–Save This Page as a PDF–  
 

Jesús resucita al hijo de una viuda
Lucas 7: 11-17

Jesús resucita al hijo de una viuda ESCUDRIÑAR: Segunda Reyes 4:8-37 dice de Sunem, y Naín está muy cerca una de la otra. A la luz de eso, ¿por qué Cristo realizó este milagro en este pueblo en particular? ¿Qué significaba que esta mujer fuera viuda y qué fuera su único hijo? ¿Qué reveló sobre Sí mismo? ¿Qué atrajo a Jesús a este cortejo fúnebre?

REFLEXIONAR: ¿Qué nos dice sobre Jesús esta historia, y la de la fe del centurión del archivo anterior? ¿Cómo influyen Su amor y autoridad en usted? ¿Cuándo escuchará usted Su voz? ¿Cuándo fue la última vez que usted experimentó la compasión del Señor? ¿Cuándo le ha restaurado Yeshua el Mesías algo que nunca pensó que podría recuperar?

La temprana primavera en Galilea fue, sin duda, la más auténtica materialización de la imagen del Cantar de los Cantares, cuando la tierra se vistió de hermosura y el aire entonó cánticos de nueva vida. Parecía como si cada día trajera un círculo cada vez más amplio de poder por parte del Señor; como si cada día también trajera una nueva sorpresa y una nueva alegría. El día anterior, fue la tristeza de un centurión gentil la que conmovió el corazón del Comandante Supremo de la vida y la muerte. Aquí, es la misma tristeza de una madre judía la que conmovió el corazón del Hijo de Miriam. En esa Presencia, el dolor y la muerte no podían continuar. No importaba si tenía que entrar en la casa de un gentil u otra cosa; nada podía contaminarlo.

Un poco después, aconteció que fue a una ciudad llamada Naín. E iban con Él sus discípulos y una gran multitud (Lucas 7:11). Poco después de sanar al criado del centurión, Jesús salió de Capernaúm y se dirigió a un pueblo llamado Naín. Está a unos cuarenta kilómetros, pero incluso caminando no habría dificultad para llegar a Naín por la tarde, cuando solían celebrarse los funerales. Diversos caminos conducen hacia y desde Naín; y el que se extiende hasta el mar de Galilea y sube hasta Capernaúm está claramente marcado.

https://jaymack.net/wp-content/uploads/2018/11/Unknown-4-300x150.jpeg

En ese momento, cuando se acercó a la puerta de la ciudad, he aquí estaban sacando a enterrar a un difunto, hijo único de su madre, siendo ella misma viuda; y una gran multitud de la ciudad estaba con ella (Lucas 7:12). Al acercarse los dos grupos por el estrecho camino, la pregunta era ¿quién cedería el paso al otro? Sabemos lo que exigía la antigua costumbre judía. Pues, de todos los deberes sagrados, ninguno se aplicaba con más rigor que el de consolar a los dolientes y mostrar respeto a los muertos acompañando la procesión al entierro. La idea popular de que el espíritu del difunto rondaba cerca de los restos insepultos durante tres días, debió de intensificar tales sentimientos.

Solo podemos imaginar la escena, la ansiedad alerta y el cuidado cada vez más profundo, el anhelo apasionado de una madre por conservar su único tesoro. La pérdida de un hijo único era especialmente amarga. Después de perder a su esposo, su hijo la apoyaría (bajo la Torá), pero, cuando su hijo murió… ella había perdido su sustento y se vería reducida a vivir el resto de su vida como mendiga. Tras el entierro, se produciría el desvanecimiento gradual de la luz, la despedida y luego el terrible estallido de tristeza.

Y ahora, todo lo que le quedaba por hacer a la madre era solo sentarse en el suelo y gemir. Antes del funeral ella, no comía carne ni bebía vino. Lo poco que comía en casa de un vecino o en otra habitación, lo hacía de espaldas a su hijo muerto. Amigos devotos la ayudaban con los preparativos del funeral. Dado que se consideraba un deber para el judío más pobre proporcionar al menos dos shofares y una mujer de luto, podemos estar seguros de que la madre viuda no habría descuidado lo que se consideraba la última muestra de afecto.

