La resurrección de Lázaro: la primera señal de Jonás
Juan 11: 1-44
La resurrección de Lázaro fue la primera señal de Jonás ESCUDRIÑAR: ¿Cómo se sintieron María y Marta ante la llegada tardía de Jesús? ¿En qué se diferenciaron María y Marta en la forma en que expresaron sus sentimientos? ¿Cree usted que las palabras del Mesías a Marta fueron tranquilizadoras para ella? ¿Por qué sí o por qué no? ¿Cómo le comunicó Marta su fe a Yeshua? ¿Cómo respondió Cristo al duelo de María, Marta y los demás? Ya que el Señor sabía que iba a resucitar a Lázaro (Juan 11:11), ¿por qué Él lloró en el versículo 35? ¿Cómo demostró la respuesta de Marta tanto fe como falta de fe?
REFLEXIONAR: ¿Alguna vez ha sentido usted que Dios no le escuchaba cuando oraba? ¿Cómo enfrentó esto? ¿Cómo le ayuda a comprender su propia vida de oración la forma en que el Mesías pospuso Su respuesta a la petición de la hermana? ¿Cuándo usted se ha enfrentado recientemente a una situación difícil que puso a prueba su fe? ¿Qué habría sido diferente si simplemente usted hubiera evitado esa lucha? ¿Cómo le consuelan las palabras y las acciones de este pasaje? ¿Cómo le ha ayudado Dios en un momento de decepción?
Jesús había dicho previamente que no haría más milagros públicos para convencer a Israel de que era el Hijo de Dios. Ahora, la única señal que les quedaría sería la señal de Jonás (vea el enlace, haga clic Eo – La señal del profeta Jonás).
La resurrección tiene un propósito. El propósito principal fue fortalecer la fe de los talmidim de Cristo porque pronto moriría. Él estaba fortaleciendo la fe de ellos. Su primer milagro en las bodas de Caná de Galilea no fue público, sino que tenía como propósito fortalecer la fe de los discípulos en Él antes de comenzar Su ministerio; este milagro tampoco es público y se realizó para fortalecer la fe de Sus apóstoles en Él antes de Su inminente muerte y crucifixión. Pero la razón secundaria fue una señal para la nación de Israel. Esta fue la señal que Él prometió darles: La primera señal de Jonás.
En este contexto, Juan describió el preludio de la resurrección de Lázaro. Yeshua había salido de Jerusalén porque Su vida corría peligro allí, pero no era el momento de morir. Así que nuevamente fue al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan estaba bautizando al principio, y permaneció allí. Y muchos acudieron a Él, y decían: Juan, a la verdad, ninguna señal hizo; pero todas las cosas que dijo Juan acerca de éste eran verdaderas. Y muchos creyeron en Él allí (Juan 10:40-42). Allí en Perea, grandes multitudes acudieron a escuchar a Jesús predicar y muchos creyeron en Él. Este pudo haber sido el tiempo de ministerio más fructífero que los Doce habían presenciado, desde que comenzaron a seguir al rabino hacedor de milagros. El pueblo reaccionó. Las almas estaban siendo salvadas. Y Yeshua pudo ministrar libremente sin la oposición de los líderes religiosos de Jerusalén. Pero algo sucedió que interrumpió el tiempo junto a ellos en el desierto.
Estaba entonces enfermo cierto hombre, llamado Lázaro, de Betania, la aldea de Miriam y de Marta su hermana (Juan 11:1). Betania, estaba las afueras de Jerusalén. Cristo había formado una relación cercana y amorosa con esta pequeña familia. Los amaba con un afecto especial. Él se quedó con ellos y ellos proveyeron para Sus necesidades. Juan nos informa que Miriam, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era aquella que había ungido al Señor con perfume, y enjugado los pies con sus cabellos. Las hermanas enviaron pues a decirle: Señor, he aquí el que amas está enfermo (Juan 11:2-3). Sabían que, si Yeshua venía a ver a Lázaro, podría sanarlo. Esto estaba a un día de camino. El Gran Médico podría haber llegado con tiempo de sobra. Sin embargo, se demoró en ir porque tenía un propósito especial.
