La seguridad eterna del creyente
La humanidad vive en una “caja” natural, que nos encierra entre sus muros de tiempo y espacio. Fuera de esta caja está lo sobrenatural, y en lo profundo de nuestro ser, sabemos que está ahí fuera. Pero no sabemos nada seguro al respecto. Así que un día alguien llega y dice: “necesitamos descubrir lo sobrenatural, el mundo “exterior”. Y nace una nueva religión. Quienes se interesan corren al borde de la caja, sacan sus cinceles imaginativos y empiezan a intentar hacer un agujero en el borde, a través del cual puedan arrastrarse, o al menos asomarse, para descubrir los secretos del otro mundo.
En sentido figurado, esto es lo que siempre ocurre.
El budista dice que cuando has trabajado y pensado hasta llegar al Nirvana, de repente te liberas de la norma. Usted trascendido lo natural y encontrado el camino hacia lo sobrenatural.
El musulmán dice básicamente lo mismo, solo que con palabras diferentes. Lo mismo hacen todas las demás religiones: el hinduismo, el islam o lo que sea. Todas son intentos de escapar de lo natural hacia lo sobrenatural. De liberarse de la norma. Pero nuestro problema… es que no podemos liberarnos por nosotros mismos.
Por definición, el hombre o la mujer natural no pueden escapar a lo sobrenatural. No podemos entrar en una cabina telefónica religiosa y transformarnos en un superhéroe religioso. No podemos, por nosotros mismos, trascender nuestra existencia natural. Si sabemos algo de Dios, no será escapando, ni escalando, ni pensando ni trabajando para llegar a Él. Solo será mediante Su venida a nosotros… por Su hablar a nostros. No podemos, por nosotros mismos, entender a Dios, más que un insecto que podamos sostener en la mano, puede comprendernos. Tampoco podemos descender a su nivel ni comunicarnos con insecto, aunque quisiéramos. Pero Dios puede descender a nuestro nivel y comunicarse con nosotros.
Y Él lo ha hecho.
Dios se hizo hombre y entró en nuestra caja para hablarnos de Sí mismo, de forma más completa e inclusiva que a través de Sus profetas. Esta no solo fue revelación divina, sino una revelación divina personal, literal y perfecta. Todas las religiones de la humanidad reflejan un intento de salir de la caja. Pero el mensaje de Jesús el Mesías como Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10).

A. El significado de la seguridad eterna: Es la acción continua del Espíritu Santo en el creyente, mediante la cual la obra de la gracia divina, iniciada en el corazón, continúa y se completa. La seguridad eterna significa que, una vez que una persona ha experimentado la verdadera salvación y ha experimentado una verdadera regeneración, no puede perderla, ni por cometer un pecado específico ni por dejar de creer. No se trata tanto de que podamos deshacer lo que hemos hecho, sino de que no podemos deshacer lo que Dios ha hecho por nosotros. Es la obra del Espíritu Santo (Ruaj HaKodesh) lo que nos mantiene seguros, no nuestras propias obras.
Por un lado, el Nuevo Pacto no aborda que tan lejos tenemos que ir antes de haber cruzado la línea de ser un hijo de Dios, a ser un enemigo de Dios (Santiago 4:4). Uno pensaría que, si pudiera perder la salvación, sería algo muy importante que debería saber. En realidad, si Dios le fuera a desterrar de Su presencia por toda la eternidad, sería cruel no saberlo. Es como la adolescente que sale en una cita. Su padre le dice: “no te quedes afuera hasta muy tarde”, o te voy a desheredar. Alarmada, ella pregunta: “¿qué es demasiado tarde? ¿No me lo vas a decir?” Y él dice: “no… ¡solo asegúrate de no llegar demasiado tarde a casa!” Por otro lado, la Biblia no aborda la cuestión de ser volver a ser salvo. ¿Son los requisitos para la volver a ser salvo (re-salvación) los mismos que para la salvación? Las Escrituras no dan un solo ejemplo de alguien que haya perdido su salvación y haya sido vuelto a salvar. Por muy importante que sería esta doctrina si fuera cierta, uno pensaría que la Biblia nos daría algunos ejemplos. ¿Deberíamos construir toda una doctrina en torno a algo de lo que ni siquiera se menciona? ¡No! Es un argumento basado en el silencio. ¿Puede usted jugar a ser Dios y deshacer lo que Él ya ha hecho? (vea el enlace haga clic en Bw – Lo que Dios hace por nosotros en el momento de la fe). ¿Quién le adopto? ¿Quién le justifico? ¿Quién mora en usted? ¿Quién tiene el control de su vida?
B. La Definición: Es la condición absolutamente infalible e irrevocable de la condición presente de vida eterna otorgada por DIOS al verdadero creyente tanto en el tiempo como en la eternidad.
C. El significado de la palabra eterno: Cuando usted lee la Biblia, las palabras tienen que significar algo. Si las palabras no significan nada, entonces la Biblia no significa nada. Básicamente… ¿eterno significa eterno? Se dice que los creyentes tienen varios tipos de posesiones eternas (Segunda Corintios 4:17; Efesios 3:11; Hebreos 9:12 y Primera Pedro 5:10); Los creyentes tienen vida eterna (Juan 3:36, 4:14, 5:24, 6:27, 6:47, 6:50-51, 6:54, 10:28; Primera Timoteo 1:16, 6:12 y Primera Juan 5:11, 13, 20); y una herencia eterna (Efesios 1:11, Hebreos 9:15 y Primera Pedro 1:4-5). ¿Puede usted colocar la palabra “temporal” en estos versículos? Si eterno no significa eterno, se debería poder sustituir por la palabra “temporal”. La Escritura no puede hablar de que tengamos posesiones eternas ahora, vida eterna ahora y una herencia eterna ahora a menos que sea verdad.