El día que tanto temía ella había llegado, sentía tanto dolor que no sabía si podría continuar. El conocido toque de cuerno había anunciado que, una vez más, el ángel de la Muerte había cumplido su terrible misión. La triste procesión partió de la desolada casa. Una vez afuera, el orador fúnebre precedió al féretro, proclamando las buenas obras del muerto. Inmediatamente antes del muerto, iban las mujeres, algo peculiar de Galilea, y el Midrash explicaba la razón por la cual la mujer había traído la muerte al mundo. Comúnmente, el rostro del cadáver quedaba descubierto. A medida que avanzaba el ataúd, los portadores de los restos, a intervalos frecuentes, se relevaban para que el mayor número posible de personas pudiera compartir la obra de amor. Durante esas pausas, se oía un fuerte llanto. Detrás del féretro caminaban los familiares, sus amigos y luego una gran multitud del pueblo. Se habían pronunciado las últimas palabras de tristeza por el difunto. El cuerpo había sido tendido en el suelo; se le había cortado el pelo y las uñas, se había lavado, ungido y envuelto el cuerpo con lo mejor que la viuda podía permitirse.

Entonces, por el camino de Capernaúm, una gran multitud seguía al Señor de la Vida. Allí se encontraron: la Vida y la muerte. Pero los dolientes no hicieron que Él se detuviera, tampoco lo hizo la multitud. Era la madre: la expresión de su rostro y el enrojecimiento de sus ojos. El Mesías supo de inmediato lo que estaba sucediendo. Era su hijo, su único hijo, a quien llevaban. Y si alguien conoce el dolor de perder a un hijo, a un único hijo, ese es Dios.

Al verla, el Señor fue movido a compasión a causa de ella, y le dijo: No llores (Lucas 7:13). Por lo tanto, Aquel que era el Varón de dolores experimentado en quebranto (Isaías 53:3b) se llenó de compasión. Su corazón se conmovió por ella. El verbo “se conmoviótraducido como “planjnízomai”, se usa numerosas veces en los evangelios para significar preocupación amorosa o compasión. Está relacionado con el sustantivo “splagcna”, que significa “las partes internas del cuerpo”. El sustantivo se usa diez veces en el Brit Hadashah (Lucas 1:78; Segunda Corintios 6:12, 7:15; Filipenses 1:8, 2:1; Colosenses 3:12; Filemón 7, 12 y 20; Primera Juan 3:17). Ella no lo notó porque todavía estaba llorando, pero Él se acercó a ella y le dijo: No llores.617

Y acercándose, agarró el féretro, de manera que los que lo llevaban se detuvieron. Y dijo: Joven, a ti te digo: ¡Levántate! (Lucas 7:14). Ellos no podían imaginar lo que sucedería después de detenerlos. Pero el asombro del milagro venidero —como si fuera la sombra de las puertas abiertas de la vidalos había sobrecogido. El rabino hacedor de milagros dijo: Joven, a ti te digo, ¡levántate! Alivió el dolor de la madre, no con una palabra de consuelo, sino demostrando que Él era en verdad la resurrección y la vida (Juan 11:25a). Jesús es la Vaca Roja (o ternera alazana), sin mancha ni defecto, que nos libra de la muerte mediante el agua de la purificación (vea el comentario sobre Números Da – La Vaca Roja).

El Dador de Vida también habló directamente al hermano de María y Marta, que yacía en el sepulcro, cuando le dijo: ¡Lázaro, sal fuera! (Juan 11:43). Nosotros escucharemos Su voz en el Arrebatamiento (haga clic en el enlace vea el comentario sobre Apocalipsis, By El Arrebatamiento de la Iglesia). La Escritura nos dice: porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en el Mesías resucitarán primero. Después nosotros, los que vivamos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados simultáneamente con ellos en las nubes al encuentro con el Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor (Primera Tesalonicenses 4:16-17). Él viene por nosotros con un clamor.

https://jaymack.net/wp-content/uploads/2018/11/Life-of-Christ-Eb-Jesus-Raises-a-Widows-Son.jpeg

Al instante, el muerto se incorporó y comenzó a hablar. Y lo entregó a su madre (Lucas 7:15); una prueba fehaciente de que estaba realmente vivo. Debió de parecerle como si despertara de un largo sueño. ¿Dónde estaba ahora? ¿Por qué su madre lloraba? ¿Quiénes lo rodeaban? ¿Y quién era Él, cuya luz y vida parecían iluminarlo? Jesús seguía siendo el vínculo entre la madre y el hijo, quienes se reencontraron. Y así, en el sentido más auténtico, Jesús lo entregó a su madre. ¿Cabe alguna duda de que, a partir de ese momento, la madre el hijo y el pueblo de Naín confiaron en Yeshua como el verdadero Mesías? 618