Al oírlo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y Jesús amaba a Marta y a su hermana, y a Lázaro. Pero cuando oyó: Está enfermo, entonces permaneció dos días más en el lugar donde estaba. Luego, después de esto, dice a los discípulos: Vamos otra vez a Judea (Juan 11:4-7). Pasó dos días más desde el día en que recibió la noticia de que Su amigo estaba enfermo. Entonces les dijo a Sus apóstoles: vamos otra vez a Judea. Este era un viaje de un día que duró cuatro (Juan 11:17 y 39).
Esto presentaba un problema. Si el Mesías se acercaba tanto a Sion, estaría entrando en la “boca del lobo” de la peor hostilidad. Procuraron otra vez prenderlo, pero escapó de sus manos (Juan 10:39), estos eran sus oponentes judíos. Ellos ya estaban decididos a matarlo. Yeshua ya se les había escapado una vez, pero si regresaba a Betania, que está a sólo tres kilómetros de la Ciudad de David, ellos era casi seguro que lo descubrirían y posiblemente cumplirían su sanguinario deseo.
Los Doce pensaron que Jesús estaba loco. Le dicen los discípulos: Rabbí, hace poco los judíos procuraban apedrearte, ¿y otra vez irás allá? Jesús respondió: ¿No hay doce horas en el día? Si uno anda de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo. Pero si uno anda de noche, tropieza, porque la luz no está en él (Juan 11:8-10). Sinceramente, ellos tampoco querían regresar. El ministerio en Perea fue fenomenal y en Sion todos ellos corrían el riesgo de ser apedreados. La respuesta de Yeshua fue interesante, y les da una ilustración. En otras palabras, Cristo no tenía por qué andar a escondidas como un delincuente común. Él estaba decidido a hacer Su obra a plena luz del día, porque eso es lo que se hace para no tropezar. Los líderes religiosos apóstatas eran quienes andaban en tinieblas y eran quienes corrían el peligro de tropezar.
Jesús les dijo eso a Sus talmidim para calmarlos. Obviamente no iba a volver a morir en ese momento. No era aún la llegada de Su hora. Además, sabía la hora exacta de Su muerte y la de Su amigo Lázaro. Dichas estas cosas, después les dice: Nuestro amigo Lázaro se ha quedado dormido, pero voy a despertarlo (Juan 11:11).
Pero los apóstoles de Cristo no entendieron lo que quería decir, entonces los discípulos le dijeron: Señor, si se ha dormido será sanado (Juan 11:12). Pensaron: «si solo duerme, ¿por qué no dejarlo descansar? Después de todo, el Mesías ya dijo que no moriría. Los Doce no comprendían la urgencia de la situación. Parecía que ya se estaba recuperando.
(Pero Jesús hablaba acerca de su muerte, mientras ellos pensaban: Se refiere al reposo del sueño.) Así que Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto. Y me alegro por vosotros de no haber estado allí, para que creáis. Pero vayamos a él (Juan 11:13-15). Por consiguiente, Jesús realizó este milagro para reforzar la fe de los apóstoles en Su persona y en Su poder. Ellos necesitarían fe ante la oposición de la nación que pronto lo condenaría a muerte. Ahora ellos comprendieron. El Gran Maestro tuvo que regresar, y no habría manera de disuadirlo. Pero esto les parecía a ellos una misión suicida. Ellos estaban convencidos de que, si Yeshua regresaba a Betania, todos ellos serían asesinados en poco tiempo. Sin embargo, Él ya había tomado una decisión.
Entonces Tomás, el llamado Dídimo, dijo a sus condiscípulos: Vayamos también nosotros para que muramos con Él (Juan 11:16). Algunos han criticado injustamente la sombría perspectiva de Tomás. Pero él simplemente reconoció la realidad de la situación. Los fariseos solo deseaban ver a Jesús muerto, y estaban dispuestos a hacer cualquier cosa para matarlo. Pero Tomás permaneció firme junto a Él ante lo que parecía una muerte segura.