Hay un propósito eterno que Dios tiene para nuestras vidas (Efesios 3:10-11); la salvación, como resultado, ahora es eterna basada en lo que Cristo ha hecho (Hebreos 5:9); nuestra redención es eterna (Hebreos 9:12); tenemos una herencia eterna (Hebreos 9:15); aquellos que tienen esta salvación eterna, herencia y salvación están destinados a la gloria eterna (Segunda Timoteo 2:10; Primera Pedro 5:10); hay una esperanza eterna porque tenemos la garantía de la vida eterna (Tito 3:7; Hebreos 6:17-19); la esperanza eterna, a su vez, proporciona consuelo eterno (Segunda Tesalonicenses 2:16). Dios ha hecho un Pacto eterno y en virtud de que Él es el Guardador de las Promesas, nos mantendrá salvos (Hebreos 13:20). Estamos destinados a un Reino eterno (Segunda Pedro 1:11); ahora tenemos vida eterna y la tenemos en el presente; no es algo que recibiremos más tarde después de la muerte, pero tenemos vida eterna ahora mismo (Juan 3:14-16 y 36, 6:47, 10:28; Tito 3:7). Es fundamental enfatizar que la vida eterna debe significar lo que dice. Si no es eterna —si una persona puede perderla—, entonces es solo vida temporal.1711
D. Hay diez principios detrás del concepto de seguridad eterna:
El primer principio se enfatiza especialmente por el hecho de que el verbo ser salvo se usa a menudo en el tiempo aoristo griego, que tiende a enfatizar un acto singular (por ejemplo, Juan 3:14-15, 4:13-14, 6:35 y 51). El punto es que la salvación no es algo que se repite. La Biblia no dice nada sobre ser “salvo de nuevo”. Dado que ADONAI es un Dios amoroso, esperaríamos una línea clara de demarcación donde Él nos mostraría exactamente qué hacer si perdemos nuestra salvación. Si puede ser salvo y perdido, salvo y perdido, salvo y perdido; si ADONAI puede alternar entre ser nuestro Amigo y nuestro Enemigo, nuestro Amigo y nuestro Enemigo, nuestro Amigo y nuestro Enemigo… es difícil confiar en un enemigo potencial. Suponiendo que pudiéramos perder nuestra salvación, ¿con qué frecuencia, en promedio, una persona pierde su salvación? ¿Qué tan grande es el riesgo? ¿En qué momento perdemos nuestra salvación? ¿Incredulidad? ¿Cuánta incredulidad? ¿Demasiado pecado? ¿Cuánto pecado? ¿Qué tipo de pecados nos harían perder la salvación? ¿Pérdida de la fe? ¿Cuánta pérdida de fe? ¿Perdió Pedro su salvación al negar a Cristo tres veces? ¿Recibió él una nueva salvación? Como sabemos que Adonai Elohim es un Dios amoroso, la única conclusión a la que podemos llegar es que estas preguntas no necesitan respuesta, porque una vez obtenida, la salvación no se puede perder. Es un acto único en el momento de la fe.
El segundo principio es que la verdadera salvación producirá obras genuinas de justicia en la vida del creyente. Cualquiera que sea verdaderamente salvo lo demostrará en cierta medida en algún momento. En algún momento de su vida, si una persona es verdaderamente salva, habrá evidencia de ello. Somos salvos solo por fe, pero esa fe produce algún tipo de evidencia. La salvación no es por fe y obras, sino que la verdadera salvación produce buenas obras (Mateo 7:17-20; Tito 2:11-12; Santiago 2:14-24; Segunda Pedro 1:5-10).
El tercer principio de la seguridad eterna es la coherencia doctrinal, que es una prueba de fe genuina (Colosenses 1:22-23; Segunda Juan 1:1-12). Cuando las personas son salvas, puede que no conozcan que Yeshua nació de una virgen. Pero cuando lo aprenden, lo aceptan con gusto. Si niegan o rechazan esta verdad, probablemente no fueron verdaderamente salvos desde el principio (Primera Juan 2:9).
El cuarto principio es que las obras de justicia del creyente son recompensadas (Hebreos 6:10). No alcanzamos la salvación por obras (es un don gratuito que se recibe por fe), pero la verdadera salvación, la verdadera fe, resultará en obras de justicia, y estas obras, a su vez, recibirán su recompensa (vea el comentario sobre Apocalipsis Cc – Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo).
El quinto principio de la seguridad eterna es que las exhortaciones bíblicas a una vida piadosa se basan en lo que Dios ha hecho por nosotros, no en el temor de perder nuestra salvación. Por ejemplo, la exhortación a una vida piadosa en Romanos, capítulo 12, se basa en lo que Dios ha hecho por nosotros en Romanos, capítulos 1-11, no en la amenaza de perder la salvación. En Efesios, capítulos 1-3 el Apóstol Pablo/rabino Saulo aborda todo lo que Dios ha hecho por nosotros en la obra de la salvación. Pero en Efesios, capítulos 4-6, al comenzar a abordar las aplicaciones prácticas, él escribe: Yo, pues, el prisionero del Señor, os exhorto que andéis como es digno del llamamiento con que fuisteis llamados (Efesios 4:1). Por lo tanto, basándose en lo que Dios ha hecho (Efesios, capítulos 1-3), el Apóstol Pablo/rabino Saulo dice: así es como debemos vivir» (Efesios, capítulos 4-6). De nuevo, estas exhortaciones siempre se basan en lo que Dios ha hecho, no en el miedo o la amenaza de perder la salvación.
El sexto principio de la seguridad eterna es recordar que el pecado en la vida de un creyente corta la comunión (Primera Corintios 5:1-13; 1 Juan 1:6-9), pero no resulta en la pérdida de la salvación. Cuando nacemos físicamente, nacemos en una familia y siempre formaremos parte de ella. Pero la unidad dentro de esa familia puede verse afectada y quebrantada por el pecado. Lo mismo ocurre en la familia de Dios. Quizás tenga usted que romper la comunión con un creyente por su pecado, pero esa persona siempre seguirá siendo parte de la familia de ADONAI. El pecado rompe la comunión, pero nunca la salvación.
El séptimo principio de la seguridad eterna es recordar que un patrón persistente de vida de pecado puede mostrar una falta de conversión. Este es el punto de Primera Juan 3:6-10, donde se usa el tiempo presente. Un patrón de vida pecaminoso no indica pérdida de la salvación. En todo caso, podría indicar que una persona nunca fue salva. A menudo, se señala a alguien que asiste a la iglesia (o sinagoga mesiánica), pero nunca ha mostrado evidencia de ser salvo. Estar sentado en una de estas no le convierte en creyente, así como estar sentado en el garaje no le convierte en un auto. La pregunta realmente es: ¿fue esa persona salva en primer lugar? El pecado persistente sin obras de justicia puede indicar falta de conversión.
El octavo principio es que la perfección no se logra en esta vida. Los creyentes seguirán pecando por el resto de sus vidas. Nadie alcanzará la perfección en esta vida (ver el libro de BB Warfield, Perfeccionismo). Si uno debe alcanzar la perfección para mantener la salvación, entonces todo creyente está en problemas. De hecho, si alguien pudiera haber alcanzado la perfección, habría sido el apóstol Pablo/rabino Saulo, pero aun así escribió: todavía no soy perfecto (vea Filipenses 3:12-14). Y en Primera Timoteo 1:15, escrita hacia el final de su vida, dijo: Fiel es la palabra, y digna de ser aceptada por todos: Jesús el Mesías vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Usó el tiempo presente, no “yo era”, sino ” yo soy”.