La respuesta a este milagro fue inmediata. Y un gran temor los sobrecogió, y glorificaban a Dios, diciendo: ¡Un gran profeta se ha levantado entre nosotros y Dios ha visitado a su pueblo! Y su fama se extendió por toda Judea y por toda la región circunvecina (Lucas 7:16-17). La gran multitud del pueblo se llenó de asombro, literalmente el miedo se apoderó de todos, y glorificaban a Dios. No se trataba de terror, sino de santa reverencia a un gran profeta…, sin duda pensando en los ministerios de Elías (1 Reyes 17:17-24) y Eliseo (2 Reyes, capítulos 1 al 4). «ADONAI vino a ayudar a Su pueblo», es una expresión común en el Tanaj que describe las acciones de Dios a favor de Su pueblo, vea Éxodo 4:31 ó Rut 1:6. Esta noticia sobre Jesús se difundió por toda Judea y sus alrededores.

¿Qué habría atraído a Cristo a un cortejo fúnebre por el hijo único de una viuda? ¿Fue la curiosidad? ¿Le atrajo la conmoción y el llanto, el duelo ritual propio de los funerales en Oriente Medio? No, sobre todo, se sintió atraído a esta escena debido a la compasión que siempre lo atrae a Él hacia los afligidos y los necesitados.

Cuando el rabino de Galilea se encontró con un leproso judío, extendió la mano y lo sanó porque sintió compasión (vea Marcos 1:41). Cuando Yeshua envió a los doce apóstoles, viendo las multitudes, se le enternecieron las entrañas por ellas, porque estaban agotadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor (Mateo 9:36), Él sintió compasión de ellos. Cuando el Rabino hacedor de milagros alimentó a los 5000, vio un gran gentío, y se le enternecieron las entrañas por ellos, porque eran como ovejas que no tienen pastor, vea Marcos 6:34b. Cuando el Príncipe de los pastores pasaba cerca de Bartimeo y su amigo, clamaron sin cesar: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! (Mateo 20:29-34). Entonces Jesús, movido a compasión, les tocó los ojos, y al instante recobraron la vista, y lo siguieron (Mateo 20:34). Jesús le dijo: Recibe la vista. Tu fe te ha salvado (Lucas 18:42). Vea Ntd

De manera similar, en esta otra escena, fue la compasión del Mesías por la viuda lo que lo atrajo a Su lado.

Nosotros también estuvimos una vez espiritualmente muertos y sin esperanza. Pero el Príncipe de la Vida tuvo compasión de nosotros y, por Su muerte y resurrección, nos rescató de la muerte eterna a la vida eterna en Él (vea el enlace haga clic en Ms La seguridad eterna del creyente). Así como el pueblo de Naín alabó a Dios al presenciar un milagro maravilloso en medio de ellos, nosotros podemos regocijarnos y alabar a ADONAI por la gran obra que está realizando en nuestras vidas. En Su misericordia, Dios decidió rescatarnos y acercarnos a Sí mismo, revelándonos Su amor para que pudiéramos acoger Su salvación: Nosotros amamos, porque Él nos amó primero (Primera Juan 4:19).

Dedique un tiempo hoy a orar y anote las diferentes maneras en que ha experimentado usted la compasión y la ternura del Señor. Piense en cómo le rescató de la muerte mediante Su cruz y le dio nueva vida en el Espíritu. Intente recordar situaciones específicas en las que experimentó Su consuelo, sabiduría o fortaleza. Observe a los diferentes miembros de su familia y piense en cómo Dios los ha cuidado. Como receptores de ese amor y gracia, ahora estamos llamados a compartir ese amor con quienes nos rodean. Pidamos al Espíritu que nos enseñe a amar como Jesús ama para que podamos ser embajadores de Cristo en este mundo.

Señor, que Tu compasión por nosotros nos llene de compasión por los demás, especialmente por aquellos de nuestras familias y por aquellos que no tienen conocimiento personal de Tu gran amor y misericordia.619

Ntd: Vea sobre la ceguera Mateo 20:29-34; Marcos 10:46–52 y Lucas 18:35–43