En general, las pérdidas no son una parte agradable de la vida. Y perder amigos es particularmente triste. La presencia de Dios en nuestras vidas debería arrojar una luz ligeramente diferente sobre las pérdidas, especialmente las causadas por la muerte. ¿Por qué? Porque la muerte no limita el poder de Dios. Si podemos confiar en que Él sacará algo bueno, incluso de asuntos de vida o muerte, ¿no podemos aprender a confiar en Él en las pérdidas más pequeñas? ¿Recuerda usted algún momento de su vida en que una mala experiencia se convirtió en algo bueno? ¿Cómo le afectó eso? 1141
Cuando llegó Jesús, halló que llevaba ya cuatro días en el sepulcro (Juan 11:17). Los rabinos enseñaban que el espíritu flotaba sobre el cuerpo durante tres días y, que durante ese tiempo siempre existía la posibilidad que resucitara. Pero al final del tercer día, el espíritu descendía al sepulcro. En ese momento, los rabinos enseñaban que no había esperanza de resurrección.1142 Así que, al retrasar Su llegada por cuatro días, nadie podría afirmar que su espíritu era simplemente el espíritu que flotaba sobre el cuerpo.
Y Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; y muchos de los judíos habían acudido a Marta y Miriam para consolarlas respecto al hermano. Así que cuando Marta oyó: Jesús viene, salió a su encuentro; pero Miriam permanecía sentada en la casa (Juan 11:18-20).
La frase “permanecía sentada” o [shiv’ah, Shivá o Shivah], significa siete y se refiere a la costumbre judía de estar de luto durante siete días tras la muerte de un padre, cónyuge, hermano o hijo fallecido. El griego aquí dice solo “sentada”, que es la palabra habitual si solo se refiere a que María se quedó en casa cuando Marta salió. En su comentario del Nuevo Testamento, David Stern comenta: “porque el contexto deja claro que Miryam estaba muy de mañana con su hermano le he añadido shiva en el texto se muestra que su postura era, de hecho, específicamente de luto y no de enfado o disgusto”. El doliente judío se sienta descalzo en el suelo, o en un taburete bajo, en la casa del difunto o de un familiar cercano, y se abstiene de todo trabajo y distracción ordinaria, e incluso de las oraciones obligatorias de la sinagoga, mientras sus amigos lo visitan para consuelo y oración. Ambas hermanas observaban la costumbre, que no era significativamente diferente entonces y ahora; pero Marta, quien evidentemente había asimilado el consejo previo de Yeshua, ahora era la que estaba dispuesta a dejar de lado la costumbre y salir de casa… cuando Marta oyó: Jesús viene, salió a su encuentro (vea Gx – Jesús en el hogar de Marta y María).1143
María y Marta reaccionaron a la muerte de su hermano con el mismo tipo de desilusión y enojo que cualquiera de nosotros tendría. Entonces Marta dijo a Jesús: ¡Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano! (Juan 11:21). Básicamente, ella regaña a Cristo por no venir cuando fue llamado por primera vez. Pero yo sé que aun ahora, todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará (Juan 11:22). Ella no reconoció Su poder sobre la muerte y Él básicamente tuvo que persuadir a Marta para que confesara su fe. E incluso eso fue bastante inestable (Juan 11:39b). Sin embargo, el Mesías la trató con ternura, sin ofrecerle reprensión ni expresar ninguna decepción. Y por su parte, Su demora y aparente decisión de no actuar no disminuyeron la confianza de ella en Él.
Pero yo sé que aun ahora, todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. Jesús le dice: Tu hermano se levantará. Marta le dice: Sé que se levantará en la resurrección, en el día postrero (Juan 11:22-24). Jesús tranquilizó a Marta con una declaración de doble sentido. Marta no comprendió de inmediato que Cristo resucitaría a Lázaro. Ella supuso que Jesús se refería a la resurrección final de los fieles, es decir, el Mesías resucitaría entre los muertos cuando Él vino a establecer Su Reino Mesiánico al final de los tiempos (vea el comentario sobre el Apocalipsis Fd – La Resurrección de los Justos del TaNaJ). Sin embargo, ella no comprendió el significado completo del Señor… lo entendería antes del atardecer.