El noveno principio de la seguridad eterna es que existe una diferencia entre la posición y la práctica; entre la justificación y la santificación. Cuando somos justificados en la salvación, nuestra posición en Cristo es permanente, pero como aún vivimos en cuerpos de pecado, nuestra práctica puede no siempre demostrarlo. Un ejemplo claro sería la iglesia de Corinto. El apóstol Pablo/rabino Saulo se refirió a la iglesia de Corinto, en términos de posición, como una iglesia santificada: Pero de Él proviene lo que sois en Jesús el Mesías, el cual por parte de Dios nos ha sido hecho sabiduría, y justicia, y santificación, y redención (Primera Corintios 1:30). Sin embargo, según su práctica, eran una de las peores iglesias del Brit Hadashah. Esa es la diferencia entre la posición y la práctica. Una mala práctica no significa que se haya perdido la posición.
El décimo principio de la seguridad eterna es nuestra posición en el Mesías. En el momento de la fe, suceden varias cosas, y una de ellas es ser colocados en Cristo (vea Bw – Lo que Dios hace por nosotros en el momento de la fe). Esta doctrina nos enseña que, de alguna manera, Él está en nosotros, y nosotros en Cristo, quien está sentado a la diestra del Padre (Marcos 16:19; Romanos 8:34; Hechos 7:55-56; Efesios 1:20). Como resultado, existe una unión permanente con Cristo y el creyente, establecida para la eternidad. El Mesías no puede ser sacado de nosotros y nosotros no podemos ser sacados de Cristo.1712 Cuando ADONAI nos mira, no ve nuestro pecado, ve a Su Hijo (y no hay abortos en el cielo).
D. La Trinidad apunta a la seguridad eterna: ¿Cuáles son las evidencias de la Trinidad?
La seguridad eterna depende de Dios Padre. En relación con Dios Padre, la seguridad eterna se basa en cuatro evidencias:
1. El propósito soberano de Dios. Romanos 8:28-30 explica uno de estos propósitos soberanos de Dios cuando el apóstol Pablo/rabino Saulo dijo que quienes hayan sido justificados serán glorificados. No dice que solo algunos verdaderamente salvos perseverarán hasta el fin; no dice que solo algunos justificados finalmente serán glorificados. Lo que afirma es que quienes han sido justificados también tienen garantizada la glorificación por Dios Padre. Otro versículo concerniente a la dependencia de la seguridad eterna en el propósito soberano de Dios Padre está en Primera Corintios 1:8: el cual también os sostendrá hasta el fin, para ser hallados irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesús. Además, Efesios 1:4, 11-12 declara que los creyentes han sido elegidos para traer gloria a Dios. Y por el hecho de la elección de Dios, si ADONAI hubiera sabido que alguien la perdería, Él no habría elegido a tal persona para empezar. Nuestra misma elección de Dios muestra y garantiza la seguridad eterna. Efesios 2:7 desarrolla aún más el propósito soberano de Dios: para mostrar en los siglos venideros la inmensurable riqueza de su gracia, en su bondad para con nosotros en Jesús el Mesías…
Aquellos que han obtenido la misericordia de la salvación de Dios en esta vida, en las eras venideras, en la vida venidera, recibirán muestras cada vez mayores de la misericordia de Dios. Esta promesa es una garantía de salvación eterna. Además, Filipenses 2:12-13 afirma que Dios está trabajando en el creyente para cumplir Su voluntad. No solo la obtención de la salvación es la obra de Dios, sino que la retención de la salvación también es Suya. La razón por la que no podemos perder nuestra salvación es porque el mantenimiento de la salvación no depende de nosotros, depende de Dios el Padre y Su propósito soberano. Otro versículo sobre Su propósito soberano es Hebreos 2:10, que habla de Su propósito de traer muchos hijos e hijas a la gloria.
2. La segunda razón por la que dependemos de Dios Padre se basa en Su capacidad para guardarnos. El hecho de que Él tenga el poder para guardarnos significa que Él nos guardará. Juan 10:25-29 señala que Dios dará [a Sus ovejas] vida eterna. Los que han sido salvos tienen vida eterna. Y si la palabra eterna significa algo, es precisamente eso: es eterna. Y si alguien puede perder su salvación, no tiene vida eterna, solo vida temporal. Para concluir el versículo, la misma idea se expresa negativamente: nunca perecerán. En Romanos 4:21, Pablo dice: plenamente convencido de que el que había prometido, era también poderoso para hacerlo. Y como Dios prometió guardar al creyente, lo hará. Romanos 8:28-30 declara que a quienes Él predestinó, llamó y justificó también serán glorificados.
Colosenses 3:3 habla de que nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Según Primera Tesalonicenses 5:23-24, el poder de Dios se demuestra en que Él preservará para perfecta santificación todo el espíritu, alma y cuerpo. Porque Aquel que llamó, Dios el Padre, será quien lo hará. Este versículo también enfatiza que la seguridad eterna está garantizada gracias al poder de Dios para preservarla. Luego, Hebreos 7:25 señala que los creyentes hemos sido completamente salvos. Y un ejemplo más del poder de Dios para guardarnos se ve en Judas 24, que enseña con plena confianza que Dios es capaz de guardarnos de caer y nos llevará con gran gozo a Su gloriosa presencia sin una sola falta.
3. Una tercera razón por la que dependemos de Dios Padre es por Su amor infinito. Romanos 5:7-10 afirma que si ADONAI envió a Su Hijo a morir por nosotros cuando éramos Sus enemigos, ciertamente nos guardaría ahora que somos Sus hijos. Es más, Efesios 1:4 afirma que nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. Y por Su amor Él nos ha elegido para guardarnos.
4. La cuarta razón por la que dependemos de Dios Padre para nuestra seguridad eterna se basa en la promesa de Dios. Él hizo una promesa específica sobre la seguridad eterna, y las promesas de Dios jamás pueden ser invalidadas. Así, Juan 3:16b declara que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Si los creyentes pueden perder su salvación y terminar en el infierno, entonces obviamente un creyente puede perecer. Pero según ese pasaje, una vez que una persona acepta al Mesías como Salvador y Señor, simplemente no perecerá. Por lo tanto, Juan 5:24 enseña que el creyente ya ha pasado de muerte a la vida y la promesa es que ya tenemos vida eterna porque hemos pasado de muerte espiritual vida espiritual y a vida eterna. Las Escrituras siempre enfatizan que los creyentes tienen vida eterna ahora, y si se pudiera perder, no sería eterna, sino solo temporal. En Hebreos 6:16-19, el escritor basó su argumento en la promesa y el juramento de Dios. Como si la promesa de ADONAI no fuera suficiente, añadió Su juramento a Su promesa. La esencia de la promesa y el juramento es que los creyentes estarán a salvo.
