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La guardia en la tumba de Jesús
Mateo 27:61-66; Marcos 15:47; Lucas 23:55-56
Shabat, el 16 de Nisán

La guardia en la tumba de Jesús ESCUDRIÑAR: ¿Qué tenía de significativo que se cantara el Salmo 92 en ese Shabat en particular? ¿Qué dos cosas extremadamente inusuales sucedieron ese Shabat? ¿Cuál fue la importancia del sello romano en la tumba del Mesías? ¿Qué les costaría a los guardias romanos si Jesús “escapaba”? ¿Cómo las precauciones de Anás, sin darse cuenta, dieron más validez a las afirmaciones de los apóstoles, de que Jesús había resucitado tuvieran más validez que si no se hubiera tomado ninguna?

REFLEXIONAR: ¿Cuándo le ha sorprendido Jesús? ¿Qué lo tomó por sorpresa a usted? ¿Fue una sorpresa agradable o desagradable? ¿Qué aprendió? ¿Le quedó grabada la lección?

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Cantando en el Templo: El inicio y el final del Shabat se anunciaban con un toque de trompeta desde el punto más alto de la Estoa Real, en la esquina suroeste del Monte del Templo. Del Tratado del Talmund Thamid sabemos exactamente qué salmo se habría cantado en qué día de la semana en relación con el holocausto diario en el Templo. Quince escalones semicirculares conducían desde el Patio de las Mujeres, a través de la Puerta de Nicanor, hasta el Patio de los Gentiles. En las grandes fiestas, estos magníficos escalones servían de podio para el coro y los músicos. En el día de descanso del Shabat, cantaban un salmo, una canción para el Shabat.

¡Bueno es alabarte, oh YHVH, Y cantar salmos a tu nombre, oh Elyón! Anunciar por la mañana tu misericordia, Y tu fidelidad en las noches, Con el decacordio y el salterio, Con el dulce tono del arpa. Oh YHVH, ciertamente me has hecho alegrar en tu obra; Por las obras de tus manos doy gritos de júbilo.  ¡Cuán grandes son tus obras, oh YHVH! Muy profundos son tus pensamientos.  El hombre torpe no lo sabe, El insensato no entiende esto:  Cuando los malvados reverdecen como la hierba, Y florecen todos los que hacen iniquidad, Es para que sean destruidos eternamente.  Pero Tú, YHVH, eres exaltado por siempre.  Porque he aquí tus enemigos, oh YHVH, He aquí tus enemigos perecerán; Serán dispersados todos los que hacen iniquidad.  Pero Tú aumentarás mi fuerza como la del búfalo, Seré ungido con aceite fresco, Y mis ojos mirarán por encima de mis enemigos, Y mis oídos oirán de aquellos inicuos que se levantaron contra mí.  El justo florecerá como la palmera, Crecerá como cedro en el Líbano, Plantados en la Casa de YHVH, Florecerán en los atrios de nuestro Dios.  Aun en la vejez darán fruto, Estarán llenos de savia y verdor, Para manifestar que YHVH es recto, Mi Roca es, y no hay injusticia en Él (Salmo 92:1-15).1639

Etapa 31 – Preparación para el embalsamamiento: Y las mujeres que habían ido con Él desde Galilea, siguiendo de cerca, observaron el sepulcro y cómo había sido puesto su cuerpo. Y después de regresar, prepararon aromas y mirras. Y reposaron fielmente el sábado, conforme al mandamiento (Mateo 27:61-66; Marcos 15:47; Lucas 23:55-56). Las mujeres prepararon los materiales para el embalsamamiento. Sorprendentemente, María Magdalena permaneció allí durante todo el calvario, hasta que todo terminó, y todos los demás se fueron a casa (haga clic en el enlace y vea EgMaría Magdalena apoyó a Jesús con sus propios recursos. Y la otra María, la madre de Santiago el Menor y de José, también estaba sentada frente al sepulcro, comenzando los siete días de luto que comienzan con el entierro de un ser querido. Si alguien hubiera inventado este relato de la sepultura, no habría incluido mujeres en la historia, ya que en la cultura judía las mujeres no eran consideradas testigos confiables.

Alrededor del Templo, miles de lámparas ya se encendían anticipando lo que sería un Shabat doblemente grandioso. El sacrificio final del día estaba casi terminado y hombres cargando corderos parecían descender en cascada por las ricas escaleras de mármol. En una habitación interior, Anás conversaba informalmente con otros saduceos que habían visto morir a Jesús.