Cristo le aclaró la enseñanza al decir: YO SOY la resurrección y la vida. Este es el quinto de los siete YO SOY de Jesús (Juan 6:35, 8:12, 10:7, 10:11, 14:6, 15:1). La esperanza no se encontraba en un programa, sino en una persona; resurrección y vida. ¡Estaban en Él! Además, instruyó a Marta diciendo: Jesús le dijo: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, de ningún modo morirá eternamente. ¿Crees esto? (Juan 11:25-26). Quien cree en el Mesías recibe Su vida eterna como posesión presente. Quien posee la vida eterna no puede morir jamás (vea Ms – La seguridad eterna del creyente). La muerte física no puede interrumpir la continuidad de la vida eterna. Quien posee la vida eterna puede experimentar la separación del alma del cuerpo, pero nunca experimentará la separación del alma de Dios.
Por lo tanto, el buen Pastor le decía palabras de consuelo a Marta, cuyo hermano había fallecido físicamente. Porque Lázaro había creído en Cristo, no estaba muerto, sino vivo, pues tenía vida eterna. Esto era cierto, aunque pudiera disfrutar de esa vida en otro ámbito. Jesús había dirigido la fe de Marta hacia sí mismo, y ahora preguntó: ¿Crees esto? Le dice: Sí, Señor, yo he creído que Tú eres el Ungido, el Hijo de Dios, el que viene al mundo (Juan 11:26b-27). La declaración de ella fue casi idéntica a la de Pedro (vea Fx – Sobre la Roca edificaré mi Iglesia). Confesó su fe en Él, llamándolo el Ungido, el Hijo de Dios, y confesó su fe en Su obra, refiriéndose a Él como el Mesías que había de redimir y reinar. Los temores de Marta se calmaron gracias a su fe en Jesús.1144
Dicho esto, fue y llamó a su hermana Miriam, diciéndole en secreto: El Maestro está aquí y te llama. Cuando ella lo oyó, se levantó de prisa y fue a Él (Juan 11:28-29). Yeshua evidentemente quería una conversación privada con María. Esta podría ser la razón por la que Jesús permaneció fuera del pueblo por un tiempo.
Ahora bien, Jesús todavía no había llegado a la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta lo había encontrado. Entonces los judíos que estaban en la casa con ella y la consolaban, viendo que Miriam se levantó de prisa y salió, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí (Juan 11:30-31).
El sonido de pasos interrumpió los pensamientos de Jesús. Miriam y un grupo de dolientes se dirigían hacia Él. Desde lejos Cristo probablemente pudo ver los ojos oscuros e hinchados de María. Probablemente, sus mejillas estaban cubiertas de manchas de barro por las lágrimas. Sin dudarlo, Cuando Miriam llegó a donde estaba Jesús, al verlo cayó a sus pies, y le dijo: ¡Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano! (Juan 11:32). Los comentarios de ella reflejaban los de su hermana, pero aparentemente Miriam no se sentía abrumada por los mismos temores que Marta. No fue necesario que Cristo la instruyera para aliviar su carga. El cuerpo de Miriam se estremecía de ira y dolor. Jesús entonces, cuando la vio llorando, y a los judíos que habían llegado con ella, se conmovió profundamente en su espíritu, y se turbó, y dijo: ¿Dónde lo habéis puesto? Le dicen: Señor, ven y ve (Juan 11:33-34) Al ver el dolor y las lágrimas de María, el buen Pastor también se conmovió.
Jesús lloró (Juan 11:35). Este es el versículo más corto de la Biblia, también es uno de los más reveladores. Mientras Miriam se alejaba, Jesús sabía que la resurrección de Lázaro estaba a punto de ocurrir. Pero eso no eliminó Su dolor y tristeza. Y es lo mismo para usted y para mí. Él comprendió que, si bien el conocimiento de la resurrección de Lázaro podía brindar consuelo, no eliminaba su dolor no eliminará tu angustia. Él lo comprende. Usted no está solo en su dolor y pena. El mismo Mesías que lloró con Miriam entonces, llora con usted hoy.