La seguridad eterna también depende de Dios Hijo. Uno de los pasajes cruciales para comprender esto es Romanos 8:34-39 (vea más abajo “Pasajes positivos para la seguridad eterna). Además, existen seis evidencias con respecto a nuestra salvación eterna y al Mesías.
1. La Biblia enseña que Yeshua murió, y al morir, pagó por todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros. ADONAI le dijo a [Jesús]: Mi Hijo eres Tú, Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia, y habiendo sido perfeccionado, vino a ser Autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue proclamado por Dios Sumo Sacerdote (vea Hebreos 5:8-10a). (Hebreos 8-9).
2. Dependemos de Dios Hijo porque el Mesías resucitó y los creyentes participan de Su resurrección a vida (Primera Corintios 15:20-24). Esto indica que nuestra salvación eterna no se puede perder. Y Dios juntamente con Jesús el Mesías nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos (Efesios 2:6).
3. La tercera razón por la que dependemos de Dios Hijo es el ministerio del Mesías como nuestro abogado. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno peca, Paracleto tenemos ante el Padre: a Jesús el Mesías, el justo (Primera Juan 2:1). Así que, cuando Satanás se presenta ante Dios y nos acusa de nuestros pecados día y noche (Apocalipsis 12:10), Yeshua, actuando como nuestro defensor, defiende nuestra causa y dice: «sí, Padre, esas acusaciones son ciertas, pero Yo he pagado por cada uno de esos pecados en la cruz». Cristo aboga por nosotros… Él no nos amenaza con perder nuestra salvación.
4. Otra razón por la que dependemos del Hijo de Dios para nuestra salvación eterna es Su ministerio de intercesión. Él intercedió mientras aún estaba en la tierra (Juan 17:1-26) y aún intercede por nosotros. ¿Quién es el que condenará? ¿el Mesías, el que murió? Más aun, Él es quien fue resucitado, el cual también está a la diestra de Dios, el cual también intercede por nosotros. (Romanos 8:34). Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por medio de Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos (Hebreos 7:25).
5. Dependemos de Dios Hijo, basándonos en el papel de Cristo como el Buen Pastor (vea Juan 10:27-30). Allí se nos enseña una vez más que tenemos vida eterna. Si esa vida es eterna, entonces es eterna. Si uno puede perderlo, no es eterno, solo temporal. Nunca pereceremos, hagamos lo que hagamos. ¿Por qué? Porque nadie nos lo arrebatará de la mano de Cristo. Jesús concluye diciendo: Lo que me ha dado mi Padre es mayor que todas las cosas, y nadie puede arrebatarlo de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.
6. La sexta razón por la que dependemos de Dios el Hijo para nuestra seguridad eterna es la obra redentora del Mesías. ¿Cuál es el propósito de Su obra redentora? Efesios 5:25-27 nos enseña que murió para purificar la Iglesia, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua con la palabra, a fin de presentar la iglesia para sí mismo, gloriosa, sin que tenga mancha ni arruga, ni cosa semejante, sino que sea santa y sin mancha. Y eso es lo que Él se propone hacer. Ciertamente, si alguna parte de Su cuerpo pierde su salvación, eso es una mancha, eso es una imperfección. Hebreos 5:9 nos enseña que ADONAI hizo al Mesías autor de la salvación eterna. Es una salvación que los creyentes ahora poseen, y dado que es eterna, no puede volverse temporal de repente. Primera Pedro 3:18 declara que el Mesías padeció una vez por los pecados, el Justo por los injustos, para llevaros a Dios; muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu. Si podemos perder nuestra salvación y ser salvos de nuevo, Cristo tendría que sufrir más de una vez. Sin embargo, la Biblia nos dice que eso nunca sucederá. Sino que el Mesías nos ha traído a Dios para siempre, eternamente.
Y la seguridad eterna depende del Ruaj HaKodesh. Hay cinco evidencias con respecto a nuestra salvación eterna y el Espíritu Santo.
1. Primero está el ministerio de regeneración del Espíritu Santo. Segunda Corintios 5:17 declara que todas las cosas son hechas nuevas. Efesios 6:15 declara que el creyente es una nueva creación. Gálatas 2:10 enseña que los creyentes han sido creados en Cristo. Entonces, la obra de regeneración del Espíritu nos hace una nueva creación. Esta obra de redención no se puede deshacer. Nacemos en el mundo natural por un nacimiento natural. Una vez que eso sucede, no se puede deshacer. Podemos morir, pero no podemos ser “no nacidos”. No podemos volver a convertirnos en un feto y volver a entrar en el vientre de nuestra madre. Una vez que nacemos, nacemos. Lo mismo es cierto en el reino espiritual.
2. El ministerio del Espíritu Santo consiste en morar en nosotros. Cuando la Biblia habla del Espíritu Santo que morar en el creyente, enfatiza que una vez que Él viene a morar en él, lo hace de forma permanente y eterna. Y Yo rogaré al Padre y os dará otro Paracleto, para que esté con vosotros para siempre (Juan 14:16; vea también Primera Corintios 6:19; Efesios 2:22; Primera Juan 2:27). El Espíritu Santo mora en el creyente para siempre. Si no está allí para siempre, no fue «para siempre»; fue solo temporal.
3. Mediante el bautismo en el Espíritu, el creyente se une vitalmente al Mesías y se convierte en miembro de Su cuerpo, sin que ello implique que sea posible ser abortado de ese cuerpo. Porque en/por/con un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un solo cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber un mismo Espíritu (Primera Corintios 12:13).
