo nombre de Dios, que es el tiempo hebreo imperfecto del verbo ser. ADONAI es eterno y omnipotente, el gran YO SOY. Ya que Jesús estaba tratando de asegurar a Sus apóstoles que tenía todo bajo control, esta habría sido la mejor manera posible de decirlo. Inmediatamente ellos reconocieron Su voz.
Desde la época de Luciano de Antioquía, en la segunda mitad del siglo II, este milagro ha sido ridiculizado. Los incrédulos, desde la época de David Friedrich Strauss, lo han considerado un mito. A Strauss le resultaba especialmente difícil creer que el cuerpo de Cristo realmente desafiara la ley de la gravedad. El naturalismo del siglo XVIII intentó justificarlo, afirmando que la barca de los apóstoles se mantuvo cerca de la orilla y que Jesús no caminaba sobre el agua, sino sobre la tierra.802 Por supuesto, la Biblia ve las cosas de otra manera. Declara que sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6a).
Cristo no caminó sobre el agua para enseñar a los Doce cómo hacerlo. Pedro lo intentó y fracasó; y no hay constancia de que los demás lo intentaran. En cuanto a los apóstoles, Jesús buscaba prepararlos para Su muerte y resurrección inminentes. Este milagro fue una profecía de la resurrección. El mismo cuerpo que había caminado sobre el agua, también atravesaría una puerta cerrada con llave, sin abrirla (Juan 20:19-29).
Una mañana de septiembre de 2011, Frank Silecchia se ató las botas, se puso el sombrero y salió de su casa en Nueva Jersey. Como obrero de la construcción, se ganaba la vida fabricando cosas. Pero, como voluntario en los escombros del World Trade Center, simplemente intentaba encontrarle sentido a todo. Esperaba encontrar un cuerpo vivo, no lo encontró, solo encontró 47 muertos.
Sin embargo, en medio de tanta muerte, se topó con un símbolo: una cruz de acero de seis metros de altura. El derrumbe de la Torre Uno del Edificio Seis creó una cámara rudimentaria en el desorden. En la cámara, a la luz del amanecer polvoriento, Frank divisó la cruz…

Un símbolo en los fragmentos. Una cruz en la crisis. “¿Dónde está Dios en todo esto?”, nos preguntamos. El descubrimiento nos retó a tener esperanza: “Justo en medio de todo”.
¿Se puede decir lo mismo de nuestras tragedias? Cuando la ambulancia nos quita a nuestro hijo, la enfermedad a nuestro amigo, la economía nos quita la jubilación o el infiel nos quita el corazón, ¿podemos, como Frank, encontrar a Cristo en medio de la crisis? La presencia de pruebas no nos sorprende. Pero la ausencia percibida de Dios puede destrozarnos.
Podemos lidiar con la ambulancia si Dios está en ella.
Podemos soportar la UCI si Dios está en ella.
Podemos afrontar la casa vacía si Dios está en ella.
Desde dentro de la tormenta de nuestras vidas surge la voz inconfundible: YO SOY.803
En respuesta, Pedro ideó una asombrosa señal de confirmación. Si la figura borrosa en las sombras de la noche era realmente el rabino Yeshua, ¡entonces pediría un milagro! Pedro entonces, respondiéndole, dijo: Señor, si eres Tú, manda que vaya hacia ti sobre las aguas (Mateo 14:28). Pedro no estaba probando al Mesías; le estaba suplicando. Adentrarse en un mar tempestuoso no es un acto de lógica; es un acto de desesperación. Pedro se agarró al borde de la barca. Extendió una pierna… y siguió con otra, dio varios pasos. Era como si una base invisible de rocas corriera bajo sus pies. Al final de la base estaba el rostro radiante de un Amigo inquebrantable. Hacemos lo mismo, ¿no? Venimos a Cristo en un momento de profunda necesidad. Abandonamos el barco de las buenas obras. Nos damos cuenta… de que la fuerza humana no nos salvará. Así que miramos a ADONAI con desesperación. Nos damos cuenta de que… todas las buenas obras del mundo no son nada ante el Cordero de Dios.804