Como era y es el caso, estos judíos no lograron comprender la mente de Cristo. Decían entonces los judíos: ¡Mirad cuánto lo amaba! Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que restauró los ojos del ciego, hacer también que éste no muriera? (Juan 11:36-37). Confundieron Sus lágrimas con una simple muestra de Su amor. Estas palabras no fueron una burla. Ellos eran sinceros, pero confundieron las lágrimas de Yeshua con frustración.1145
Jesús pues, profundamente conmovido otra vez en sí mismo, va al sepulcro. Era una cueva, y una piedra estaba recostada contra ella. Jesús dice: Quitad la piedra. Le dice Marta, la hermana del que había muerto: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dice: ¿No te dije que si crees verás la gloria de Dios? (Juan 11:38-40). En un acto prohibido por la tradición rabínica, Él dijo: quita la piedra de la entrada. Los hombres que obedecieron Su orden se arriesgaron a una profanación ritual; sin embargo, obedecieron. Pero fue Marta, no María, quien una vez más se opuso e intentó impedir la apertura del sepulcro. Entonces Yeshua tuvo que recordarle lo que le había dicho poco antes: si crees, verás la gloria de Dios.
Quitaron pues la piedra. Entonces Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: ¡Padre, te doy gracias porque me has oído! (Juan 11:41). Yeshua oraba con los ojos abiertos, como hacen los judíos hoy en día. Los cristianos suelen orar con los ojos cerrados. La razón más frecuente es para eliminar las distracciones visuales y concentrarse en Dios. Elegir cuál de las dos opciones es una decisión personal. La Biblia no exige ninguna de las dos.1146 Esta oración fue diseñada para mostrar a Sus talmidim y a las otras personas presentes que todo lo que Él hizo fue en completa dependencia de Su Padre. Yo sabía que siempre me oyes, pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que Tú me enviaste (Juan 11:42).

Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! (Juan 11:43). Qué bueno que Jesús llamó a Lázaro por su nombre. Si tan solo hubiera dicho: sal, la resurrección de los justos del TaNaJ pudo haber ocurrido un poco antes. En el Nuevo Pacto, cuando una voz habla sobre la resurrección, siempre es la voz del Mesías. Y el que había muerto salió, atados los pies y las manos con vendas. Y su rostro había sido envuelto en un sudario. Jesús les dice: ¡Desatadlo y dejadlo ir! (Juan 11:44). Lázaro emergió de la tumba todavía envuelto en las vendas de lino empapadas en especias, quizás incluso con dificultad para moverse. Los cadáveres solían estar envueltos en entre 34 y 45 kilos de especias aromáticas (Juan 19:39-40). Debió de ser una visión realmente extraña. Los testigos del milagro tuvieron que ayudar a Lázaro a liberarse de las vendas. Lázaro no salió por su propio poder, sino por el poder de Aquel que le había ordenado salir. Yeshua es la Vaca Roja, sin mancha ni defecto, que nos libra de la muerte mediante el agua de la purificación (vea el comentario sobre Números Da – La Vaca Roja).
Jesús también había resucitado al hijo de una viuda y a la hija de Jairo de entre los muertos (vea Eb – Jesús resucita al hijo de una viuda, también vea Fh – Jesús resucita a una niña muerta y sana a una mujer enferma). El TaNaJ también informa que Elías y Eliseo habían resucitado a personas de entre los muertos (1 Reyes 17:17-24; 2 Reyes 4:17-37). El incidente se relata de tal manera que nadie podría pasar por alto su significado. Cristo había devuelto físicamente a la vida un cadáver de cuatro días muerto, frío y que apestaba. Este milagro corona la carrera de Yeshua antes de Su propia muerte y resurrección. Este es el último de los siete milagros de Jesús en el libro de Juan (Juan 2:1-11; 4:43-54; 5:1-15; 6:1-15; 6:16-24; 9:1-34).