4. El ministerio del Espíritu Santo es un sello, y el propósito es sellar al creyente en Cristo para que nunca nos perdamos. El énfasis está claro en que el creyente ha sido sellado, no solo temporalmente, no solo hasta que dejemos de creer, sino hasta el día de la redención. Habiendo sido sellado, la redención final está garantizada: Y el que nos confirma con vosotros en el Mesías y el que nos ungió, es Dios; quien también nos selló y nos dio como garantía al Espíritu en nuestros corazones (Segunda Corintios 1:21-22; vea también Efesios 1:13-14, 4:30). La garantía es un anticipo con la intención de comprar. ADONAI nos ha dado a Sí mismo como garantía; nos ha dado el Espíritu Santo.1713
E. Pruebas doctrinales: He aquí varias pruebas doctrinales:
Regeneración: Es el acto soberano instantáneo de Dios el Espíritu Santo, mediante el cual se imparte vida eterna a los creyentes en el momento de la fe. Somos transformados de la muerte espiritual a la vida espiritual. Implica una completa creación espiritual interior, por la cual el creyente recibe una nueva naturaleza y una nueva vida espiritual y nos interesamos y ocupamos por las cosas de Dios, en lugar de las cosas del mundo.
Propiciación: Es el apartamiento de la ira de Dios mediante el sacrificio vicario (sustitutivo; realizado por otro) y eficaz (que produce el resultado deseado) de Jesucristo (la expiación). Es la obra del Mesías la que satisface toda exigencia de la santidad y justicia de Dios, de modo que ADONAI tiene la libertad de actuar en favor de los pecadores.
Adopción: Pasar de la familia del Adversario a la familia personal de ADONAI. Por lo tanto, somos colocados como hijos o hijas adultos.
Imputación: Esto significa que toda la justicia de Cristo se transfiere a nuestra cuenta espiritual en el momento de la fe. La Biblia nos enseña que todos heredamos la naturaleza pecaminosa de Adán. Pero debido a la muerte del Mesías en la cruz tenemos una justicia perfecta, absoluta, que Dios Padre transfiere a nuestra cuenta espiritual a través de Su Hijo. Gracias a la fe, hemos aprobado el examen final del universo de ADONAI con creces. Estamos en el Santo, y Él está en nosotros. La única manera de llegar al cielo es mediante la perfecta justicia de Jesucristo.
Justificación: El acto de Ha’Shem por lo cual, negativamente, perdona los pecados de los creyentes (que es el aspecto negativo de ellos), y por otro lado, los declara justos al imputarles la obediencia y la justicia de Cristo a través de la fe.
Reconciliación: Un cambio en las relaciones personales entre Dios y nosotros y la humanidad, donde un estado de hostilidad y distanciamiento es justamente reemplazado por uno de paz y compañerismo. ADONAI realiza esto por nosotros.
Unión con Cristo: A través del bautismo de/por/con el Espíritu Santo, el creyente es realmente unido a Cristo de tal manera que lo que es verdad del Mesías llega a ser verdad del creyente, menos Su deidad.
Por lo tanto, solo tenemos dos posibilidades: podemos perder la salvación o no. Si podemos establecer una de ellas de forma concluyente, entonces, por definición, dado que Dios no puede contradecirse, todas las demás escrituras deben interpretarse a la luz de esa verdad.
F. Pasajes positivos para la seguridad eterna: Examinados en su contexto, ellos no dejan lugar a dudas sobre la seguridad eterna del creyente. Estos versículos serían el lugar perfecto para matizar la noción de la seguridad eterna y demostrar que, en efecto, podemos perder la salvación. Pero, no se encuentran estas condiciones en los lugares lógicos donde cabría esperarlos.
Génesis 6:13-22: Vea el comentario sobre Génesis Ce – El Arca es un tipo de Cristo.
Juan 6:37-40: ¿Es siempre posible para Yeshua perder un don del Padre? Y ésta es la voluntad del que me envió: que todo lo que me ha dado, no pierda Yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (Juan 6:39) Así que, si un solo creyente verdadero perdiera su salvación, Jesús quedaría fuera de la voluntad de Dios. Pero eso es imposible.
Juan 10:27-30: Jesús construye argumento tras argumento para afirmar nuestra seguridad en Él: Mis ovejas oyen mi voz, y Yo las conozco, y me siguen, y Yo les doy vida eterna, y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que me ha dado mi Padre es mayor que todas las cosas, y nadie puede arrebatarlo de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.
Primera Juan 4:16-18: Tengamos confianza en el día del juicio.
Juan 5:24: De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me envió, tiene vida eterna y no va a juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.
Romanos 5:8-11 y 17: Si el Mesías murió por nosotros cuando aún éramos pecadores, ¿cuánto más hará por nosotros ahora que hemos sido reconciliados, adoptados, justificados, unidos a Él y hemos tenido toda Su justicia transferida a nuestra cuenta bancaria espiritual?
Romanos 8:28-39: Este es el argumento más sólido de la Biblia a favor de la seguridad eterna del creyente. Si esta fuera la única escritura que respalda la seguridad del creyente, se diría que está establecida. ¿Qué nos separará del amor del Mesías? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambruna, o desnudez, o peligro o espada? Al contrario, en todas estas cosas somos más que victoriosos por medio del que nos amó. Porque he sido persuadido de que ni la muerte ni la vida, ni ángeles ni gobernantes, ni lo presente, ni lo por venir, ni las potestades, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna otra cosa creada podrá separarnos del amor de Dios, que es en Jesús el Mesías, Señor nuestro. La palabra creada (¡lo cual lo incluye a usted!)
G. Pasajes problemáticos para la seguridad eterna: Diversos grupos utilizan diferentes versículos para intentar demostrar que es posible perder la salvación. Para asegurar nuestra seguridad eterna, debemos responder a estos puntos de vista.
Aplicaciones erróneas de la Dispensación: Estas escrituras (Ezequiel 18:20-26 y 33:7-9) no tratan de la salvación del individuo en la Dispensación de la Gracia sino que tratan sobre Israel como una nación bajo la Dispensación de la Torá/Ley la responsabilidad individual, la vida física y la muerte física (Ezequiel 18:20-26 y 33:7-9). Vea el comentario sobre Hebreos Bp – La Dispensación de la Gracia, vea también el comentario sobre Éxodo Da – La Dispensación de la Torá.
Un segundo pasaje que se ha malinterpretado en el contexto dispensacional es Mateo 18:21-35, donde Jesús aborda el tema del perdón. El punto aquí es que confesar los pecados no garantiza el perdón familiar si quien confiesa no está dispuesto a perdonar a quienes lo han ofendido. Por lo tanto, este pasaje trata del perdón familiar, no del perdón de la salvación.
Un tercer pasaje que se suele malinterpretar en el contexto dispensacional es Mateo 24:13. Aquí Jesús se refería a la nación de Israel al final de la Gran Tribulación: Todo Israel será salvo (Romanos 11:26). Ninguno de estos tres pasajes enseña que el creyente individual que ha sido salvo por gracia mediante la fe pueda perder su salvación.
