La parábola de la perla
Mateo 13: 45-46
La parábola de la perla ESCUDRIÑAR: ¿Cómo se relaciona esta parábola con la parábola del Tesoro Escondido? ¿A quién representa cada parábola? ¿Cómo es eso? ¿Dónde encontramos eso en las Escrituras? ¿Con qué emoción y energía debemos profundizar en ella? Si las parábolas fueron dadas para que los fieles pudieran entenderlas, ¿qué impidió que los talmidim del Mesías comprendieran plenamente la parábola de la Perla cuando la escucharon por primera vez? ¿Cómo expuso Yeshua algunas suposiciones de sus oyentes judíos?
REFLEXIONAR: ¿Alguna vez ha invertido sin calcular primero el costo? ¿Cómo se relaciona esto con la espiritualidad? ¿Lo está apostando todo o está asegurándose una salida?
El punto principal de la parábola de la Perla es que los gentiles también llegarán a un conocimiento salvador del Mesías, y serán unidos a la Iglesia universal invisible.
También el reino de los cielos es semejante a un mercader en busca de buenas perlas, y cuando encontró una perla muy preciosa, fue y vendió todo lo que tenía y la compró (Mateo 13:45-46).
La tercera dupla se compone de las parábolas del Tesoro Escondido (Israel) y la Perla (Gentiles), que muestran que la pared intermedia de separación, ha sido derribada por Jesús el Mesías (vea Efesios 2:14) y, que judíos y gentiles juntos forman la Iglesia universal invisible. Jesús ya no está frente a una multitud junto al Mar de Galilea, sino solo con Sus discípulos (talmidim) en la casa (probablemente en la de Pedro).
Aunque la Biblia revela que la parábola del tesoro escondido representa a Israel, no dice exactamente qué representa la perla. Sin embargo, cuando se usa simbólicamente, implica que representa a los gentiles por dos razones.
Primero, proporcionaría el contraste resultante con los judíos en la parábola anterior, porque el Misterio del Reino incluye tanto a judíos como a gentiles.
En segundo lugar, la perla tiene su origen en el mar, un símbolo común de los gentiles (Daniel 7:23; Apocalipsis 17:1 y 15).718

Continuando Su enseñanza en la casa, Jesús enseñó esta parábola: También el reino de los cielos es semejante a un mercader en busca de buenas perlas, y cuando encontró una perla muy preciosa, fue y vendió todo lo que tenía y la compró (Mateo 13:45-46). Obviamente el mercader consideró que esa perla en particular debía valer más que todas sus otras perlas juntas, porque habrían sido incluidas en la venta de todo lo que tenía.
Cuando Yeshua les dio estas parábolas a los Doce en la casa, no comprendieron plenamente su significado, como tampoco comprendieron por qué Cristo tuvo que morir en la cruz. Especialmente tales misterios como el de los gentiles (como ramas) son injertados en el olivo nutritivo (Romanos 11:17-25). De hecho, el Mesías tuvo que explicarles la parábola de la cizaña. Pero, aun así, las parábolas tenían valiosas ideas porque después de que Cristo ascendiera al Padre, recordarían Sus palabras y las entenderían más completamente en ese momento. Por ejemplo, después de que Jesús limpiara los Atrios del Templo al comienzo de Su ministerio, los judíos pidieron una señal que probara Su autoridad para hacer tal cosa. Respondió Jesús, y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron entonces los judíos: Durante cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú lo levantarás en tres días? Pero Él hablaba del templo de su cuerpo. Cuando fue pues resucitado de entre los muertos, sus discípulos recordaron que había dicho esto, y creyeron a la Escritura y a la palabra dicha por Jesús, (vea Juan 2:13-22).
Esta parábola presenta dos puntos.
Primero, las heridas de Cristo compraron a los gentiles de la Iglesia universal invisible.