Anás era anciano y sabio, y escuchaba a los saduceos de mayor rango mientras le contaban las horribles acciones de José de Arimatea y Nicodemo. Pero al anciano no le importaba en absoluto. Las herejías de algunos miembros del Gran Sanedrín eran asuntos que había presenciado una y otra vez a lo largo de muchos años. En su época, Anás había visto cómo nuevas escuelas de enseñanza rabínica se ponían de moda, se desvanecían y desaparecían. Y había visto a las multitudes acudir en masa a cada nuevo filósofo religioso, inclinándose ante él como si Dios mismo lo hubiera enviado.

El no creía que se tratara de ningún movimiento nuevo. José y Nicodemo pronto recobrarían la cordura. Ellos regresarían al Templo, contritos, o serían recusados en una sesión formal del Gran Sanedrín, la Corte Suprema Judía del país, y acusados de promover doctrina herética. Ellos reconocerían su rebelión y serian excomulgados, o la negarían y mantendrían sus lugares entre sus compañeros honorables (vea Gt Jesús sana a un hombre nacido ciego: El tercer milagro mesiánico).

Lo que preocupaba a Anas era que el “falso” Mesías había dicho, en Sus enseñanzas, que resucitaría a los tres días. Ahora que había muerto, había una tarea más que hacer. Los principales sacerdotes tendrían que acudir a Poncio Pilato por la mañana para pedir que se apostaran guardias sobre la tumba de José de Arimatea para que sus intrigantes seguidores no pudieran venir a robar el cuerpo y luego afirmar que había resucitado.

Así que, cuando su yerno y los demás concluyeron su horrible historia de deshonra, Anás se humedeció los labios y les aconsejó que se preocuparan más por la promesa del Rabino “alborotadorde resucitar de entre los muertos. Los principales sacerdotes no habían pensado en esto, y de inmediato comenzaron a murmurar, tratando de pensar qué hacer. Pero Anás alzó la mano y los tranquilizó a todos, y les ordenó que delegaran una comisión para que fuera a Pilato al pretorio y, de ser posible, le pidieran que colocara una guardia romana sobre la tumba. Caifás elogió a su suegro como un hombre de gran sabiduría.1640

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Etapa 32 – El Sellado de la Tumba: Y al día siguiente, que es después de la Preparación, los principales sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato (Mateo 27:62). No solo era Shabat, sino también un día santo. Dos cosas extremadamente inusuales sucedieron ese día. Primero, era muy inusual que los líderes religiosos judíos se reunieran con un gobernante pagano y secular en cualquier Shabat, y mucho menos en un Shabat tan grande. Aún más asombroso parece que de hecho entraron en las cámaras del concilio de Pilato en el pretorio. El día anterior, habían tenido cuidado de no entrar en el pretorio en absoluto, sino que enviaron a Jesús adentro para ver a Pilato. Para hablar con los líderes religiosos judíos, Pilato tuvo que salir al pórtico. Pero después de su muerte, esos líderes piadosos estaban tan desesperados por terminar con el encuentro con el impostor (en sus mentes) que ¡incluso violaron el Shabat! Dado que ellos habían quebrantado todas sus propias leyes, no dudaron en violar el Shabat para sus propios fines perversos (vea Lh Las reglas del Gran Sanedrín respecto a los Juicios). En segundo lugar, los saduceos y los fariseos eran fuertes oponentes teológicos. La Biblia solo registra otra ocasión en la que estos dos grupos cooperaron, y en ambos casos su única motivación común fue el odio al Nazareno.

Señor, dijeron: recordamos que aquel impostor, estando aún vivo, dijo: Después de tres días, soy resucitado. Manda pues que sea asegurado el sepulcro hasta el tercer día, no sea que lleguen sus discípulos y lo hurten, y digan al pueblo: Fue resucitado de los muertos. Y sea el postrer error peor que el primero (Mateo 27:63-64). La implicación era que la afirmación de Jesús sobre la realeza se confirmaría ante los ojos de la gente crédula y, aunque muerto, se convertiría en una amenaza aún peor para Roma. En efecto, decían: «si las masas lo aclamaron como su Mesías y Rey a Su entrada en Jerusalén hace apenas unos días, piensen cuánto más lo aclamarán como su Rey si se les hace creer que ha vencido a la muerte y resucitado. Aunque la idea sea absurda, si realmente creen que está vivo, también creerán que Roma no tiene poder sobre Él y que es invencible. Entonces sí que tendrán una sublevación.1641

Resulta bastante irónico que quienes se oponían a Yeshua creyeran con más firmeza en Su posible resurrección que Sus propios apóstoles. Si bien los saduceos y fariseos no creían personalmente que Jesús fuera el Mesías, temían que, de alguna manera, Sus palabras se cumplieran.