Falsos Maestros: Estas escrituras tratan sobre falsos maestros que no eran creyentes (Mateo 7:15; Hechos 20:29-30; Romanos 16:17-18; Segunda Corintios 11:13-15; Primera Timoteo 4:1-2; Segunda Pedro 2:1-22; Primera Juan 2:19; Judas 3-19). Por lo tanto, estos pasajes hablan de falsos maestros y no se refieren a personas que realmente fueron salvas y luego perdieron su salvación. Se trata de personas que nunca fueron salvas; personas que tenían algún conocimiento de la verdad, pero la rechazaron y luego comenzaron activamente a enseñar doctrinas contrarias a ella.
Falsas Profesiones de Fe: Algunas personas intentan usar pasajes para demostrar que podemos perder nuestra salvación, pero, de hecho, son simplemente escrituras que hablan de una profesión externa de fe, pero no son una verdadera conversión (Mateo 7:22-23, 13:1-8; Lucas 11:24-26; Primera Corintios 15:1-4). Cabe señalar que la Biblia reconoce claramente la diferencia entre la mera profesión y la posesión real de la fe: El fundamento de Dios se mantiene firme, teniendo este sello: Conoció el Señor a los que son suyos, y: Apártese de iniquidad todo el que pronuncia el nombre del Señor (Segunda Timoteo 2:19). El contexto de este pasaje trata de dos hombres que habían estado enseñando erróneamente en el versículo 17. Habían hecho una profesión de fe, pero nunca la poseyeron realmente. Si realmente hubieran sido salvos, se habrían apartado de la maldad. Esto es similar al pasaje citado anteriormente, Primera Juan 2:19. Por un tiempo parecieron creyentes, pero sus acciones demostraron que eran “meros profesantes” y no poseedores de la fe.
Pasajes sobre los frutos de la salvación: Hay pasajes que la gente intenta usar para demostrar que es posible perder la salvación, pero en realidad hablan de las evidencias de la salvación: que la verdadera salvación se prueba por la evidencia de su fruto espiritual. Juan 8:31 no trata de la salvación, sino del discipulado. Uno es salvo por la fe, pero se convierte en discípulo por la obediencia. En Juan 15:6, el contexto no es la pérdida de la salvación, sino dar fruto. Aquellos que dan fruto serán recompensados, mientras que aquellos que no dan fruto no serán recompensados. Otro pasaje familiar en esta misma categoría es Santiago 2:17-18. El tema aquí no es la salvación por obras, sino la evidencia de la salvación. Si bien la salvación no es por buenas obras, la salvación resultará en buenas obras. Nuevamente, estas obras son evidencia de la salvación, no la pérdida de ella (Segunda Pedro 1:10-11). Finalmente, Primera Juan 3:10 distingue entre creyentes e incrédulos, no entre creyentes que han conservado su salvación y creyentes que la han perdido. Estos pasajes muestran que la verdadera salvación se demuestra por sus frutos; no se refieren a la pérdida de la salvación.
Las cinco advertencias en el libro de Hebreos: Debemos entender que este libro se refiere a tres grupos básicos de personas. Si no se tienen en cuenta estos grupos, el libro se vuelve muy confuso. La clave para interpretar cualquier parte de Hebreos es comprender a qué grupo se dirige. El mensaje principal está dirigido a los creyentes. Pero periódicamente hay cinco advertencias diferentes (2:1-4, 3:7-19, 5:11-14, 6:1-8, 10:26-39) dirigidas a dos grupos de incrédulos: los judíos que solo estaban convencidos intelectualmente, pero que no habían cruzado la línea del conocimiento a la fe, y los judíos incrédulos. Sin embargo, algunos piensan que estos pasajes se dirigen a los creyentes que han perdido su salvación.
Advertencias básicas para toda la humanidad: Se usa Primera Juan 5:4-5 para decir que, si un creyente no vence al mundo, perderá su salvación; y no será hijo de Dios. Sin embargo, esta es una afirmación general que se aplica a todo aquel que nace de Dios vence al mundo (sin excepción). Observe cómo está redactado: Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. ¿Y quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Así que todo aquel que nace de Dios, todo aquel que nace de nuevo, vencerá al mundo y obtendrá la victoria gracias a la fe. En virtud de la fe salvadora, hemos vencido al mundo. Estos versículos no enseñan que solo quienes venzan al mundo serán salvos y que quienes no lo hagan perderán su salvación. Un segundo pasaje en esta categoría es Apocalipsis 22:19. En este pasaje, el Espíritu Santo no está tratando con los creyentes; un creyente, para empezar, nunca querría quitar y destruir la Palabra de Dios. Este versículo no dice nada sobre la posibilidad de perder la salvación. Simplemente promete castigo para quienes nieguen las verdades dadas en el libro de Apocalipsis. Los creyentes tendrán fe en esto, mientras que los incrédulos negarán las verdades del libro.
El olivo de Romanos 11:17-24: El apóstol Pablo/rabino Saulo habla del olivo, de las ramas que se desgajan y de las que se injertan en él. Quienes distorsionan este pasaje deben asumir que este olivo representa la salvación. Por lo tanto, ser desgajado significa perder la salvación, y ser injertado significa obtenerla. Sin embargo, el olivo, en el contexto de Romanos 11, representa el remanente de Israel. y que todo Israel será salvo (Romanos 11:26). El olivo tiene sus raíces fundamento en el Pacto Abrahámico: Bendeciré a quienes te bendigan, y a quienes te maldigan maldeciré (Génesis 12:3a). Pablo no se refería a creyentes individuales; más bien, se refería a dos nacionalidades: judíos y gentiles. Los gentiles, que anteriormente estaban fuera del lugar de bendición, ahora, gracias a su obediencia, pueden recibir algunas de las bendiciones de los pactos judíos. Luego advirtió a los gentiles que ellos también podrían ser separados del lugar de bendición, al igual que Israel. Pero la cuestión no es una distinción entre creyentes individuales que retienen su salvación y creyentes individuales que la pierden; más bien, se trata de dos nacionalidades: judíos y gentiles.