Israel no recibiría más señales que la señal de Jonás, la cual fue la señal de la resurrección (vea el comentario sobre Jonás As – La señal de Jonás). Esta señal ocurriría tres veces diferentes.
La primera señal de Jonás fue la resurrección de Lázaro, que fue rechazada cuando el Sanedrín conspiró para matar a Jesús.
La segunda señal de Jonás fue la resurrección del Mesías que fue rechazada cuando el Sanedrín rechazó la verdad del Evangelio y apedreó a Esteban en Hechos 7:1-60 (vea Mc – La Resurrección de Jesús: La Segunda Señal de Jonás).
La tercera señal de Jonás será la resurrección de los Dos Testigos que será aceptada y todo Israel será salvo (vea el comentario sobre Apocalipsis Dm – La Resurrección de los Dos Testigos: La Tercera Señal de Jonás), y también vea el comentario sobre Apocalipsis Ev – La base para la segunda venida de Jesucristo).
En 1915, el pastor William Barton comenzó a publicar una serie de artículos. Utilizando el lenguaje arcaico de un narrador antiguo, escribió sus parábolas bajo el seudónimo de Safed el Sabio. Durante los siguientes quince años, compartió la sabiduría de Safed y su fiel esposa, Keturah. Era un género que disfrutaba. A principios de la década de 1920, se decía que Safed contaba con al menos tres millones de seguidores. Convertir un acontecimiento cotidiano, en una ilustración de una verdad espiritual fue siempre una característica clave del ministerio de Barton.
La hija de la hija de Keturah vino a nuestra morada y buscó el tarro de galletas de Keturah. Y así lo hicieron los hijos de Keturah en su época. Y así lo he hecho yo a menudo. Solo que, nunca como una sola galleta. Puedo comer cuatro o cinco, pero no puedo comer una de las galletas de Keturah y parar. Y la jovencita comió de las galletas de Keturah. Y creo que siempre habrá galletas en su tarro.
Mientras la joven comía, gritaba de terror.
Y me pregunté qué le habría pasado, pues las Galletas de Keturah no afectan así a la gente. Y lloró, no de dolor, sino de terror. Y dijo: «Ay, abuelo, se me ha caído un diente». Y levantó un dientecito en su manita.
Ahora bien, la pérdida de un diente es un asunto de cierta importancia para mí; pues temo que llegue el día en que dejen de “moler”, pues son pocos. Pero sabía que para ella no era un asunto grave.
Y la consolé y le dije: «No temas. No tiene importancia».
Y ella dijo: Oh, abuelo, ¿puedes devolverlo ponerlo?
Y le dije que no podía, y que no lo haría, aunque pudiera.
Y ella no lo entendió, pero se consoló cuando vio que yo no compartía su miedo.
Y le dije: «No temas, hijita. Los dientes que Dios te dio cuando te salieron, eran de leche, y se te irán cayendo uno a uno. No te preocupes, porque crecerán otros en su lugar que serán más fuertes, mejores y durarán más».
Y ella fue consolada.
Entonces consideré las pérdidas de vidas, el dolor y el miedo que conllevan, y cómo son tan parecidas al miedo que sintió la jovencita cuando perdió el diente. Sí, fui a lugares donde la gente sufría por pérdidas que no podía explicar fácilmente, y mis palabras de consuelo no contenían ningún conocimiento de la bendición que Dios otorgaría en lugar de lo que le habían quitado.
Pero recordé que está escrito en la Palabra de Dios cómo Dios ha provisto algo mejor.
Y tomé el pequeño diente perlado de la mano de la pequeña doncella, y ella se sentó en mi rodilla y comió el resto de su galleta, y yo acaricié su cabello dorado, y oré a Dios por todos aquellos que tienen pérdidas en la vida y que no saben cómo Dios proveerá algo mejor en lugar de ellos.
Porque su dolor es como el dolor de la hija de la hija de Keturah, y hay momentos en que mi sabiduría no alcanza para satisfacer su necesidad.1147


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