Él dijo: ¡Ven! Y bajando de la barca, Pedro anduvo sobre las aguas y fue hacia Jesús. Pero al ver el viento, tuvo miedo y comenzó a hundirse, y gritó diciendo: ¡Señor, sálvame! (Mateo 14:29-30). El amor de Pedro por el Salvador era imperfecto y débil, pero real. Mientras tanto los demás apóstoles observaban con asombro. Mientras mantuvo la mirada fija en el Señor, pudo replicar el milagro del Mesías caminando sobre el agua. Cristo permitió que ese milagro ocurriera para beneficio de Pedro.
Fiel a Su carácter compasivo, al instante, Jesús extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: ¡Falto de fe! ¿Por qué dudaste? (Mateo 14:31). En el proceso, amonestó con dulzura a Pedro (y a los demás) al decirlo. La fe es solo tiempo presente; no se acumula como si fuera una cuenta bancaria. Pedro pasó de tener mucha fe (saliendo del barco), a poca fe (comenzando a hundirse), en cuestión de segundos.
Pero, la poca fe de Pedro era mejor que ninguna fe; y, como en el patio cuando negó al Señor, al menos estaba allí, en el patio, y no escondido bajo un arbusto como el resto de los talmidim. Al menos se dirigió hacia Yeshua, y cuando titubeó, el Mesías lo guió el resto del camino (vea Mn – Jesús restituye a Pedro). Pedro (Kefa) un día escribiría: Ahora, por cuanto es necesario, estáis siendo un poco afligidos por diversas pruebas, para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro (el cual, aunque perecedero, es probado por fuego), sea hallada en alabanza, gloria y honra en la revelación de Jesús el Mesías (Primera Pedro 1:6-7).805
Y subió junto a ellos en la barca, y se calmó el viento; y se asombraban en gran manera, pues no habían entendido lo de los panes, sino que su corazón estaba embotado (Mateo 14:32; Marcos 6:51-52). Y como para confirmar de nuevo el poder de Cristo sobre la naturaleza, subieron a la barca, y se calmó el viento. El verbo griego para calmar es kopázo, que significa cesar la violencia, dejar de enfurecerse. La forma sustantiva significa golpear, fatigar o cansar. Es una palabra hermosa y pintoresca. Fue como si el mar se hundiera en reposo, exhausto por su propia furia.806 21 Entonces lo recibieron con gusto en la barca, y enseguida la barca llegó a la tierra adonde iban (Juan 6:21). Ellos se asombraban en gran manera, pues no habían entendido lo de los panes, sino que su corazón estaba embotado. Este modismo (estar embotado) no significaba que fueran poco amables, más bien, su razonamiento y emociones se resistían al desarrollo. Diríamos que eran “cabeza dura”. La lección aquí para los apóstoles era que necesitaban depender del Mesías en cualquier situación que no pudieran manejar ellos mismos. Esta, por supuesto, era la lección que deberían haber aprendido antes (vea Fn – Jesús alimenta a los 5000).
Y los que estaban en la barca lo adoraron, diciendo: verdaderamente Tú eres el Hijo de Dios (Mateo 14:33). Todos los doce lo adoraron, del griego: proskuneo, significa besar el rostro. Después de la tormenta, los apóstoles lo adoraron. Como grupo, nunca lo habían hecho antes. Nunca, compruébelo, abra su Biblia. Busque otro momento en el que los doce lo adoraron a Él. No lo encontrará. No los encontrará adorándolo cuando sana al leproso. Perdona a la adúltera. Ni cuando predica a las masas. Ellos estaban dispuestos a seguirlo. Dispuestos a dejar a sus familias. Dispuestos a expulsar demonios. Pero, solo después del incidente en el Mar de Galilea... lo adoran. ¿Por qué? Sencillo. Esta vez... ¡fueron ellos los que se salvaron! 807
Es realmente lamentable que Pedro y los demás apóstoles sean retratados con frecuencia como hombres torpes y débiles, desconectados de Jesús. Si bien es cierto que eran simples mortales cuando el Mesías llegó a Israel, ¡al menos Pedro salió de la barca! Esto es especialmente loable si consideramos que la morada del Espíritu Santo no comenzaría hasta el futuro día de Pentecostés (Shavuot). Cabe destacar que Pedro caminó sobre el agua hasta que apartó la mirada de Yeshua. ¿Acaso no caemos todos en algún momento en tentaciones y distracciones similares cuando nos apartamos de nuestra simple confianza en Cristo? ¿Buscamos las olas que nos rodean o a nuestro Mesías, quien las creó?808
Señor Jesús, no permitas que me enfrasque tanto en servirte que deje de buscarte a Ti. Recuérdame que la resistencia y las dificultades, a veces me ayudan a ver que Tus propósitos tienen menos que ver con lo que yo logro, y más con lo que Tú logras en mí y a través de mí. Ayúdame a confiar en que, sea lo que sea que necesites hacer para cumplir Tus propósitos en mi vida, Tú lo harás, y en el momento perfecto. Enséñame a buscarte y no dejarte pasar. Amén. Él es fiel. 809


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