Pérdida de recompensas: Algunas personas malinterpretan la pérdida de recompensas en el cielo como la pérdida de la salvación. Un pasaje de este tipo es Primera Corintios 3:10-15, que habla del Tribunal de Cristo (vea el comentario sobre Apocalipsis Cc – Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo). Pero este mismo versículo niega que la persona que pierde su recompensa pierda su salvación porque el versículo 15 declara: Si la obra de alguno es consumida por el fuego, sufrirá pérdida; si bien él mismo será salvo, aunque, así como a través del fuego. Otro pasaje en esta misma categoría es Primera Corintios 9:26-27: Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera lucho, no como golpeando el aire; sino que trato con severidad mi cuerpo, y lo reduzco a servidumbre; no sea que, habiendo predicado a otros, yo mismo quede desaprobado. Algunos usan este versículo para tratar de mostrar que Pablo enseñó que hay una posibilidad real de que un creyente eventualmente sea rechazado y pierda su salvación. El contexto es de una carrera o competencia donde el vencedor obtiene una recompensa y no está lidiando con la pérdida de la salvación.
Pérdida de la comunión y la disciplina divina: En Juan 13:8, contextualmente, Yeshua no estaba tratando con la salvación, sino con la necesidad de limpiar los pecados diarios para restaurar la comunión. El medio para limpiar los pecados diarios es la confesión (Primera Juan 1:9). Otro pasaje en la misma categoría es Primera Corintios 11:29-32. Aquí el apóstol Pablo/rabino Saulo está tratando con la disciplina divina y los juicios físicos como la enfermedad y la muerte. A veces la disciplina divina requiere la muerte física, pero aquellos que sufren este tipo de disciplina física no serán finalmente condenados junto con el mundo. Pero no hay pérdida de la salvación debido a su desobediencia. Un pasaje más en esta categoría es Primera Juan 5:16. La muerte aquí es muerte física, no muerte espiritual. La situación aquí es la misma que en Primera Corintios 5:1-5, donde Pablo/Saulo trató el tema de la excomunión. El proceso de excomunión significa que una persona podría perder su vida física, pero no perderá su salvación.
Caer de la Gracia: Los que por la ley intentáis ser justificados, del Mesías fuisteis desligados. ¡De la gracia habéis caído! (Gálatas 5:4). El contexto de Gálatas 5 no está tratando con la salvación o la pérdida de la salvación. Estos gálatas eran verdaderos creyentes a quienes los falsos maestros les estaban enseñando que tenían que guardar la Torá/Ley para su santificación. Ellos sabían que eran salvos por gracia, pero sentían que necesitaban mantener su salvación obedeciendo los 613 mandamientos de Moisés. Como creyentes, podemos operar en la esfera del legalismo o en la esfera de la gracia. Si elegimos operar en la esfera del legalismo, caemos de la gracia… no en el sentido de perder nuestra salvación, sino en el sentido de perder la capacitación divina para vivir una vida justa porque el legalismo no puede proporcionar el poder para mantenerla. Vivir una vida llena del Espíritu proporciona el poder (griego: dunamis, de donde proviene la palabra dinamita) para mantener los justos estándares de santidad del Señor. Por lo tanto, la caída de la gracia significa recurrir a las obras, al legalismo, a un sistema de méritos, para intentar vivir una vida piadosa. En otras palabras, quienes intentan vivir una vida piadosa mediante las obras han caído de la gracia. No pierden su salvación; simplemente ya ellos no operan en la esfera de la gracia, sino en la del legalismo. Como resultado, ellos viven sus vidas basándose en su propia fuerza, no sobre la base de la gracia divina.
Condición espiritual debilitada (Primera Corintios 8:8-12): Este pasaje no habla de creyentes que pierden su salvación, sino de un creyente incipiente en una condición espiritual debilitada. Un creyente inmaduro puede ofenderse fácilmente por las acciones de otro creyente, y esa ofensa puede ser un obstáculo para su desarrollo espiritual. No pierden su salvación por sentirse ofendidos, pero sí demuestra que tienen una condición espiritual débil.
Confesión, reconocimiento o confesión: Algunos confunden la confesión diaria de pecados (Primera Juan 1:9) con la confesión original de salvación. También hay pasajes que tratan sobre reconocer al Mesías ante los demás (Mateo 10:32-33) y profesar que Jesús es el Señor (Romanos 10:8-11), lo cual no tiene nada que ver con perder la salvación.
Rechazo del Espíritu Santo los evangelistas se refieren a personas no creyentes (vea Em – La blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonado jamás). Estos eran los líderes de Israel que acusó a Jesús de estar poseído por un demonio (vea Ek – Es solo por Beelzebú, el Príncipe de los Demonios, que este hombre expulsa a los demonios). Cuando los líderes religiosos de Israel llevaron a la nación al rechazo del Espíritu Santo, la nación estaba condenada. Por lo tanto, el contexto es el rechazo de Yeshua como el Mesías por posesión demoníaca. Solo los incrédulos rechazan el Espíritu Santo.
Parábolas (Mateo 13:1-13, 24:30; Lucas 13:22-30; Juan 15:6): Algunos intentan usar estas parábolas como prueba de que podemos perder la salvación. Pero si se estudian con atención, se hace evidente que, en realidad, se refieren a incrédulos, no a creyentes. Además, las parábolas tienen un solo punto principal y no se deben exceder en los detalles. Por lo tanto, jamás se debe intentar demostrar doctrina a partir de una parábola.
El Libro de la Vida: Hay declaraciones hechas en la Biblia acerca de ser borrado del libro de la vida. Si esto es cierto, ¿no prueba eso que puedes perder su salvación? No. El hecho es que todo aquel que nace tiene su nombre escrito en el libro de la vida (Salmo 139:16). Si son salvos, sus nombres permanecen en el libro de la vida (Apocalipsis 3:5); pero si alguien muere sin ser salvo, entonces sus nombres son borrados (Salmo 69:28). Otro libro separado y distinto mencionado en las Escrituras es el libro de la vida del Cordero (Apocalipsis 17:8b). Contiene los nombres de todos los que nacen de nuevo, y solo de aquellos que nacen de nuevo. Sus nombres fueron escritos en este libro desde la creación del mundo (Apocalipsis 13:8). Basado en la elección y el conocimiento previo de ADONAI, este libro contiene los nombres de todos los que nacen de nuevo. Y porque la salvación es eternamente segura, es imposible ser borrado de ella.
Personajes bíblicos: Algunos usan personajes bíblicos como ejemplos de personas que perdieron la salvación. Generalmente se usan diferentes personajes bíblicos. ¿Qué tal Lot? ¿No? ¿La forma en que Lot trató a sus hijas demuestra que perdió su salvación? ¡No! Si [Dios] condenó a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a cenizas, poniéndolas como ejemplo para los que iban a vivir impíamente; pero libró al justo Lot, cuando estaba atormentado por la conducta pervertida de los perversos (porque este justo, que vivía entre ellos, día tras día atormentaba su alma justa por los hechos inicuos de lo que veía y escuchaba); sabe el Señor rescatar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos bajo castigo hasta el día del juicio; (Segunda Pedro 2:6-9).
