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¡Es verdad! El Señor ha resucitado
Lucas 24:33-35 y Primera Corintios 15:5
Alrededor de las 7 pm del domingo 17 de Nisán

¡Es verdad! El Señor ha resucitado ESCUDRIÑAR: ¿Por qué los dos discípulos se esforzaron tanto para llegar a los apóstoles en Sion? ¿Quién faltaba en el grupo? ¿Por qué decía que había once talmidim, mientras que Pablo afirmaba que eran doce? ¿Por qué era importante que Jesús viera primero a Pedro?

REFLEXIONAR: ¿Alguna vez ha hecho usted un esfuerzo extra, literal o figurativamente, para hablarle a alguien sobre el Señor resucitado? Si tuviera que explicarle cuatro verdades del evangelio a un amigo interesado, ¿qué le diría? Cuando usted aceptó a Cristo como su Señor y Salvador, ¿fue algo lento y gradual o fue rápido y dramático?

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Y levantándose en aquella misma hora, regresaron a Jerusalén, y hallaron a los once reunidos y a los que estaban con ellos, que decían: ¡Realmente fue resucitado el Señor y se apareció a Simón! Ellos entonces contaron lo sucedido en el camino, y cómo fue reconocido por ellos al partir el pan (Lucas 24:33). A pesar de que ya estaba oscuro, cuando la gente no solía viajar, y la ciudad estaba a varias horas de distancia, los dos discípulos que hablaron con Jesús en el camino a Emaús se levantaron y regresaron de inmediato a Jerusalén. Ellos sintieron la necesidad de compartir la noticia de que el Mesías había resucitado de entre los muertos. Se encontraron a once talmidim, menos Tomás el Gemelo. Los apóstoles ahora tenían cuatro informes separados de la resurrección: María Magdalena, las mujeres, Pedro y Cleofás y su compañero de viaje.

Y poco antes, ese mismo día, Jesús se le había aparecido a Simón Pedro. Esta fue la cuarta aparición de Jesús después de su resurrección. Entre los apóstoles, Simón Pedro fue el primero en ver al Mesías resucitado. Pablo nos dice: Porque primeramente os entregué lo que también recibí: Que el Mesías murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que fue resucitado al tercer día, conforme a las Escrituras; y que fue visto por Cefas, y después por los doce (Primera Corintios 15:3-5). Rabino Saulo/apóstol Pablo nos dice los Doce porque el duodécimo apóstol ya había sido elegido para reemplazar a Judas cuando escribió Primera de Corintios.

La aparición del Señor a Simón en Sion no debe confundirse con el encuentro posterior del Mesías con Pedro en Galilea. La referencia a Simón en lugar de Pedro nos remite a Lucas 22:31-32 (NVI), donde Jesús dijo: Simón, Simón, mira que Satanás ha pedido zarandearlos a ustedes como si fueran trigo. Pero yo he orado por ti, para que no falle tu fe. Y tú, cuando te hayas vuelto a mí, fortalece a tus hermanos (vea el enlace, haz clic en Lk La roca que lloró cuando Pedro niega a Jesús tres veces; también vea Mn Jesús restituye a Pedro).

Jesús le había dado a Pedro las llaves del Reino (vea Fx Sobre esta roca edificaré mi iglesia). Siempre que las palabras llave o llaves se utiliza simbólicamente en la Biblia, simboliza la autoridad para abrir o cerrar puertas (Jueces 3:25; 1 Crónicas 9:27; Isaías 22:20-24; Mateo 16:19a; Apocalipsis 1:18, 3:7, 9:1 y 20:1). Pedro será responsable de abrir las puertas de la Iglesia. Él desempeñará un papel especial en el libro de los Hechos. En la Dispensación de la Torá/Ley, la humanidad se dividió en dos grupos: judíos y gentiles. Pero en la Dispensación de la Gracia, debido a lo ocurrido en el período intertestamentario, hubo tres grupos de personas: judíos, gentiles y samaritanos (Mateo 10:5-6). Pedro sería la persona clave/llave (juego de palabras intencionado) al traer a los judíos primero, a los samaritanos y a los gentiles a recibe el Espíritu Santo. Vea el comentario sobre Hechos AnPedro habla a la multitud de Pentecostes); vea el comentario sobre Hechos Ba Simón el hechicero; también vea el comentario sobre Hechos Bg Pedro entra en la casa de Cornelio. Una vez que Pedro abrió la puerta, esta permanece abierta.

Por lo tanto, era importante que Pedro viera realmente al Señor resucitado y confirmara ese hecho a los demás talmidim. Kefa/Pedro era el líder de ellos, y si lo creía, confirmaría en gran medida lo que Cleofás y su compañero habían dicho. Ahora la incredulidad, con la consiguiente tristeza y temor, había dado paso al gozo de la fe en la resurrección de Cristo.