Es intrigante que, en algunos pasajes posteriores del Talmud, Yeshua, o como lo llaman Él allí, Ben Stada, más tarde identificado como Ben Pandira (Jesús), es acusado de engañar a Israel a través de algún tipo de magia que supuestamente estudió en Egipto (Tratado Shabat XI.15; Shabat 13d). El Talmud, de hecho, confirma que Yeshua obró milagros en Israel (y que Su familia visitó Egipto en un momento dado) pero simplemente atribuye esos milagros no a ADONAI sino al Adversario (Talmud de Babilonia: Sanedrín 67). Con el mismo tipo de lógica, aquellos líderes religiosos del primer siglo en Israel especularon que algunos de Sus discípulos lo hurten como su engaño final. Ellos no podían arriesgarse en la comunidad judía, y Pilato ciertamente no quería más problemas con los judíos.1642

Pilato les dijo: Tenéis una guardia. Id, aseguradlo como sabéis. Y ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra en compañía de la guardia (Mateo 27:65-66). La guardia romana (temporalmente al servicio de los líderes religiosos judíos) y coloco el sello romano impreso en cera sobre la piedra. El sello probablemente fue proporcionado por Pilato y advertía que la tumba estaba bajo la ley romana, y que romperlo se castigaba con la muerte. Ese debería haber sido el final. El Rabino “problemático” había muerto. El Gran Sanedrín y Roma podían estar tranquilos. Los talmidim del Nazareno aparentemente se habían dispersado por los cuatro confines de la tierra. Ellos habían demostrado ser tímidos e inútiles.

Pilato también se sintió aliviado. Podía regresar a Cesarea para gobernar en paz sin la constante intromisión del Sanedrín y los judíos. Él estaba harto de los problemas de ellos.

Jerusalén debió de experimentar una amplia gama de emociones ese Shabat de la semana de Pésaj. Sin duda, hubo una alegría increíble por parte de los cientos de miles de peregrinos judíos que llenaron la Ciudad de David durante esa semana tan sagrada. El Séder se celebró con familiares y amigos, además de los encantadores servicios en el Templo Sagrado. Algunos estaban al tanto del controvertido arresto y crucifixión del rabino de Galilea. Pero la mayoría eran ignorantes o indiferentes, pues tenían sus propias responsabilidades espirituales. El espíritu sereno del Shabat del 16 de Nisán inundó Jerusalén y, apropiadamente, el cuerpo del Mesías reposó en la tumba en ese día de descanso.

Pedro (Kefa), sin embargo, nos dice que, entre la muerte de Jesús en la cruz y Su resurrección, nuestro Señor murió en la carne, pero vivificado por el espíritu, en el cual también fue a predicar a los espíritus encarcelados (1 Pedro 3:18-19). El estaba espiritualmente vivo, pero físicamente muerto. En algún momento durante esos tres días, fue y predicó a los espíritus encarcelados, quienes habían estado encerrado en lúgubres calabozos más bajos que el Seol en el Tártaro (vea el comentario sobre Judas Ak Los Ángeles no mantuvieron sus posiciones de autoridad).

El apóstol Pablo/rabino Saulo menciona lo mismo cuando el Mesías había descendido a las profundidades de la tierra (Efesios 4:9). El Tanaj se refiere al lugar de los muertos como Seol (Deuteronomio 32:22; Job 26:6; Salmo 16:10). Una parte del Seol era un lugar de tormento y agonía, ocupado por los muertos injustos y por los demonios que en un tiempo desobedecieron, cuando esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca (Primera Pedro 3:20a). Sin embargo, otra parte del Seol era un lugar de contentamiento y descanso, habitado por los muertos justos que habían puesto su fe en Dios. El lado de Abraham (Lucas 16:22) era un nombre común para el seol en tiempos del Mesías. Ellos residieron allí hasta que Yeshua pagó por sus pecados en la cruz. Luego, tras declarar la victoria sobre esos mismos demonios, el Señor de la Vida liberó a los cautivos piadosos y los condujo al cielo cuando ascendió a lo alto (vea Efesios 4:8). Entre quienes lo acompañaron estaban Adán, Eva, Abel, Set, Matusalén, Lamec, Noé y todos los justos del TaNaJ antes de la cruz, incluyendo a los mencionados en el salón de la fe del libro de Hebreos (vea el comentario sobre Hebreos Cl El Salón de la Fe).

Poco sabía el mundo que ni siquiera las medidas extremas de Pilato y el Gran Sanedrín podrían evitar los acontecimientos del tercer día que se aproximaba rápidamente. De hecho, esas precauciones darían más validez a las afirmaciones de los apóstoles de que Él había resucitado que si no se hubiera tomado ninguna. El escenario estaba listo para que Yeshua venciera a nuestro mayor enemigo: la muerte misma.1643