¿Y qué hay de Sansón? ¿Acaso no perdió su salvación? No, el escritor de Hebreos declara: Porque el tiempo me faltará para relatar acerca de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, y también de Samuel y de los profetas; quienes por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, cerraron bocas de leones, extinguieron la violencia del fuego, escaparon al filo de espada, recibieron poder en su debilidad, se hicieron fuertes en la batalla, pusieron en fuga ejércitos extranjeros (Hebreos 11:32-34). Sansón murió salvo; nunca perdió su salvación.
¿Y qué tal David? ¿No? ¿Su adulterio con Betsabé lo llevó a perder la salvación? ¡No! Esto lo deja claro el Salmo 51:8-12: ¡Hazme oír gozo y alegría, y regocíjense los huesos que abatiste! ¡Aparta tu rostro de mis pecados, y borra todas mis iniquidades! ¡Oh ’Elohim, crea en mí un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí! ¡No me eches de tu presencia, Ni quites de mí tu santo Espíritu! ¡Restitúyeme el gozo de tu salvación, Y un espíritu noble me sustente! No perdió su salvación, pero sí perdió su comunión personal con Dios. Sufrió consecuencias personales porque la espada nunca abandonó su casa por el resto de su vida (Segundo Libro de Samuel, capítulos 13 al 21).
¿Y qué hay de Simón el Mago? Él era un hechicero que ansiaba un nuevo tesoro en su colección de trucos. Cuando vio a Felipe sanando a la gente en Samaria, anheló ese mismo poder (Hechos 8:4-8). No veía la salvación como una vida transformada. El apóstol Pablo/rabino Saulo dice: Si alguno está en Cristo, ¿qué es? Es una nueva creación, las cosas viejas pasaron. ¿Qué es hecho nuevo? todas las cosas. Pero Simón pensó que era algo que debía añadirse. Una maravilla mayor era mantener a la gente cautiva. Verán, su visión de la salvación era como un bien externo que no era legítimo. Entonces Simón mismo creyó, y habiendo sido bautizado, estaba apegado constantemente a Felipe; y se maravillaba al ver las señales milagrosas y los grandes portentos que se hacían (Hechos 8:13). Se quedó allí, observó, contempló esos milagros. Pero Él solo creía en los milagros, no en Jesús. Incluso llegó a ser bautizado, pero eso fue solo para presumir. Hay una “fe” falsa que no salva. Lo vimos cuando Jesús hizo milagros al llegar al Templo para comenzar Su ministerio y muchos le creyeron, pero dice Yeshua no se comprometió con ellos, pues conocía su interior (Juan 2:23). ¿Qué sabía Él? Que no eran realmente salvos. La verdadera salvación no es una simple profesión, no es una identidad externa, no es un impulso repentino, no es un sentimiento que se desvanece, sino una vida transformada y comprometida con Cristo. No se puede perder algo que nunca se tuvo, y Simón el Mago nunca fue salvo.
¿Y qué hay de Judas Iscariote? Una vez más, Judas nunca fue salvó. En cuanto tomó el pan (matzá), Satanás entró en él. Mientras los otros se convertían en apóstoles, Judas se convirtió silenciosamente en una herramienta malvada y calculadora del Adversario. Cualquiera que pareciera ser su carácter al principio, su fe no era real. Y su corazón se endureció gradualmente, hasta convertirse en un falso apóstol que vendió al Hijo de Dios por unas monedas. Al final, estaba tan dispuesto a obedecer las órdenes del tentador que el mismo diablo lo poseyó: y ahí mismo, tras el bocado, Satanás entró en él; por lo que Jesús le dice: Lo que haces, hazlo más pronto (Juan 13:27). Yeshua diría más tarde: ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura (Juan 17:12b), en referencia a Judas. Judas tenía remordimiento, pero no estaba arrepentido (vea Lm – Judas se ahorca), y Hechos 1:24-25 afirma que Judas cayó del apostolado, pero no de la salvación, porque nunca fue salvo.
Ninguno de estos versículos o ejemplos enseña realmente que los creyentes puedan perder su salvación. Al contrario, una vez salvos, los creyentes nunca podrán ser arrebatados de la mano de Cristo porque son guardados por el poder de Dios.1714 No nos guardamos a nosotros mismos; Él nos guarda. Por consiguiente, los pasajes problemáticos pueden explicarse como aplicaciones erróneas, mientras que los pasajes positivos no pueden refutarse. Así pues, como creyentes, podemos tener la confianza de que estamos eternamente seguros.
En resumen: como no podemos hacer obras para ganar nuestra salvación, tampoco podemos hacer obras para perderla.
PD: El hecho de que tengamos la seguridad eterna de nuestra salvación no nos da la libertad de vivir como el diablo. El apóstol Pablo/rabino Saulo aborda este tema en Romanos 6:1-18, diciendo:
¿Qué pues diremos? ¿Permanezcamos en el pecado para que la gracia abunde?
¡De ninguna manera! porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él? ¿No sabéis que todos los que fuimos bautizados en Jesús el Mesías, fuimos bautizados en su muerte? Por tanto, fuimos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, para que así como el Mesías fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.
Porque si hemos llegado a ser injertados en la semejanza de su muerte, también lo seremos en la de la resurrección; sabiendo esto: que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Él, a fin de que el cuerpo del pecado fuera desactivado para no servir más al pecado. Porque el que murió, ha sido libertado del pecado.
Y si hemos muerto con el Mesías, creemos que también viviremos con Él; sabiendo que el Mesías, habiendo sido resucitado de entre los muertos, ya no muere: la muerte no se enseñorea más de Él. Porque en cuanto a que murió, al pecado murió una vez por todas, pero en cuanto a que vive, para Dios vive.
Así también vosotros, consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Jesús el Mesías.
Nuestra seguridad eterna no debe considerarse simplemente como un “seguro contra incendios”.
No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, para que obedezcáis a sus concupiscencias; ni tampoco presentéis vuestros miembros como instrumentos de iniquidad para el pecado, sino presentaos vosotros mismos a Dios como viviendo fuera de los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros, pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.
¿Entonces, qué? ¿Pequemos, pues no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia? ¡De ninguna manera! ¿Acaso no sabéis que a quien os presentáis como siervos para obedecerle, siervos sois de aquel a quien obedecéis, ya sea del pecado para muerte, o de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios, que, aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y habiendo sido libertados del pecado, fuisteis hechos siervos de la justicia (Romanos 6:1-18).


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