Segundo, las perlas se forman por acreción gradual, el proceso por el cual una perla se desarrolla cuando una sustancia extraña cae en la ostra. La ostra empieza a cubrir esta partícula, una y otra vez, hasta que gradualmente se convierte en una perla. Uno de los propósitos principales de la Iglesia es, llamar de entre los gentiles a un pueblo para Su nombre hasta que se cumplan los tiempos de los gentiles (haga clic en el enlace y vea el comentario sobre Apocalipsis An – Los tiempos de los gentiles) Ntd1. Esto se refleja en esta parábola.719
Al relatar Sus parábolas, Yeshua expuso algunas suposiciones de Sus oyentes judíos. Los rabinos enseñan que todo Israel tiene una parte en el mundo venidero. Creían que estaban destinados a entrar en el Reino de los Cielos solo por ser judíos. Estas parábolas les advertían que no dieran por sentado el Reino. Solo quienes percibieran su inmensurable valor y estuvieran dispuestos a sacrificarlo todo entrarían. Nótese que el hombre que encontró el tesoro, vendió todo lo que poseía por puro gozo (Mateo 13:44; vea también Filipenses 3:7-8). Así sucede con la salvación. Para la mente no regenerada, la idea de entregarlo todo a Yeshua el Mesías es absurda. Sin embargo, un corazón creyente se entrega al Salvador de los pecadores con gran alegría. La espléndida libertad del pecado y las bendiciones infinitas de la vida eterna, superan con creces el costo de someterse a la autoridad de Dios (vea Ms – La seguridad eterna del creyente).
El mercader vendió todo lo que tenía y la compró. ¿Enseña esta parábola que los pecadores deben dejar de pecar antes de venir a Cristo? La respuesta es no. Lo que sí quiere decir es que la fe salvadora no conserva derechos propios. Jesús lo quiere a usted por completo. La fe salvadora no se aferra a pecados favoritos, ni a posesiones preciadas, ni a placeres secretos. Es una entrega incondicional, la disposición a hacer cualquier cosa que el Señor pida. La vida eterna es un regalo gratuito (Romanos 6:23). Pero eso no significa que no haya costo. Yeshua ya pagó el rescate con Su sangre. La paradoja es esta: la salvación es gratuita y costosa. Es evidente que un nuevo creyente no comprende plenamente todas las consecuencias de ser esclavo del Mesías en el momento de la fe (vea Bw – Lo que Dios hace por nosotros en el momento de la fe). El verdadero creyente, sin embargo, tiene el deseo de rendirse. Eso es lo que distingue la verdadera confianza de una falsa confesión. La verdadera fe es humilde, sumisa y obediente. A medida que crece la comprensión espiritual, esa obediencia se profundiza y cada hijo (maduro) del Reino demuestra un afán por agradar a nuestro Salvador entregándolo todo al Señor. Esta es la expresión ineludible de una nueva creación (Segunda Corintios 5:17).
Las parábolas del Tesoro Escondido y la Perla son una clara advertencia para quienes se comprometen sin calcular primero el costo. El Maestro advirtió a las multitudes volubles que calcularan el costo, con cuidado antes de seguirlo (Lucas 14:28-33). Los inversionistas sabios no suelen invertir todo su dinero en una sola cosa. Pero eso es exactamente lo que hicieron los hombres de estas dos parábolas. El primer hombre lo vendió todo y compró un campo, y el segundo hombre vendió todo y compró una perla. Pero, habían calculado el costo; sabían que lo que compraban valía la inversión suprema. Una vez más, este es un ejemplo perfecto de la fe salvadora. Quienes verdaderamente creen en el Señor no se arriesgan. Conociendo el costo del discipulado, el verdadero creyente maduro se compromete y lo entrega todo a Jesucristo.720
Las nueve parábolas que hemos visto desarrollan un flujo básico de pensamiento:
(1) La parábola de los terrenos (o del Sembrador) (Et) enseña que habrá una siembra del Evangelio a lo largo de la Era de la Iglesia.
(2) La parábola de la semilla que crece por sí sola (Eu) enseña que la semilla del Evangelio tendrá una energía interior que le permitirá brotar por sí sola.
(3) La parábola del trigo y la cizaña (Ev) enseña que la verdadera siembra será imitada por una falsa contra siembra.
(4) La parábola del grano de mostaza (Ew) enseña que la Iglesia visible asumirá un crecimiento externo anormal.
(5) La parábola de la levadura (Ex) enseña que la doctrina de la iglesia visible será corrompida.
(6) La parábola del tesoro escondido (Fb) enseña que incluso con la corrupción doctrinal de Israel, un remanente será salvado.
(7) La parábola de la perla (Fc) enseña que los gentiles de la Iglesia universal invisible también llegarán al conocimiento salvador de Cristo. Judíos y gentiles juntos, el Tesoro Escondido y la Perla, forman la Iglesia universal invisible.
Ntd1. Puede ver también: Lucas 21:24; Hechos 15:14-17 y Romanos 11:25


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